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 0.4-0.6

 

0.4 Covadonga en la  Literatura (I)

Cayo González Gutiérrez

 

Múltiples son las aproximaciones que se pueden hacer a la literatura en torno a Covadonga y sus principales protagonistas. Desde autores prácticamente desconocidos hasta algunos de los  ejores autores literarios, muchos han sido los que han creado obras, a veces breves, a veces muy tensas; unas ciertamente que se pueden olvidar y no hacer ni mención de ellas por su escaso valor  literario, y otras que han merecido el honor de la permanencia, del aplauso de lectores o espectadores, y del sincero y elogioso comentario de los críticos literarios.Muchas son las fuentes en que podemos adentrarnos para conocer todo lo que se ha escrito sobre Covadonga, sobre la Santina, sobre Pelayo. Entre la ya abundante bibliografía (que iremos presentando y comentando en sucesivos números) encontramos referencias de novelistas tan importantes como Clarín, Palacio Valdés, Concha Espina; de poetas como Zorrilla, Hartzenbusch, Alfonso Camín, Ramón de Campoamor, Teodoro Cuesta, José de Espronceda, Cristóbal de Mesa. También encontramos dramaturgos como Jovellanos, Fernández de Moratín, Manuel José Quintana, Lope de Vega, el Duque de Rivas... Sin duda podemos conceptuar como literatura los escritos muchas veces fronterizos entre la historia y la leyenda. Ciertamente son muchas las leyendas en torno al Real Sitio, empezando por los episodios cuyo centro es Pelayo, antes y después de la batalla, y muy especialmente toda la tradición legendaria en torno a la Virgen, la montaña, la cruz, los desprendimientos... Muchas de ellas han sido recogidas por autores muy conocidos como Andreu Valdés, Constantino Cabal, Fermín Canella, García Villada, Cáceres Prat... En la propia historia hay obras que preservando la verdad histórica la enriquecen con episodios verosímiles aunque no demostrados, pero todo ello ha ido magnificando el nombre y la realidad de Covadonga.

 

La Poesía

Oradores como Vázquez de Mella, cartas de viajes (Ambrosio de Morales y otros), algún artículo de Clarín, inician la nómina de ensayistas que difundirán el nombre y la situación (muchas veces deprimente) de la montaña sagrada. Me he referido hasta ahora a ejemplos (no están todos los que son) de autores consagrados por el pueblo y por la crítica. Pero hay muchos otros escritores, cuya escasez de obras o su desconocimiento, han impedido que trasciendan sus aptitudes literarias (recuerdo a tantos colaboradores de las Revistas Covadonga y Luces del Auseva, Manuel García, Luciano García, Emiliano de la Huerga...). De todas formas parece que aún falta el autor o autores o quizá el grupo de escritores que publiquen mucho y bien sobre la historia, leyenda e importancia de nuestra montaña más emblemática. Otros lugares con muchos menos méritos han encontrado sus juglares, rapsodas, poetas, novelistas, que han engrandecido y sublimado sus orígenes y que alientan su constante crecimiento y reconocimiento.Falta el Ercilla de Covadonga, o el Virgilio que ensalce sus extraordinarios paisajes. Es cierto que hemos tenido una novelista ejemplar, Concha Espina, que ha novelado y presentado magníficamente la cuna de la econquista con todos sus alrededores. Afortunadamente no está totalmente ausente la literatura en bable, especialmente la poesía. He querido dar una primera visión panorámica de todo lo que se ha escrito sobre Covadonga, mejor dicho, de mucho (nunca se conoce todo). A veces sólo podré hacer referencia a obras desaparecidas, agotadas, ilocalizables. En otras ocasiones el esfuerzo y dedicación han dado sus frutos y he podido rescatar alguna obra que no merecía el olvido.  

Comenzaré por la base y origen de toda literatura, la poesía, aunque en este caso la épica no sea muy rica. En sucesivas entregas recordaremos las leyendas y la historia, la novela, el teatro, el ensayo. Y siempre presentaré fragmentos que ilustren la existencia de una literatura sobre Covadonga La poesía en torno a Covadonga ha sido lo suficientemente fecunda a lo largo de los siglos, aunque no se pueda hablar de muestras excelentes. Nuestros mejores poetas rara vez se han acercado a Covadonga ni han cantado sus hechos, sus héroes, paisajes. Referiré sucesivamente la poesía épica existente en torno a los inicios de la Reconquista, no muy abundante: romances, poemas épicos, cantos...Posteriormente repasaremos algunas de las poesías de más carga lírica y religiosa, la poesía muy abundante en torno a la Virgen, a la Cueva y al paisaje, y terminaremos con algunas de las muestras de poesía en bable (una alusión imprescindible) sobre nuestro tema, por desgracia poesía en bable en torno a Covadonga antes del siglo xx. Son pequeñas calas en épocas y poetas, pero en ningún caso quiere ser una exposición exhaustiva de toda la poesía escrita en torno a Covadonga. Tan sólo pretendo recuperar algunas composiciones (casi siempre fragmentarias por razones de espacio) de difícil acceso por su antigüedad y por su ubicación.En los tres apartados principales de este artículo (épica, lírica, en bable) seguiré el orden más o menos cronológico que facilita la evolución de la mirada sobre Covadonga de ayer y de hoy.

 

Poesía épica

Ha sido el polifacético escritor Acacio Cáceres Prat uno de los pioneros en dedicar un amplio libro a Covadonga(1). El prologuista de este libro, Antonio Balbín de Unquera, ha sido quien mejor ha no le bastase la fama de sus proezas. Una de las muestras más antiguas de la poesía épica en torno a Pelayo la encontramos a comienzos del siglo XVI (aunque publicada a finales de ese siglo) en el P. Carballo(2):

II. Coronado con la hiedra,

Ha resaltado la falta de un verdadero cantor épico de Pelayo y de Covadonga: Tres o cuatro veces se eligió a Pelayo por héroe de ese poema épico que hemos sabido hacer pero no escribir, y tres, cuatro veces, nuestros vates o abandonaron la empresa o únicamente produjeron obras infinitamente inferiores al objeto de sus inspiraciones. La vida anterior de Pelayo, magnate godo, ha sido igualmente objeto de leyendas, como:  

cercado de peñas duras, 

aunque de más duros pechos,

está Pelayo en Asturias.

Viéndose rey eligido,

y como por tal le juran,

tales razones dezía

aquella gente robusta.

-Al arma, al arma, guerra fiera y dura,

muera la Morería, y viva Asturias.

Homes ricos, ricos homes,

fidalgos de sangre pura

aduechados a vengar

las españolas injurias...

Diziendo esto y viva España

Santiago y la Virgen pura,

a la chusma de los moros...

 

Un romance extractado y traducido por R. Menéndez Pidal se refiere a la traición de don Opas:

El obispo Opa, subiendo a un ribazo frente a la Cueva Sagrada (cova dominica, Covadonga), [habló): Pelayo, ¿dónde estás? El cual, respondiendo [desde una] abertura (o natural ventana) de la peña, dijo: [Heme aquí...!] Nuestra esperanza está en Cristo: este pequeño [monte será] la salvación de España, y de la gente de los [godos...] El obispo se vuelve al ejército (sarraceno, y  [dice): Apresuraos a combatir: ya veis cómo ha [respondido...] Pero Dios lo hizo, que las piedras lanzadas por las catapultas, al llegar al altar de la Santa Virgen María que está dentro de la Cueva, retrocedían y mataban a [los sarracenos;] arremeten los de Asturias...

También sobre Pelayo y el triunfo de Covadonga escribió un poema Cristóbal de Mesa, a principios del siglo XVII, con el título de La restauración de España. Parece un buen poema aunque, desde luego, no una obra maestra. Durán insertó en su Romancero dos romances sobre Pelayo, de escaso valor. Se conoce el de la Elección del rey Pelayo, impreso en Alcalá en 1607, con otros dos de su autor. Tenemos referencias de dos poemas de Pedro Montequín, uno publicado en Madrid  (El Rodrigo. Romance épico. Madrid, 1793) y otro en Nápoles (Pelayo. Poema épico. Nápoles, 1820).

 A mediados del siglo XIX, Domingo María Ruiz de la Vega, escribe su poema El Pelayo (Poema  épico. Madrid, 1839-1840, dedicado a Isabel II) que en su inicio parece imitar la Eneida de Virgilio, pero que después, a pesar de su enorme extensión (XXVII cantos, en 3 vols.) resulta un tanto pesado. Así comienza el canto primero:

Canto I:

Las armas canto del Astur ilustre

que a España restauró; y a la pujanza

del alárabe fiero con arrojo

impávido se opuso y fuerte diestra.

Sufrió reveses mil; y en duros trances

probarle quiso y afligirle el alto

Árbitro del poder, y los destinos,

hasta que al fin favoreciendo el cielo

su constancia y valor, le dio que, hurtada

la indómita cerviz el férreo yugo,

quebrantara con fuerza vencedora

al domador de Egipto, y Asia y Libia...

 

José de Espronceda escribió hermosos fragmentos sobre Pelayo:

Fragmento I:

De los pasados siglos la memoria

trae a mi alma inspiración divina,

que las tinieblas de la antigua historia

con sus fulgentes rayos ilumina:

virtud contemplo, libertad y gloria,

crímenes, sangre, asolación, ruina,

rasgando el velo de la edad mi mente,

que osada vuela a la remota gente.....

Cabeza de Don Opas.

 

Hasta Nueva York nos lleva el seguimiento de los poemas en torno a Pelayo. Así encontramos

a Elisabeth Portes Breach con su poema Pelayo. Nueva York, 1864.

 Ramón de Campoamor, el de las Doloras, el poeta de Navia, brevemente pero con acierto

canta a Covadonga:

Cuna de España y de la Arabia tumba,

luchan de Covadonga en la ancha cueva

ciento contra cien mil; el viento zumba;

¡más sangre que agua ya destila el Deva!

A millares los árabes derrumban

los troncos desgajados del Auseva.

Todo luchó por milagroso modo:

Naturaleza, Dios, el Hombre, todo.

 

José Joaquín Villanueva escribe en el siglo XIX

El Santuario de Covadonga (Soneto A la Reina doña Isabel II en el acto de visitar el Santuario

de Covadonga).

Al grito de la patria, en esta cueva,

Lázaro armado apareció Pelayo:

Dios fue con él y, de las lides rayo,

las huestes moras sepultó en el Deva.

Fiel a la voz que desplumó el Auseva,

sacude Iberia el funeral desmayo,

y del Cántabro mar hasta Moncayo

himnos de redención el viento lleva.

Así al menguar de la morisca luna

creció radiante el sol de las Españas

que hoy demandan de ti mayor fortuna.

Llega, reina Isabel, y en las montañas

donde Alfonso primero vio su cuna

inspira al nuevo Alfonso sus hazañas.

Juan Menéndez Pidal escribe un libro en 1885

(Poesía popular: Colección de los viejos roman-

III

Al blando son de la armoniosa lira

oigo la voz de alegres trovadores,

el aura siento que fragancia respira,

y al eco escucho murmurando amores;

al sol contemplo que a occidente gira

reverberando fúlgidos colores,

do la corte del godo poderío

se alza orgullosa sobre el áureo río...

 

Se debe reseñar al menos el Pelayo, año 719, de Alfonso García Tejero, incluido en su obra

El romancero histórico o vidas de españoles célebres, publicado en Madrid en 1856.

 

En una breve leyenda el Duque de Rivas recuerda también Covadonga:

Leyenda.

El valeroso Pelayo

cercado está en Covadonga

por cuatrocientos mil moros,

que al Zancarrón adoran;

Sólo cuarenta cristianos,

y aun tiene veinte de sobra,

pues la Virgen le ha ofrecido

darle completa victoria.

 

Igualmente podemos citar la obra Covadonga. Ensayo épico en tres actos, un folleto publicado

por Domingo Hevia en Oviedo en 1867.

 

De 1864 podemos citar Pelayo en Covadonga: romance histórico, de Manuel Candela, editado

en Valencia en 1870. Es un romance muy extenso de 187 páginas                      .

La Santina.

Eterno Dios que entre rodantes nubes

tu trono asientas y a la luz presides,

asistido por tropas de querubes

finísimos de tu Imperio adalides.

Tú que al humilde hasta tu trono subes,

y con el polvo al arrogante mides,

soberano señor, haz que mi canto

se inflame en fuego del Profeta Santo.

Se inflame, sí, para ensalzar tu gloria,

de tu esplendor explendorosa muestra.

¿Qué es el hombre y su nada? Vil escoria,

informe barro que amasó tu diestra.

Canto a los héroes de inmortal memoria,

que del Auseva en la ferial palestra,

instrumentos de tu brazo potente,

doblar hicieron al muslim la frente... (hasta

102 estrofas ).

CANTO SEGUNDO

Argumento: Convocados por Pelayo los principales señores y caballeros, son elegidos los que han de ir en busca de auxilios. Alfonso da muestras de descontento por no ser de los elegidos. Para calmarle, dispone Pelayo una ces que se cantan por los asturianos en la danza prima, esfoyazas y filandones) donde en 360 páginas, presenta los romances recogidos directamente de boca del pueblo, anotados y precedidos de un prólogo. No hay ningún romance especialmente importante sobre Pelayo o Covadonga, contra lo que cabría esperar. No parece que haya sido un tema frecuente y recurrente.

 En 1892 aparece en León un folleto de 24 pp. con el título Covadonga. Canto épico, que no hemos podido encontrar. Un libro importante si no por su calidad, sí por su cantidad, es el de Manuel Prado, Covadonga, con sus interminables 548 páginas, publicado en Madrid en 1915. Este libro está compuesto por XVI Cantos. Veamos algunos fragmentos:

CANTO PRIMERO

Argumento: Pelayo en vela, con el pensamiento inquieto por las desgracias del pueblo godo,

repasa en su memoria las glorias y caída de este; el piadoso Argobasto le conforta, le alienta y le predice sus fututos destinos y los de España, salvada por él. Argobasto va a los sitios inmediatos al castillo, donde bajo su dirección y cuidado viven los cristianos que vinieron con él huyendo del furor de los sarracenos.

Alto ya el sol en cielo azul fulgura

sin nubes envidiosas que le empañen:

sitio no hay en el monte, en la llanura,

que sus rayos con viva luz no bañen:

cruzan las ovejuelas la espesura

y en son alegre sus esquilas tañen;

de la choza perdida en la colina

nube de humo se escapa blanquecino.

Pelayo, sacudiendo el perezoso

sueño, abandona el lecho con presteza:

no da al cuerpo vagar, no da reposo,

que la salud está en la ligereza.

A uno con el de Roma arte famoso,

rico aposento y apartada pieza,

sus leales más íntimos convoca,

y al resuelto pensar abre la boca...

(hasta 47 estrofas).

CANTO TERCERO

Argumento: Satanás muestra su alegría por a extensión de su poder, acrecentado con la invasión triunfante de los árabes en España. La envidia llama su atención hacia los cristianos refugiados con Pelayo en las asperezas de Asturias. Vuela Satanás al palacio del Destino, y este pone ante su vista la representación de los hechos culminantes y más gloriosos de la historia de España.

En el centro del mundo a donde todo

cuerpo por atracción irresistible

constante inclina cual si de este modo

en su amor a lo bajo y perecible

quisiera de su origen de vil lodo

darnos una señal clara y tangible,

vasta, hórrida mansión se abre espantable

de llanto y luto y pena perdurable...

(134 estrofas)

CANTO CUARTO

Argumento: Muza en su alcázar de Gijón se muestra inquieto por la tardanza de su fiel Hassam, mandado por él a Damasco para justificarse de las acusaciones del despojado Tarif. Asmodeo tomando la forma de Hassam, se le presenta inopinadamente, le engaña con la relación falsa del buen éxito de su embajada.

De Mayo era una plácida mañana,

penetraba del sol con temblorosa

luz un rayo a través de la ventana

de una apartada estancia suntuosa;

suavísima fragancia la temprana

esparcía en el aire fresca rosa,

saltando entre los árboles las aves

modulaban sus tiernos cantos suaves...

(145 estrofas)

CANTO DECIMOSEXTO

Estrofa 78 y última

A raudales, después esplendorosa

nube, toda de pronto disipada,

en calma tierra y aire deleitosa,

 

La estrella del Enol.

Dicen antiguas leyendas,

que siempre el pueblo guardó,

que fue un tiempo vega hermosa

lo que hoy es lago de Enol.

Allí jóvenes pastoras,

como en otras vegas hoy,

apacentaban sus vacas

cantando con dulce voz.

Una tarde del estío

un áspero nubarrón

truenos horribles lanzaba

y rayo amenazador.

Las pastoras de la vega,

no todas tienen temor

a las iras del Eterno

ni todas piadosas son,

y en vez de rezar contritas

pidiéndole a Dios perdón,

todo alegra su lumbre deseada.

Atruena monte y valle esplendorosa

multitud que se agita alborozada,

suenan vibrantes los que al cielo envía

cantos de triunfo, gritos de alegría.

 El mismo autor tiene también otro poema:Covadonga, poema épico, editado en Madrid en1916 con 20 páginas.

 De 1899 tenemos un Romancero de Covadonga de Antonina Cortés Llanos con romances como “La estrella de Enol”, “El molino del diablo”, “El Re-Pelao”, “El campo de la jura”, “El incendio del antiguo templo de Covadonga”... Veamos alguna pequeña muestra de este Romancero:

 desafían sus furores,

y cantan coplas de amor...

Nunca te dejo, que piadosa soy;

la Imagen de la Cueva ha de mirarte

del mismo modo que te miro yo...

Don Opas convertido en piedra.

Al bajar de la Riera de Covadonga

hay un peñón tajado que picos forma;

allí el traidor Don Opas por su delito

en piedra berroqueña fue convertido.

Lo cual no impide,

que allá en el roi-roi, moliendo sigue.

El Re-Pelao (tradición):

Don Pelayo con los suyos

sigue limpiando la tierra

de la canalla morisca

que ha tantos años la infesta.

Marchan a la desbandada,

huyendo con gran presteza

y en las breñas que de Cangas

circundan hermosas vegas,

por un momento creyeron

que seguridad encuentran,

sin pensar los miserables

que don Pelayo está cerca.

Este baja con los suyos

de las montañas de Auseva,

y en un llano bien pequeño

que sobre el Deva se ostenta

hacen alto los valientes

y al bravo infante se acercan,

con el cristiano entusiasmo,

que en sus pechos se acrecienta.

Dieron el grito solemne

que repercute en Auseva:

“desde este mismo momento

Rey nuestro Pelayo sea”...

La Virgen de las batallas

nos mira desde su Cueva

dándonos su bendición

y es preciso obedecerla.

El incendio del antiguo templo de Covadonga:

El templo que en Covadonga

el “milagro” se llamaba

hace ya más de cien años

que fue preso de las llamas.

El milagro le llamaban

y un milagro parecía

verle ostentar en el aire

su belleza y gallardía.

Fuertes vigas que en la peña

colocaron con valor

eran el solo cimiento

del templo que se quemó...

 

Y de 1918 nos queda el siguiente libro editado en Gijón, obra de Valentín Escolar e Iglesias:

La Cruz de la Victoria; episodio histórico en dos actos y en verso.

 

Veamos ahora algunos fragmentos de Braulio

Antón Ramírez en La religión y la patria:

... Al grito de independencia,

que partió de estas montañas,

tembló el musulmán soberbio,

presintiendo su desgracia.

Penetra ciego de encono,

y arde en frenética rabia

cuando a sus huestes se oponen

los cien bravos que le aguardan.

Dardos despide en su furia,

mas las rocas los rechazan,

tornando a herir con su acero

el pecho de quien los lanza...

El cielo viene en auxilio

de la bandera cristiana,

y los rayos y la lluvia

y los vientos se desatan.

Desplómanse los peñascos

y los árboles se arrancan:

pierden sus cauces los ríos:

la noche lóbrega espanta...

Al héroe de Covadonga

sacro entusiasmo le inflama,

y en nombre de Dios bendice

aquel pueblo de su raza.

La Cruz se eleva en su mano,

la diestra empuña la espada,

con elllas salvó en Asturias

la Religión y la Patria...

 

También más allá de nuestras fronteras se canta a Covadonga. Así lo hizo el poeta Archer Milton Huntington (1870-1955) en Covadonga, poema:

Covadonga, Covadonga, Covadonga en las montañas,

toda alma de la raza hispana (al son de) esa vieja música

se estremece (y en la entrañas),

de los grises y altos montes donde el cristal

del agua llena

las noches de música,

el alba de las risas,

¡Covadonga en las montañas!

Es el Sanctasantorum, la cuna de la raza,

sólo una cueva oscura y solitaria, un oscuro y solitario

lugar (donde se emplaza),

do unos hombres perseguidos, se reunieron

[(llenos) de cólera]

por su desgracia,

hombres derrotados,

en la cuna de una raza.

De Sur a Norte (sin exceptuar alguno),

desde la lejana Huesca hasta León...

 

Los romances en torno a Pelayo y Covadonga no han sido excesivos pero en distintas épocas

encontramos alguno. Podemos ver algún romance como los que recoge F. Antonio García

Menéndez en Romances de Covadonga (Gijón, 1918).

I COVADONGA

A diez kilómetros lejos

de antigua villa asturiana,

que fue corte de un gran rey

cuyas cenizas se guardan...

y de altos bienes dotada,

con suntuosos edificios

y con una cueva santa

donde conserva su imagen

la Reina de las Batallas,

encuéntrase Covadonga,

feliz aldea de Cangas,

la que ha servido de cuna...

II BATALLA DE COVADONGA (AÑO 718

(HISTÓRICO);

Desde que el moro Tarik

de árabes huestes al mando

venciera al rey Rodrigo,

que cual heroico soldado

dejó el carro de marfil

y se perdió peleando...

Como jefe te queremos,

noble godo, y a tu mando

todos nosotros sumisos

lucharemos como bravos,

y moriremos gozosos

dando muerte al africano.

Así dijeron a un tiempo

la vista fija en Pelayo.

III ANTE LA VIRGEN DEL AUSEVA: PLEGARIAS...

Tenemos también un poema en octavas reales, obra de Alonso López Pinciano, de muy escaso valor.

De Manuel García, magistral que fue de Covadonga tenemos abundantes poemas. Veremos

ahora una muestra de su poesía heroica:

Romances:

LA INVASIÓN

Palidecen las estrellas

con el resplandor del alba.

Un pastor desde su choza

vio relumbrar unas armas

y ¡los moros en el llano!

gritó con toda su alma.

La voz recorre los valles

resonando en las montañas

y antes de mediar el día

el humo de cien fogatas

apellidaba la tierra

llamando a todos al arma...

LA LUCHA

Un cuerno sonó en la cumbre

y un atambor en el llano

dando a las mujeres miedo

y a los mozos entusiasmo.

En el fondo de la Cueva

rezando está Don Pelayo.

Sobre la cruz de su espada

tiene cruzadas las manos,

y así dice a la Virgen:

¡Abogada de cristianos!

castigo es esto del cielo

por nuestros muchos pecados.

Señora, tú nos ampara...

Cada espada en aquel día

cien cabezas ha segado.

Rojo se ha tornado el río...

 

En la revista Covadonga, en 1947, aparece Covadonga: Canto épico, de Casimiro Cienfuegos.

Y por fin, terminando por ahora el recuento de poesía épica, que algún día se ampliará, podemos citar un amplio libro publicado en La Habana, en 1950, con 242 páginas, obra de José Rubinos: Covadonga. Epopeya en XV Gestas, Texto gallego y versión castellana.

 

Poesía lírica

Este tipo de poesía es mucho más abundante. Siguiendo el mismo criterio de mezclar poesías famosas con otras más desconocidas, y sin ánimo de citar todo lo escrito, presentamos algunas de las poesías encontradas sobre Covadonga y su entorno, no sin el deseo de poder ampliar mucho más en otra ocasión. Una muestra importante de esta poesía la tenemos en el Certamen poético de la Academia Mariana de Lérida, dedicado el año 1866 a la Virgen de Covadonga (Rev. Covadonga).

Se presentaron unas 70 composiciones. Quedaron desiertos los primeros premios, pero diez composiciones premiadas se conservan impresas en un volumen de 150 páginas. Tenemos poesías anteriores pero de no demasiada calidad. Se podrían citar Covadonga, Oda, publicada en Granada en 1849 por Luis Antonio Olgueras y Sion, o poesías de T.C. de Agüero, de 1854, o Poesía de Félix Pérez, 1858. De escaso valor es la referencia de El puñal del godo, de José Zorrilla, obra en un acto, que al final afirma por boca de D. Rodrigo, hablando después de su derrota y sólo con el noble

Theudia:

... ¿Dices que ha levantado en la montaña

pendón un noble, de venganza rayo?

Pues, bien, ¿qué hacemos en la tierra extraña?

Vamos, Theudia, a lidiar por nuestra España,

y a triunfar o caer con don Pelayo;

no diga nunca el mundo venidero

que ni supe ser rey ni caballero...

Mañana

partiremos a Asturias...

... Partamos con Pelayo a la montaña,

y logremos, oh Theudia, por lo menos,

morir en nuestra patria como buenos.

Aproximadamente de 1858 tenemos una poesía

de J. E. HARTZENBUSCH, J. E.: A N. S. de Covadonga.

Madre del Redentor, que en esa cueva

la redención de España comenzaste,

cuando la cumbre del enhiesto Auseva

sobre las tropas de Alcamad lanzaste,

y de la muerta España, España nueva

nació con felicísimo contraste,

vuelto al fin español el pueblo todo,

bastarda mezcla de romano y godo:

Inspira al tierno Alfonso el noble aliento

del héroe por tu diestra defendido:

que alce sobre fortísimo cimiento

de su patria el poder; y agradecido

al fiel amor de los que en lides ciento

sostuvieron el trono combatido

de la excelsa Isabel, próspero mande

renovando el blasón de Alfonso el Grande.

 

Recogemos un poema de Alfonso Camín en

Poemas (Antología,1931):

Desde el alto peñón baja el torrente

y ora es manto de espuma en el vacío,

ora un collar que se nos fue en rocío,

ora epopeya de tambor batiente.

Llega hasta abajo, se transforma en fuente;

va más abajo, se transforma en río;

más abajo, un clamor, un vocerío

de alguien que lucha con extraña gente.

Voz que en el viento su vigor prolonga,

de pastor en pastor, de braña en braña,

ruge en Onís y repercute en Ponga.

¡Es la voz de Pelayo en la montaña,

que empieza resonando en Covadonga

y acaba resonando en toda España!

A finales de siglo, Teodoro Cuesta canta a la

Santina en Glorias de Asturias y a la Santísima

Virgen de Covadonga. Poesías (en la obra

Poesías asturianas.. de Cuesta. Oviedo, 1895).

Podemos citar también a Enrique Cevallos y

Quintana, autor de Covadonga. Fantasía en

tres cuadros y en verso. Madrid, s/a.

 

La ya citada en la poesía épica, Antonina Cortés

Llanos, tiene un bello poema a la Virgen:

Una flor de Covadonga:

¡Virgen de Covadonga! ¡Madre mía!,

al daros este nombre idolatrado

y al subir la montaña apresurado,

muestro mi amor, que en vuestro amor confía:

al llegar, ¡oh! Señora, en este día,

peregrino a tus plantas, prosternado,

te ofrezco el corazón que no ha dejado

nunca de amarte, Celestial María.

Grabada en él, tu dulce Imagen lleva;

para mi patria, tu piedad implora,

y esta flor que ha crecido en el Auseva

llevo también de tu vergel, Señora;

Tú la viste nacer desde la Cueva,

y le diste perfumes en su aurora.

El Santuario 22 23 FORO COVADONGA

Emilia Danero de Ramayón tiene una amplia

Poesía escrita en el Álbum del histórico Santuario,

8 pp. (“Testimonio de amor a la Santísima

Virgen de Covadonga en el fausto día

de su solemne Coronación” con verso inicial

de A. F. Grilo). Madrid, 1918, 8 pp.

Nicolás Suárez Cantón tiene también una

poesía titulada A S. M. la Reina doña Isabel II

al presentarse con el príncipe D. Alfonso en el

Santuario de Covadonga, (1h).

... Cual brilla entre las sombras

inestinguible y pura

en esa cueva oscura

la luz ante el altar,

cual brota al pie del ara

y en ondas se desata

Vega de Enol.

ese raudal purísimo,

y crece y se dilata

corriendo hacia la mar.

Así la fe sencilla

del pueblo de Pelayo

cual luminoso rayo

sus pasos alumbró;

así de siglo en siglo

Dios dilató su imperio,

cuyos humildes gérmenes

por un alto misterio

en él depositó...

 

Del mismo autor tenemos: Poesías: A la reina Isabel II. El Santuario de Covadonga.

El jesuita Nazario Pérez, con el título: En la fiesta del nombre de María (primer aniversario

del 12 de Septiembre de 1923), recogido en la revista Covadonga rememora tiempos pasados

y la presencia permanente de la Virgen:

Una vez más, dulcísima María, triunfó tu nombre santo:

bajo tu excelso manto otra vez renació la patria mía...

Por ti renacen siempre nuestras glorias:

De la morisma rayo tú en Covadonga alumbras a Pelayo;

con tus templos señalan sus victorias

los Alfonsos, Ordoños y Ramiros...

 

Casimiro Cienfuegos escribe la poesía A María (plegaria), dedicada al gran poeta de “La Virgen  de la Montaña”, el muy Ilustre D. Luciano García:

Lucero de la aurora, rosa dorada,

imán de Serafines y de canciones,

los ángeles te llaman Inmaculada,

¡oh flor de las humanas generaciones!

Los hombres que sollozan y desfallecen

en esta estrecha cárcel, honda y oscura,

el corazón levantan y te lo ofrecen

-el cáliz de la mirra de la amargura-!

Otra cosa no tienen, Virgen María,

que el cristal de sus sueños y de sus penas:

cólmalo tú, Señora, de tu ambrosía,

de luz de tus azules pupilas buenas...!

Si a mí vuelves tus ojos, se me disuelve

en lágrimas el hielo de la amargura:

¡pues, Señora, tus ojos de aurora vuelve

y envuélvanos la gracia de su luz pura!

Henos aquí a tus hijos, henos de hinojos;

escucha la plegaria de nuestro anhelo:

Vuelve a nos, oh María, tus dulces ojos,

¡así harás que a la tierra se incline el cielo!

 

Es obligado citar entre la poesía generada por Covadonga el Himno a la Virgen de Covadonga

(música impresa) de Ignacio Busca de Sagastizábal, con letra de Restituto del Valle (O.S.A.)

y colofón de Emiliano de la Huerga, Covadonga,

Bendita la reina de nuestra montaña,

que tiene por trono la cuna de España

y brilla en la altura más bella que el sol.

Es Madre y es Reina. Venid, peregrinos,

que ante ella se aspiran amores divinos

y en ella está el alma del pueblo español.

Dios te salve, Reina y Madre

del pueblo que hoy te corona

y en los cánticos que entona

te da el alma y corazón.

Causa de nuestra alegría,

vida y esperanza nuestra,

bendice a la Patria y muestra

que sus hijos tuyos son.

que sus hijos tuyos son

(siguen otras dos estrofas)

 

Moisés García Fernández-Vallín escribe una Oda a la Virgen de Covadonga, (Gijón, 1918, 4 pp).

Adolfo de Miguel Garcilópez escribe en la revista Covadonga esta poesía:

En un rincón de Asturias,

abrupta cuna de la Madre España,

donde ha doce centurias

que la agarena saña,

vencida, sucumbió ante la montaña,

Se eleva un santuario

que erigieron con fe nuestros mayores,

y es urna y relicario

de todos los amores

de Asturias y sus nobles moradores.

Sobre una roca ingente

que emerge hacia el final de una cañada,

del Sella a sus pies siente

la marcha apresurada

y de los vientos la caricia helada...

Y por eso al Auseva,

de nuestra libertad cuna divina,

cual incienso, se eleva

la voz de la tierrina

que aclama a España y reza a la Santina.

 Luciano García, Magistral que fue de Covadonga, compuso una bella poesía a la Virgen de Covadonga que tuvo el privilegio de ser publicada por Juan Valera en su Florilegio. Posteriormente el propio Luciano (1926, en la Rev. Covadonga) rehizo esta poesía, dándole más vigor y concentrando más los pensamientos:

 

 

Monolito del Repelao

LA REINA DE LA MONTAÑA

El AUSEVA

¡Recuerdos bulliciosos de mis hogares...!

¡Alegres romerías...! ¡Montaña santa...!

¡Flores pobres y humildes, cual los cantares,

que brotan temblorosos de mi garganta...!

... Auroras de mi patria... la luz divina

dadme de vuestros cielos y vuestros soles,

para decir amores a la Santina,

porque nunca la olviden los españoles...!

Su historia es muy humilde... No la he inventado.

No la juzguéis, por mía, rara y extraña.

La he aprendido a sus plantas: me la han

[contado]

los vientos y torrentes de la montaña.

... Y aunque pobre, de hinojos hay que leerla,

que ella encierra milagros de poesía,

como la humilde concha guarda su perla.

como guarda tesoros la mar bravía.

Allá... donde los montes, como titanes,

que aun levantan rebeldes el cetro roto,

se alzan bravos y altivos entre huracanes

desafiando al rayo y al terremoto...

Sobre un trono de rocas, cual rey guerrero,

presto siempre a su lucha, se alza el Auseva,

velando día y noche la santa Cueva,

que guarda los destinos de un pueblo entero.

El sol de las batallas quemó su frente,

y hoy, tendido a la sombra de la Cruz Santa,

sueña nuevas conquistas para su gente,

en tanto que un torrente le arrulla y canta...

LA PEREGRINA

Por la vega florida de los pastores,

cual reina perseguida pobre y hermosa,

iba un día la Virgen, cogiendo flores

para un Niño que lleva, de nieve y rosa.

... ¿Quién es esta que llega? cantó la brisa;

¿Quién? responden los ecos de la espesura,

que alegra la montaña con su sonrisa,

que ilumina los cielos con su hermosura...!

SANTA MARÍA. La Santina

Así llegaste un día, Reina adorada.

Desde entonces, de el cielo de tu mirada

recibe claridades la luz del día,

te bendice la gloria de la alborada.

La montaña te canta con armonía

de la selva, del viento, de la cascada,

mis padres te llamaron ¡“Santa María”!

y el Auseva te dieron por morada.

Delante de tu imagen juntas rezaron,

las que fueron, cristianas generaciones.

Por ti fueron valientes, por ti triunfaron,

por ti fue España reina de las naciones...

 

Y otro Magistral, casi perenne en Covadonga por su longevidad, nos ha dejado preciosas poesías, normalmente publicadas en la revista Covadonga a partir del año 1923. Comencemos por:

LA CANCIÓN DEL TORRENTE. (Rev. Covadonga, 28-08-23);

... ¡Qué día de guerra!

¡Qué horrible matanza!

Al que respetaron la espada y la lanza

la nube preñada de rayos lo alcanza

o se abre a sus plantas el monte y lo entierra.

... Al saber la rota dirá algún anciano

mientras acaricia la barba su mano

¡así estaba escrito!

Mal haya aquel monte que os tornó la flechas

dirán los que entonen cásidas y endechas.

¡Cuitados! No saben que el Leño bendito

sobre la cristiana hueste relucía

y que bajo el vuelo de su regio manto

les daba cobijo la Virgen María...

 

El mismo D. Manuel dedica una poesía a la Virgen de Samsó, que como él explica en prosa: “Es la que se venera en la Basílica, bellísima y de un valor artístico extraordinario... Cuando llegó a Covadonga se la llamó la Virgen de la Silla. Samsó fue el escultor que la creó. En ella se conjugan de una manera admirable la belleza, la majestad y la ternura. Don Antonio Maura, que se extasiaba contemplándola, solía decir: aunque otros motivos no hubiera, sólo por contemplar esta Virgen merece la pena venir a Covadonga”. Este D. Manuel tiene el privilegio de escribir en la Rev. Covadonga en los aniversarios o bodas de la construcción de la Basílica. Veamos fragmentos de las bodas de Plata y de Oro:

POESÍA: EN EL 25 ANIVERSARIO DE LA BASÍLICA.

Sobre gigantesco pedestal de rocas

Rasgas con tus flechas el tul de los cielos

Y con el hechizo de tu gracia evocas

Mis años floridos, mis primeros vuelos.

Virgen de Samsó.

Quisiera hacer escala en la playa distante

Donde al son de suspiros y canciones

Centra en Ti su nostalgia el emigrante…

El ave de mi vida fatigada,

Que ya torpe aletea,

Retornó querenciosa e hizo en Ti su morada.

Aquí habrá de esperar su última hora,

Porque ya el sol se inclina;

Y mientras llega el gozo de ver a la Señora,

Contemplará su imagen: ¡la Santina...!

 

Del mismo D. Manuel es el Canto a la madre de España, (poesía premiada en los Juegos Florales de Larache):

¡Oh madre fecunda de veinte naciones!

¿Quién dijo que has muerto? Tu vida es eterna.

Aún hierve la sangre de tus campeones,

aun el Poderoso tus fastos gobierna.

Agitan tus creencias vientos de montaña,

tu manto de reina desgarrado flota,

de embestir molinos de viento, está rota

tu lanza... ¡No temas, que aún eres España!

Al ara sangrienta de tus glorias llego.

Cual granos de incienso sobre ígneos carbones,

caigan mis estrofas en el sacro fuego

que arde de tus hijos en los corazones...

Buscando placeres arribó a ti el moro

y dio a tus ciudades bullicios de zambra.

De su fantasía te dejó el tesoro

y su sueño divino cuajado en la Alhambra...

Vaciamos el cofre de nuestro tesoro

con el desenfado de un derrochador.

Ni tú te arrepientes, ni yo lo deploro.

Siembra, madre, siembra tu sangre y tu oro,

que siempre, aunque tarde, cosechas amor.

 

Del Canónigo y posteriormente Abad de Covadonga, Emiliano de la Huerga, tenemos abundantes poemas en la Rev. Covadonga.

Cofre de recuerdos de tiempos mejores,

Hito de grandezas, un juglar errante

Su exvoto te ofrece; déjale que cante

Y que en tus umbrales deshoje sus flores.

Cuando tras la angustia de larga jornada

Se ve desde lejos tu airosa silueta,

Su tono rosado finge una alborada

En la misteriosa noche del poeta.

Impregna sus alas de recio perfume

El viento que en torno de ti se desliza

Y sobre tus aras un ángel atiza

El fuego sagrado que no se consume.

Con tus alarifes te vi cuando niño

Cómo ibas creciendo graciosa y lozana,

Por eso te quiero con doble cariño

Y beso en tus losas carne de una hermana...

Ánfora, custodia, búcaro, incensario

En que la voluta del ensueño flota,

Libro de mis rezos, santo relicario,

Estrella que marcas rumbo en mi derrota…

Alzando la insigne Cruz de la Victoria

Va al frente el Caudillo de faz aguileña.

Ráfagas de gloria levanta su enseña

En la polvorienta senda de la historia.

BODAS DE ORO

Hermana… —la de piedra sonrosada,

Por el sol y la luna acariciada—,

Que te arropas con nieve y te escondes en

[bruma…]

Y que, en la noche oscura,

Frente al sepulcro de Pelayo velas…

Cuando te bate el huracán, pareces

Galeón de la Patria que te meces,

Del bosque milenario sobre las verdes olas

Y te empinas y creces

Por columbrar más tierras españolas.

Y aún tu proa tajante

Lago Enol y lago Ercina.

Las cabañas y la mina.

Los barrenos.

Y los truenos

bujerrean como buenos

bajos: la cuerda divina

en el dúo Enol – Ercina.

Y en invierno, al lago Enol

canta el viento en “si” bemol.

 

Veamos el de la Basílica dedicado a la novelista de Covadonga, Concha Espina:

POEMA A LA BASÍLICA: (DEDICADA A CONCHA ESPINA)

Vuelo de piedra a la altura,

Piedra aupada y viajera;

Mimo de arcángel orfebre,

Cielo en un giro a la tierra.

Como una grácil gaviota

—al cénit las blancas velas—

ensaya posar su planta

sobre la roca cimera.

El bosque encrespa sus olas

De esmeralda frente a ella…

Peregrina hacia la altura,

Sutil e ingrávida piedra

Que esperas calor a bordo

Y no marchas… ni te quedas.

Catedral —poema rojo

De expiación agarena—

Llévame en tu nave, quiero

Bogar en ti por tu senda.

 

Recordemos también a Salvador Bayarri con su Poesía en Luces del Auseva:

En el alma abierta de las piedras vivas

Como en nidos de águilas rapaces y altivas,

Está el Santuario, casi inaccesible,

Humilde y agreste, sereno y terrible,

De la virgen pura, perla entre las rocas,

Que limpia a los hombres de ansiedades

locas...

 Mucho más recientes en el tiempo tenemos: El sueño de piedra y cielo (Oviedo, 1985, 45pp.) de Luis Arce de Velasco, y el ZÉJEL DE INVIERNO DE VALLE BULNES:

 

Poesía en bable

De las escasas composiciones literarias sobre Covadonga escritas en bable podemos citar una primera de José Caveda y Nava:

Poesía en asturiano sobre la batalla de Covadonga (1839).:

¿No ves, amigu, isti templu

que llevantó la piedá,

escondíu neses breñes

a los pies del peñascal?

Pos ye un recuerdu de gloria

pa toa la cristiandá.

Si el mundu lu olvida agora,

un día vieno a xuntar,

sol amparu de María,

un tronu rial y un altar:

el tronu en Xerez perdío

d’ un rei pola lliviandá,

y el altar que a Dios alzara

Recaredu en so bondá...

Ciegu, rabiosu, esgonciáu,

Muz, fartu de lluchar,

fuxe perdesesperáu

la muerte que lu amenaz...

Entre lloros del que fina

y destrozu y mortándá,

ruxe el son de la victoria

que derechu al cielo va:

los ánxeles lu repiten

velados de maxestá;

y sobre roines sangrientes

del vencíu mosulmán,

enarbólase la cruz

que fo del triunfu señal;

y a España torna Pelayu

ara, tronu y llibertá.

 

De Ángel de la Moría se conserva ua: “¡Ijijú!. Viva Covadonga. Poesía”, en A teya vana: Versos en bable llanisco, Llanes, 1893, pp.43-45. Pin D’Escola recuerda la historia y la leyenda de verso asturiano, Oviedo,1918, 23 pp:

Veamos algún fragmento:

... P’allanzar e l’esafiu

y fer traza de lluchar,

mienester yera atopar

ente lo muncho escueyiu

q`en Cangues taba reuniu

un home q’ en sin esmayu

pudiés cargar col trabayu

de capitaniar la xente,

y hebo l’ aciertu evidente

de dai el mandu a Pelayu...

Aunque bravu y enfotau,

coidó Pelayu llocura

dar la cara na llanura

a un contrariu tan armáu

como criecieu y entranau,

y ansí q’ allegó la nueva

de q’ el moru cerq’ esteba

fo abondo sabiu y pruente

pa embosquiase con la xente

no cimero del Auseba...

... Llábanes, trouchos y cañes

rodaron per les montañes

en montón, a entrambes manos,

estrapallando africanos

como si fon musarañes.

Non tardaron n`abaxar

al fondu árboles enteros,

q`argayando peñasqueros

y bastiando al rampuxar

cuanto aportaben piescar,

finxenon entá mayor

la matancia y el terror;

y los montes semeyaben

que se frañín y aparraben

pa entierrar a l’invasor...

¡Repuñu! Entóncienes fo

la gorda, la de coyer,

la de fuxir o morrer,

la q’ al miesmu Alah plasmó

y al so profeta encurrió.

¡Dios Santu!... ¡Virxen Debina!

¡Q’ espantá! ¡qué degüellina!...

Ansina acabó’ l valor,

l’ orgullu, la gallardía,

l’ altiviez, la ñombradía

y el puñu conquistaor

q’ aquí trinxo l’ envasor.

Y ansina llogró Belay

(como ellos icin) cobrai

la de Xerez por sos manes;

que la paga ‘n Campomanes

el q’ en Payares la fai.

Co la vitoria esturiana,

q’ emplasmeció a los ñacíos

y a’ spaña egolvió sus bríos,

de la endependencia hispana,

y Pelayu, a la berllonga,

ye l’ esllabón que dellonga

y añuda ‘l tronu finau

n’ el Guadalete al reináu

q’ escomienza ‘n Covadonga.

 

Es, desde luego, muy curioso, irónico, festivo y divertido, este de Joseph Ábego que tiene

como tema Covadonga y don Pelayo. Escrito en 1945 hay una reproducción de 1998 que

seguimos:

Covadonga. Pelayo. (Romance en bable).

¡Güena la ovieren los moros

con don Pelayo en Cuadonga;

que llí trenta mil finaren

xuntos col traidor don Opas!

Güestes de la Media Lluna,

que Muza y Tarik comanden,

atraviesen el Estrenchu

y en Andalucía recalen...

Dengún con los invasores

se atrive a midir sos armes,

sinón un préncipe godu,

que de don Pelayo traten...

Dos mil aguerríos pastores

y cien ñobles lu acompañen

que pa vituallase tienin

en Enol ganau bastante...

Eren fasta siete mil

los que a caballu llegaren,

y otros trenta y cinco miles

los de a pie, para el ataque...

Munches saetes y piedres

contra la Cueva llanzaes

rebotan na peña y fieren

a los mesmos que les llancien...

Del altu Priena una peñe

de les que amiyen rodaes

rinca la vida a Don Opas

y a Alkamán, que xuntos taben...

Nel llanu de Güera Baxa

reta a presonal combate

a Munuza don Pelayo,

y day muerte nesi llance...

Vitoriosos los cristianos

y Asturies ya llibre de árabes,

corte y capital del reinu

a Cangues de Onís ñombraren.

Y por so escudu y trofeu

dani la cruz adorable

que, siendo en la llid ensinia,

DE LA VICTORIA la llamen.

 

En 1926 encontramos un Pelayo, en bable. A.D. 1926.

De 1976 tenemos una buena obra titulada: Covadonga na poesía bable: garrapiellu de rimes a la Santina por los poetas d’ayeri y per los de huey. Madrid, 1976, 82 pp.

 

La nuestra Santina es un poema en bable de Roque Pérez:

Ye galana y pequeñina,

pequeñina ye y galana,

la Virxen de Covadonga,

refecha, xentil, perguapa.

Illa y el Fiín seméyense

como dos goteres d’agua...

La Virxen de Covadonga

—talmente, aunque ye una estatua—

semeya, sin ver, que mira,

paez, sin vida, que fala;

y el que con fe la vesita

lei mel rostro la cara

el consuelu pa la pena

que lo engurria y atristay...

 



 Acuarela de Bustamante

 

 

 

 

 

0.5 Covadonga en la música

 

Fernando Menéndez Viejo

 Covadonga, ya sea como lugar geográfico, como Santuario o bien como punto de origen de la Reconquista, ocupa un lugar no despreciable en la música, especialmente la de tipo vocal.

Desde la melodía tradicional folklórica hasta la canción lírica, pasando por la música religiosa y la del folklore popular urbano, se pueden encontrar las expresiones más variopintas de música, con un cúmulo de textos que recogen y reflejan las funcionalidades y propósitos más diversos: descriptivos, laudatorios, religiosos, deprecativos, amorosos, está presente de manera explícita o implícita u otros personajes que, como figuras señeras, están relacionados con el Santuario.

 

 

 

Canción tradicional

Por lo que respecta a la canción popular tradicional(1), la más conocida es:

La Virxen de Covadonga

ye piquiñina y galana;

aunque baxara del cielu

no hay pintor que la pintara.

 De mayor antigüedad es una danza prima citada por Anselmo González del Valle —Rapsodia

Asturiana para piano, Op.13, 1909— y por Baldomero Fernández Casielles —Canciones Asturianas, 1914—, cuyo texto ofrece la variante siguiente con respecto a la anterior:

La Virxen de Covadonga

ye piquiñina y galana;

ye la flor de les muyeres

y entre les xanes, la Xana.

 Sin salirse del ámbito de la canción tradicional asturiana recogida por Eduardo Martínez Torner (Cancionero Musical de la Lírica Popular Asturiana. IDEA, Oviedo, 1971), hay tres canciones.

Una de ronda (Nº 218) y con acompañamiento de gaita, cuyo texto se limita a la cita geográfica  de Covadonga:

Si vas a Covadonga, pasa por Llanes

y verás unes neñes como corales…

 Otra (Nº 187) es una canción de rivalidad entre los canteros que trabajaban la piedra durante

la construcción de la Basílica hacia finales del siglo XIX:

Canteros de Covadonga (bis)

non bajéis más a la Riera(bis)

que vos la tienen jurada

los mozos de la Ribera.

 

Y, por último, una giraldilla (Nº 40):

Yo si voy a Covadonga

no voy por ninguna cosa,

voy por ver la mi morena

que tiene cara de rosa.

Y a Covadonga marcho mañana,

Y a Covadonga, prenda del alma.

(1) | Está recogida así en varios cancioneros populares: E.M. Torner, Maya-Lavandera, J Hidalgo Montoya

Canción  religiosa

En el ámbito estrictamente religioso está el Himno Oficial del Santuario de Covadonga, con texto del padre agustino Restituto del Valle Ruiz, escrito en 1918 en el duodécimo centenario de la batalla de Covadonga, fecha también de la Coronación Canónica de la Virgen. La música es de Ignacio Busca de Sagastizábal, cordimariano, ganador del concurso convocado por la Junta Diocesana para poner música al texto del Himno. El segundo músico premiado fue el P. Nemesio Otaño, y el tercero, José Mª Beovide. El tribunal calificador estuvo formado por Tomás Bretón, Joaquín Larregla y Bartolomé Pérez Casas, director y profesores, respectivamente, del  Conservatorio de Madrid. El himno consta del conocido canto popular (Bendita la Reina de nuestra  montaña…) y de tres estrofas. La primera está hecha para coro infantil y orquesta. Su texto dice:

 

 

 Dios te salve, Reina y Madre

del pueblo que hoy te corona

y en los cánticos que entona

te da el alma y corazón.

Causa de nuestra alegría,

vida y esperanza nuestra,

bendice a la Patria y muestra

que sus hijos, tuyos son.

La segunda estrofa se escribió para coro mixto (tiples, contraltos, tenores y bajos) a capella

(sin acompañamiento instrumental):

Como la estrella del alba

brilla anunciando la gloria

y es el pórtico la gruta

del templo de nuestra historia.

Ella es el cielo y la Patria,

el heroísmo y la fe,

y besa el alma de España

quien llegue a besar tu pie.

La tercera estrofa es para coro mixto y orquesta:

¡Virgen de Covadonga, Virgen gloriosa!

Flor del cielo que aromas nuestra montaña,

Tú eres la más amante, la más hermosa.

¡Reina de los que triunfan, Reina de España!

Nuestros padres sus ojos a Ti volvieron

y una Patria en tus ojos adivinaron.

Con tu nombre en los labios, por Ti lucharon,

con tu amor en las almas por Ti vencieron.

Curiosamente, Busca de Sagastizábal, nunca entregó la orquestación de las partes vocales, sólo un acompañamiento a órgano. En 1965 se realizó una grabación íntegra del Himno oficial y se incluyó también la versión musical del segundo ganador del concurso, el P. Nemesio Otaño. Éste músico configuró la melodía del Bendita la Reina, enlazando dos temas, el asturiano Santa María, en el cielo hay una estrella y la parte conclusiva del himno nacional español.

El registro fonográfico de ambas obras tuvo lugar en la Basílica de Covadonga por la casa Columbia, de San Sebastián, y a cargo de la Schola Cantorum del Seminario de Oviedo, y la Escolanía de Covadonga, bajo la dirección de Alfredo de la Roza. Fernando Menéndez Viejo intervino como codirector y solista .

Hace ya más de 60 años que, en los cultos vespertinos del Santuario, los Escolanos cantan una triple invocación a la Virgen, cuyo texto del P. Poveda, canónigo de la Basílica, reza así:

“Madre mía de Covadonga, salvadme y salvad

a España”. La música es a tres voces blancas y su tratamiento está en forma de breves

variaciones, inspiradas en el tema popular asturiano del “Santa María…”, y precedida cada una de una introducción a órgano que compuso el gran organista vasco José Olaizola. La parte vocal de las invocaciones se atribuye al canónigo Emiliano de la Huerga, pero varios músicos expertos no tienen clara dicha autoría. El villancico navideño podría encuadrarse, por la temática textual, al género de canción religiosa. Entre los 12 villancicos escritos por el periodista y poeta asturiano José Antonio Olivar y música de Fernando Menéndez Viejo para coro mixto, hay uno tituladoCovadonga que está cargado de gracia e ironía muy asturiana:

Pudo haber síu Covadonga

el sitiu en que Dios nació,

y si non lo fue, sería

porque non se-y ocurrió.

Pero un día la Santina,

que ye la Madre de Dios,

vino a esta guapa tierrina

y pa siempre se quedó.

Si aquí hubiere Dios nacío

y no donde un día nació,

tal vez jamás i pasara

lo que un día i sucedió.

 

Juan Luis Ruiz de la Peña realizó los acompañamientos al órgano. El Seminario de Oviedo ha realizado una reedición de este mismo material en soporte de CD (sólo 500 discos) con motivo del 50 aniversario de Alfredo de la Roza como director de la Schola Cantorum y el 150 aniversario de la fundación del Seminario.

 En la Biblioteca de Asturias figura un himno fechado en 1918 titulado Himno de Covadonga.XII Centenario de la Batalla (718-1918) para piano, solo y coro, con letra del presbítero Enrique G. Rendueles, y música del maestro Eulogio Llaneza Villa, organista, por entonces, de la Parroquia de San Pedro de Gijón y maestro del músico gijonés Pedro Braña. Dada la gran extensión del texto, me limito a reproducir el estribillo principal y última estrofa:

¡Santa María!, claman mirando hacia las cumbres

los hijos de Pelayo, ¡aquí tienes tu altar!

Tocando con las nubes, besado del torrente,

Oculto en las honduras del recio peñascal.

(…)

Acógenos, Señora. Que nunca tu mirada

se aparte de nosotros, que viva aquí la fe

y digan nuestros hijos, mirando hacia las cumbres:

¡Santa, Santa María, nuestra Señora es!

 

En 1928 se edita en Llanes una colección de cantos religiosos, titulado Laudate Dominum, del sacerdote-músico asturiano Marino Soria. En la sección de cantos en honor a la Santa Virgen María, figura un himno a Nuestra Señora de Covadonga con textos del citado P. Restituto del Valle y música del propio Marino, de estilo sencillo, para el canto del pueblo y algunas estrofas a coro.

Canción en el mundo de la lírica

Estrenada en el Teatro París de Madrid el 22 de enero de 1901.con la Virgen de figura central

 LA SANTINA

Zarzuela en 1 acto. Libro de León Navarro Serrano y Juan Fernández Hernando. Música de L. Espinosa de los Monteros. Estreno en el madrileño Teatro Novedades el 9 de diciembre de 1921. (Personajes como Xuaca y Xuan, D. Opas, etc.) con el rey Pelayo como protagonista

 PELAGIO(2)

Ópera en cuatro actos. Libro de Arienzo. Música de Saverio Mercadante. Estrenada en Milán (no se cita teatro) el 01-02-1857. (Libretista:Marco D’Arienzo, Nápoles 24 de abril de 1811– Id., 24 de abril de 1877. Hizo varios libretos para dicho compositor).

 DON PELAYO

Tragedia lírica. Libro de autor desconocido y música de Giuseppe Gerli. Estrenada en el Teatro Principal de Barcelona en 1845.

 PELAYO

Opera con libro de Antonio Arnao y música de autor desconocido.

 PELAYETE

Zarzuela en un acto con libro de Manuel Cordero y música del mismo autor.

 En el campo de la lírica figura una colección de obras que recorre una amplia gama de géneros, desde la mojiganga hasta la propia ópera. No siempre la temática argumental de estas obras se centra en Covadonga, pero sí toca los personajes principales que se han movido y han protagonizado situaciones en torno al emblemático lugar de Asturias. En el listado de composiciones que se enumeran, se pueden encontrar libretistas y músicos totalmente desconocidos, pero también grandes figuras del género, tanto españoles como extranjeros.

Temática centrada en Covadonga

COVADONGA

Zarzuela con libro de J.J. Jiménez Delgado y música de autor desconocido. 1880.

 COVADONGA

Zarzuela en 3 actos con libro de Marcos Zapata y Eusebio Sierra. Música de Tomás Bretón.

 Munuza.

 FLORINDA

Zarzuela en tres actos. Libro de J.J. Jiménez Delgado y música de Miguel Marqués. Estrenada en Madrid, Teatro de la Zarzuela, el 6 de marzo de 1880.

 FLORINDA

Drama lírico en un acto. Libro de Francisco Ximenez de Embun y Angelo Bignotti, música de E. Vizcasillas. 1907. (Creo que fue ofrecida al Teatro Campoamor, que no llegó a programarla).

 FLORINDA

Ópera en tres actos. Libro de autor desconocido y música de M. Giró.

 FLORINDA

Drama. Libro de Hidalgo y música de Otero.

 FLORINDA

Ópera en cuatro actos. Música de José María Ponce de León. Estreno en Colombia el 22 de

noviembre de 1880.

 FLORINDA

Ópera seria en cuatro actos. Libro de Eugene Scribe. Música de Sigismond Thalberg. Estrenada en Londres en 1851 y en París en 1854.

 

 

 

ERMELINDA

Ópera de Domenico Freschi (1682).

 ERMELINDA

Ópera con libro de Francesco Silvani. Música de Francesco Gasparini, Giovanni Maria Bononcini

y Francesco Manzini. Londres, 1713.

 HERMELINDA

Comedia de música. Libro de autor desconocido y música de Blas de Laserna. 25 de octubre de 1805.

 PELAYO O LA RESTAURACIÓN

Ópera en tres actos. Libro de Victoriano Martínez Barrado y música de autor desconocido.

Estrenada en marzo de 1859.

 PELAGE, OU LE ROI ET LA PAIX

Opera en dos actos. Libro de Jouy. Música de Gaspare Spontini. Estreno en la Ópera de París

el 23 de agosto1814.

Die lobsingende Unschuld oder Der um den christlichen Glauben unter den König Abdarameo

gemarterte Pelagius (“El cantor de la inocencia o Pelayo martirizado por el rey Abderramán

a causa de su fe cristiana”) (1721)

 Ópera de Johann Caspar Fischer (1656-1746)

 

Familiares del rey Pelayo como protagonistas del drama

LA HERMANA DE PELAYO (LA SORELLA DI PELAGIO)

Drama lírico en tres actos. Libro de Temístocles Solera y música de Emilio Arrieta. Estrenada en el Liceo de Barcenola en 1853.

 FLORINDA

Mojiganga en un acto. Autores desconocidos. Siglo XVII.

 FLORINDA

Melólogo en 1 acto. Libro de Francisco Bahamonde Sese y música de autor desconocido.

Estrenado en Valencia en 1792.

 FLORINDA

Ópera con libro de autor desconocido y música de Manuel García. Estrenada en 1805.

 HERMELINDA

Ópera con música de Antonio Ferrandini estrenada en Lugo (Romagna) en 1751.

 HERMELINDA

Opera en tres actos con libro de F. M. Piccioli. Música de Domenico Freschi. Estreno 1682.

 LA SOLITARIA DELLE ASTURIE, OSSIA LA SPAGNA RICUPERATA

Melodrama en dos actos. Libro de Felice Romani. Música de Carlo Coccía (napolitano). Estreno en el Scala de Milán el 06 de marzo de 1838. Abarca la Asturias tramontana (desde Santillana del Mar a Santiago de Compostela.

 ID Melodrama en cinco actos. Libro de Felice Romani. Música de Saverio Mercadante. Bari 17 de septiembre de 1795. Nápoles dic. 1870 Estreno el 12 de marzo de 1840 en el Teatro La Fenice de Venecia.

 LA SOLITARIA DELLE ASTURIE

Ópera en dos actos. Libro de Felice Romani. Música de Luigi Ricci. Estrenada en el teatro Italiano de Odessa el 20 de febrero de 1845.

 LA ZINGARA DELLE ASTURIE

Ópera semiseria en dos actos. Libro de Felice Romani. Música de Carlo Soliva. Estreno en

Scala de Milán, el 5 de agosto de 1817.

 En favor de un sano y aconsejable pluralismo, se incluye también el siguiente título:

EL MORO MUZA

Ensayo en un acto. Libro de Federico Jaques Aguado. Música de Ruperto Chapí. Estreno:

Teatro Eslava, 1894.

 Se ofrece ahora un amplio y variado espectro de temas musicales relacionados principal y

directamente con Covadonga y con la Santina que pertenecen ya a lo que se podría denominar como “folklore popular urbano”, creado y difundido en un tiempo relativamente reciente. Algunas piezas casi han adquirido ya el rango de tradicionales por su amplísima difusión y por la asimilación popular que han alcanzado en Asturias. Me refiero a canciones como De Covadonga, primorosamente cantada por José González, El Presi (3). La música nos viene inmediatamente a la memoria con la simpl e lectura del texto, incluidos los cambios y variantes de estilo vocal:

La Virgen de Covadonga

tiene una fuente muy clara,

la neña que de ella bebe

dentro del añu se casa.

La Virgen de Covadonga

tiene una fuente muy clara.

Al llegar a Covadonga

non bebas agua, morena,

si, como dixiste ayer,

prefieres vivir soltera.

Tengo de ir a Covadonga

de promesa por setiembre,

tengo de ir a la esfoyaza,

aunque llueva y aunque truene.

Traime el bombón,

el bombón de la azucarera,

traime el bombón,

que se casa mió morena.

Santina de Covadonga,

lo digo con devoción,

que todos los asturianos

te lleven n’el corazón.

Canción  en la producción musical más reciente, que denomino folklore popular urbano

En otra canción emblemática del Presi, el Xilguerín parleru, se alude a Covadonga en un momento concreto de la pieza:

Tengo de ir a Covadonga

con la mió neña en setiembre

y lleva-y a la Santina

un ramín de palma verde…

En el ámbito estilístico de la tonada libre de solista, tiene Manolo San Claudio (disco Cantares de mió Asturias, sello Fontana, 1971) la canción La Virgen de Covadonga:

Ta metía n’una cueva

la Virgen de Covadonga,

ye piquiñina y galana

y tien la cara morena.

Riégame bien esa planta

que non te la queme el sol,

riégame bien esa planta,

rosa de mi corazón.

 La aparición de nuevos temas sigue su camino pasando por distintos estilos interpretativos y a través de textos de desigual interés argumental, con músicas fáciles, bastante comerciales y que se van alejando ya de las raíces tradicionales definitorias de nuestro folklore autóctono. Los ritmos o aires más utilizados en este bloque de piezas son los de tipo habanera, los corridos tipo pasacalle y alguno que se acerca a los de estilo vaqueiro. Algunos títulos e intérpretes que se podrían ofrecer, haciendo un rápido recorrido por el mercado discográfico, serían: Covadonga, Vamos dir a Covadonga, La Santina, por Vicente Díaz. La fuente de los siete caños, por Laura

Díaz. Promesa a Covadonga, por Víctor, etc.

 

 

 

 

 
0.6

 

BREVE GUÍA DE COVADONGA.[1]

 LA SANTA CUEVA.

           

 La abundante bibliografía sobre Covadonga no ha resuelto definitivamente los grandes interrogantes planteados en torno al hecho histórico, personajes que en él participaron y desarrollo posterior de estos eventos. Parece que hoy nadie duda de la existencia de una realidad auténtica: Covadonga aparece siempre como lugar donde comienza a decaer la invasión musulmana. Allí hubo sin duda algún tipo de batalla, escaramuza, alzamiento y en el origen siempre aparece don Pelayo. Otras preguntas serán de muy difícil precisión. ¿Existía ya culto en Covadonga antes de la aparición de Pelayo? ¿Realmente hubo una gran batalla de doscientos o trescientos montañeses bajo el mando de Pelayo contra muchísimos musulmanes (cientos de miles se ha llegado a decir)? Distintas han sido las repuestas a estos interrogantes a lo largo de la historia. ¿Hubo intervención sobrenatural? ¿Actuó Pelayo movido por el deseo de defender la fe de los suyos ante el invasor musulmán? ¿Defendía simplemente sus posesiones amenazadas? Entre historia o invención, tradición o leyenda, Covadonga ha ocupado y ocupa el corazón de los asturianos. Tal convergencia de tantos

 

parece indicarnos una indudable realidad.

            Este poema de Fray Jesús Delgado nos puede situar en el lugar y el momento en que se inicia nuestra historia:

            La Virgen de la Cueva.

            Hay en Asturias un monte,

y en ese monte una cueva,

y en esa cueva una Virgen,

que toda España venera....

            Desde el valle hasta la gruta

sube una escala de piedra;

¡parece un puente sagrado,

que junta el cielo y la tierra!

            Al pie de la ingente roca

brota un raudal de agua fresca:

como es agua de la Virgen

¡quita al que bebe las penas!..

En una narración de finales del siglo XIX (JDM. Covadonga (narración histórica, 1899) se presentan así el lugar histórico de Covadonga:

Púsose en planta el proyecto aquel mismo día, y el pueblo en masa se trasladó a un monte llamado Auseba, distante dos leguas de Cangas. Nadie quedó en el llano, y por tanto, pronto se poblaron las crestas del Auseba. Los cristianos pasaron a la cueva de Covadonga, que podía contener unos 200 combatientes, a la que se retiró Pelayo con cuantos hombres de armas cabían allí, colocando a los demás entre los bosques y malezas que cubrían la escarpada falda de los dos cerros...

 

Sostienen algunos que Alfonso I fundó el monasterio y la capilla de la cueva, que según la tradición llegó así hasta el siglo XVII, aunque, como veremos, el insigne viajero Morales no cree ciertamente que la madera haya durado tanto tiempo. A esta capilla se la llamó Milagro de Covadonga, porque milagro parecía que aquellas maderas se sostuviesen sin ningún otro material.

Así nos recuerda Constantino Cabal (Covadonga, 1918) el “Milagro de Covadonga”.

El suelo de la cueva era pequeño, y para hacerlo mayor, fijáronse en la peña varias vigas, que se empinaban audazmente en el espacio. Sobre ellas, asentóse la pared de madera que cerraba totalmente la cavidad, salvando sólo unos huecos a manera de ventanas para que por ellos penetrase la luz. Y era la construcción tan atrevida, volaba tanto hacia afuera, y asombraban de tal modo su rustiquez y endeblez, que se juzgaba prodigio el que no se derrumbase.

            La puerta para entrar en la Iglesia estaba abierta en la roca, en el mismo lugar de la de hoy, y se llegaba hasta ella por unos pasos de piedra, completado con maderos. De tres ojos de la roca, el primero, más alto que la cueva y abierto casi encima del altar, se precipitaban estrepitosamente tres chorros de agua; y de una larga abertura de debajo, un largo chorro a modo de cortina, de cascada, de torrente

            Luis Menéndez Pidal describe así el lugar: la Cueva aparecería allá arriba, mucho más alta que ahora desde su base, que fue elevada con sucesivos rellenos hechos por el hombre en el curso de los siglos... Esta vía iba entonces mucho más baja que la actual carretera. El mismo Pidal nos recuerda la Crónica del Silense:... monte Auseva, en cuya base cierta roca fortalecida naturalmente y no por obra de artífice, cierra una gran cueva absolutamente inexpugnable a toda máquina de guerra enemiga, en su concavidad caben cerca de mil hombres, para cuya protección no se necesita arbitrio alguno. ..(lo mismo dice la Crónica de Alfonso III, en cuanto a la cabida).  Cabida exagerada (añade Pidal), pues hoy, que tiene mayores dimensiones por las alteraciones habidas, no puede dar abrigo ni a la mitad del número de hombres allí consignados (según la mayoría de las crónicas árabes que parecen más cercanas a la realidad la cabida de la cueva sería de unas trescientas personas).

Sigue Pidal: antes de la actual expansión de la Cueva se llegaba a ella por un volado corredor de madera encajado en la roca, que el coro contaba con trece sillas y el retablo estaba formado por cuatro columnas, antorchados a los lados, y en el centro la imagen de N. Señora en su caja, sobre un trono de bulto, de madera, estofado de plata, al igual que la media luna que soportaba la imagen.

Según el el Padre Medrano: (1743) “parece que en el antiguo templo del milagro, construido con rústicos maderos, existían dos imágenes de María, una regalada, según tradición por la Iglesia de Oviedo, a cambio de la Cruz de la Victoria, y la otra, la primitiva, llamada siempre María Santísima de las Batallas. La primera era de talla, sin vestido de tela, y estaba en un altar inferior del Santuario donde se decía misa cuando el concurso de las gentes no cabía en la capilla donde estaba la imagen primitiva. La original y verdadera estaba colocada en el altar mayor del Santuario, recibía el culto de los fieles desde tiempo inmemoriales”.

El viajero y cronista que mejor y más detalladamente ha descrito el estado de la Cueva en el siglo XVI ha sido Ambrosio de Morales, enviado por Felipe II para visitar y comprobar el estado de monasterios, iglesias, santuarios, etc.[2]

 

 

 

 

Veamos la descripción de Morales: Esta peña es la de Covadonga… Como a dos picas del pie está una como ventana muy grande, que entrándola la peña adentro, aunque no mucho, hace cueba harto abierta como en arco por lo alto, y suelo llano donde podían caber quando mucho hasta trescientos hombres y esto con harta estrechura…

            “Desde el llanito del pie de la peña hasta el suelo de esta cueva se sube ahora por dos escaleras, o tres, parte de piedra y parte de madera, labradas todas a mano, con haber en todas noventa escalones. Así parece que hay desde el llanito al suelo de la cueva pica y media, o más, y la abertura o ventana tiene como una pica de su suelo lo más alto de su arco, y desde allí hasta lo más alto de la peña y de la montaña que es poco menos yerta y enriscada que en ella, hay una altura espantosa.

            Para hacer iglesia en la misma cueva, porque el suelo era muy pequeño (habiendo hecho las escaleras ya dichas de piedra y madera para la subida) encajonaron en la peña vigas, cavando agujeros, los cuales vuelan tanto sin ningún sosteniente, que parece milagro no caerse con todo el edificio, y de esto tiene temor quien mira abajo. Quedó ya así suelo, parte de la peña y parte de esta madera, para hacer una iglesia que no tiene aún treinta pies de largo, porque aunque la cueva es algún tanto más larga, no toda tuvo altura bastante, y hay covachas y otras entradillas, que no quisieron picar, a lo que yo creo, por dejar lo más que ser pudiese de lo natural. Hay forma de capilla mayor con un arco labrado de piedra, y otro al lado, que parece hace nave, mas todo tan pequeño, que estando el sacerdote y el ministro en la misa, no cabe nadie más dentro de la capilla.

            “Esta Iglesia dicen que labró el Rey don Alfonso el Casto de la manera que ahora está y que así dura desde entonces milagrosamente, sin podrirse la madera. Dios más que esto puede hacer, mas yo veo manifiestas señales en todo de obra nueva, y no de tiempo de aquel Rey.

 

Incendio y destrucción de la Capilla vista por Morales. Seguimos aquí a Constantino Cabal[3]:

            El 17 de octubre del año 1777 amaneció el santuario hecho una hoguera. No se conoció la causa, pero atribuyóse a un rayo. El fuego lo invadió todo con tan extraordinaria rapidez, que ni aun pudieron salvarse las incontables alhajas que la iglesia de la cueva poseía.

Un romance nos recuerda este famoso incendio[4]:

El incendio del antiguo templo de Covadonga:

            El templo que en Covadonga

el “milagro” se llamaba

hace ya más de cien años

que fue preso de las llamas.

El milagro le llamaban

y un milagro parecía

verle ostentar en el aire

su belleza y gallardía.

Fuertes vigas que en la peña

colocaron con valor

eran el solo cimiento

del templo que se quemó...

 

            El Rey Carlos III encarga entonces al arquitecto D. Ventura Rodríguez la construcción de una gran Iglesia en la Cueva para evitar otro posible incendio. Dibujó un proyecto extraordinario que pretendía levantar una gran Iglesia delante de la Cueva, de forma que a la altura de la imagen de la Santina, a través de una enorme cristalera, los fieles pudiesen ver a la Virgen.

 

El proyecto de D. Ventura Rodríguez:

            ... Hízose el plan con toda explendidez, y D. Ventura Rodríguez comisionó para realizarlo al arquitecto D. Manuel Reguera. Las obras se principiaron en el año de 1781. Se agotaron dos millones... y ni aun pudo acabarse el pavimento del que sería panteón y serviría de basa de la iglesia. Y los trabajos cesaron el día 20 de octubre del año 1792... Las causas del abandono del proyecto, además del gasto del dinero recaudado, fueron la oposición tanto del Cabildo de Covadonga, como del de Oviedo, porque se perdía la magnificencia y esplendidez de la naturaleza. Zacarías García Villada, en 1922, nos presenta esta descripción del proyecto de 1777: Ventura Rodríguez no quiso poner mano en lo tradicional, y respetando la Cueva como estaba, proyectó fuera de ella, sobre el sitio que hoy ocupa la explanada del Pozón, un templo sepulcro compuesto de dos cuerpos, uno destinado a Panteón de Pelayo y de los canónigos, cuya cima, a un andar con el piso de la “casa de las novenas” (hoy colegiata antigua y hospedería) sirviera de suelo a un templo suntuoso, de estilo grecorromano, que se elevaba por delante de la Cueva, aunque separado de ella hasta unos 6 metros de la fachada posterior, provista de una gran abertura o ventana, por la que, los fieles situados en el centro de la Iglesia podían ver la imagen que se colocara en la antigua capilla.

Como dice Acacio Cáceres[5]:  “... fue rechazado (el proyecto de Ventura), por fortuna, pues la famosa Cueva Longa en su estado salvaje y natural es el mejor santuario y el más grande y heroico monumento de cuantos puede levantar el arte a la Virgen, al héroe y a su gloria”.

En una placa se encuentra el recuerdo de estas obras;

REINANDO LA MAGESTAD /

DE CARLOS III Y SIENDO

ABAD DE ESTA SU REAL COLEGIATA

Dº NICOLÁS ANTONIO

CAMPOMANES Y SIERRA

SE FABRICARON LAS ESCALE-

RAS DE ESTA IGLª EL PAREDS Q

LA SSOSTI[NE] LOS PUENTES DEL

MOLINO Y BAJO DEL SAN-

CTUARº Y LAS CALZADS

DESDE LA RIERA HAS-

TA ESTE SITIO

AÑO DE 1777.

Desde 1792 hasta 1820 hay unos años de abandono casi total del Santuario. En esta última fecha “se construye en la Cueva otro voladizo pavimento de fuertes maderas al aire “ ( M. Pidal, La Cueva de Covadonga, p. 97). En 1858 se presenta ante Isabel II, en su visita al Santuario, un nuevo proyecto de D. Nicolás Castor Caunedo, un tanto fantástico.

     

      El Obispo Sanz y Forés, dos años después de su llegada a Oviedo en 1868, comienza la restauración de Covadonga, después de haber lamentado públicamente el estado calamitoso de la Cueva. En 1870 ce coloca la primera piedra de la nueva capilla de la Cueva, también llamada el “Camarín”, con diseño y realización de Roberto Frassinelli, un alemán que se enamoró de Covadonga y sus montañas y se quedó a vivir en Corao. Esta capilla, imitando el estilo prerromántico en sus arcos, estaba construida en madera y escayola. En el frente se tallaron los doce apóstoles[6].

 

Dentro del camarín se encuentra la imagen de la Virgen. Es una talla tosca de madera policromada del siglo XVI que fue realizada para mostrarse sin ropaje, ya que en la propia talla viene dibujada su vestimenta. Sin embargo, la del Niño corresponde al siglo XVIII ya que fue realizada en 1704. La anterior imagen de la Virgen era sedente, mientras que la actual aparece erguida y ha sido donada por el Cabildo de la Catedral de Oviedo en el año 1778

En un pueblo del Norte de Burgos llamado Cillaperlata existe una imagen que se dice que es réplica de la que aquí existió; sin embargo, anteriormente tuvo que existir otra imagen de estilo románico que sería la que Pelayo se encontró al refugiarse en la Cueva.

            El altar que había en el Camarín o capilla de la Cueva se ha llevado al panteón de la Real Colegiata de San Fernando al efectuarse las obras de restauración de la Cueva. Está situado dentro del claustro de la misma; en él están enterrados algunos de los abades y canónigos del Santuario. Este lleva tallado en su frontal una cruz con las letras Alfa y Omega, símbolos característicos de la Cruz de la Victoria.

 

Otro viajero[7] a finales del siglo XIX nos describe así la Cueva:     

Para llegar a este lugar venerado, hay que pasar por un humilde monasterio, fundado por primera vez, ya que ha sido varias veces reconstruido, por el rey Alfonso I. Se sube a la famosa Cueva por una hermosa escalera de mármol. La gruta tiene una abertura de unos 11 metros, unos 6 o 7 de profundidad y 3 o 4 de altura.; las paredes, tanto en los laterales como en la bóveda, son rocosas y desiguales; la roca forma una parte del suelo, la otra parte está compuesta de un entarimado, suspendido sobre la cascada, por las vigas que se fijan sólo a un extremo de la roca. Fue allí donde Pelayo se refugió con sus trescientos guerreros, donde libró el ataque... Una balaustrada situada en la parte delantera del entarimado conduce a una modesta capilla, iluminada a través de un reducido ventanuco, donde los peregrinos veneran a una antiquísima imagen de Santa María de Covadonga.

            .. Se había construido una capilla delante de la gruta, pero era de madera y un incendio la destruyó en 1777...

Y don Manuel Llorente Vázquez, sobre 1890;

... A unos 25 m. de la cueva suspéndese de un extremo a otro de ella, en toda su anchura, una especie de puente o galería hecha con tablas, con un frágil antepecho; y a un extremo de este puente, y en una pequeña y demasiado modesta capilla, se halla la imagen de Santa María de Covadonga, toda cubierta de rosarios, cintas, uniformes y otros objetos. Y enfrente de ella, en una pequeña y sombría gruta tapizada de musgo, está la tumba del héroe godo.

En el primer tercio del s. XX, el viajero Alfonso Pérez Nieva describe así lo que vio: La bóveda (de la gruta de la Virgen) se acaba enseguida; el techo de la escalera se convierte de improviso en roqueño; es un trozo de peña viva, lo cual le tiene sin cuidado al sacristán que sube escalón por escalón y como si llevara una tonelada en cada zapatilla de orillo..

            El interior de la histórica gruta es fácilmente abarcable de una ojeada. La cueva parece abierta a un tercio de altura de la enorme peña en que se enclava, en el Monte Auseva, como a unos 30 m. sobre el nivel del suelo, y descansando en los salientes picos de sus fauces inferiores se ha tendido un pavimento de tablas, limitado por una barandilla que defiende a los flojos de cabeza de la atracción del vértigo; esta barandilla engárzase por un lado en la roca y por otro en una capillita de madera que sirve de albergue a la Virgen, y que debiera de proscribirse del lugar por atentatoria al buen gusto. La imagen estuvo en tiempos sobre una mesa con sabanilla entre dos velas, sin más hornacina que la labrada por la misma naturaleza, y así resultaría llena de majestad en su suprema sencillez. En fecha reciente la piedad ha instalado a la milagrosa efigie en un casetón de mal gusto y de extravagantes colorines la bizantina vivienda actual de la dulce Señora (se refiere sin duda a la capilla de Frassinelli).

            Muy distinta era la opinión de Sanz y Forés al despedirse para trasladarse a Valladolid: Vosotros los sabéis, después de restaurar lo arruinado, y embellecer aquel glorioso y venerando sitio, proyectamos levantar un templo digno...

Zacarías GARCÍA VILLADA (Covadonga en la tradición y en la leyenda, Razón y Fe, Madrid, 1922ve así la Cueva en 1922:

            El Santuario actualcon D. Máximo de la Vega y Roberto Frassineli, el 29 e abril de 1879 se puso la primera piedra y el 6 de septiembre del mismo año se bendijo la capilla de la cueva. La capilla es una imitación del arte romano-bizantino. Al exterior se asemeja a un castillo medieval, al que conduce un largo corredor defendido por una balaustrada compuesta de arquillos lobulados. En el interior hay tres arcos de medio punto, apoyados en dobles columnas y flanqueados por pilastras a modo de contrafuertes. Sobre ellos corre una arquería decorativa de doce huecos, ocupada por la figura de doce apóstoles y encima de ellos otras decoraciones por el estilo. En el fondo hay un diminuto ábside, en cuya concavidad está la imagen de la Virgen. La extensión de la cueva es de unos 12 metros de largo por 10 de fondo. Y allí se dice que están los restos de Pelayo y su mujer Gaudiosa y los de Alonso I y su mujer Hermesinda.En general se ha procurado conservar la aspereza de la cueva, pero no faltan quienes hubieran deseado que se hubiera dejado todo como lo presenta la naturaleza, sin hacer más que aquellas obras indispensables exigidas por el culto.

Fue D. Félix Granda el orfebre de la corona y del trono:

    Y a los pies de la virgen de Covadonga tratamos en un relieve, más que la escena la representación simbólica de la Reconquista: Pelayo, arrodillado y abrazado a la cruz de la victoria, y en torno suyo los compañeros, los héroes,..

 

 

    

 

 

 

  

Descripción del trono y las coronas: En el centro aparece el pedestal sobre el que se destaca la Virgen; a los lados, cuatro figuras de leones heráldicos muestran escudos episcopales y sostienen dos grupos de cuatro columnas. Treinta y dos estatuitas de patriarcas, reyes y descendientes de la casa de David, representan la genealogía de María; sobre los capiteles, un arco decorado, y en los ángulos, dos Ángeles, cuyas alas cubren completamente las enjutas; sostienen sus manos las cruces de la Victoria y de los Ángeles.

            En las puertas, que forman con el trono un tríptico y con las que se cerrará este, una moldura que forma los recuadros, decorada con motivos de la flora local; en la parte baja, unos cuadros divididos por fajas ornamentales y dentro de los espacios representaciones de animales, fantásticos unos, prehistóricos y de la fauna asturiana, otros,..

            En la Revista Covadonga, a finales de 1923, se hace una especie de concurso de ideas o plebiscito con la finalidad de cambiar el “Camarín” que no gustaba a casi nadie. Hay varios artículos de arquitectos, ingenieros, profesionales y gente corriente dando opiniones sobre los posibles cambios. También hay un concurso de arquitectos.

Habiendo sufrido diversos desperfectos en los años treinta el “Camarín”, en 1938 se constituye el Patronato por Covadonga. Se acuerda derribar el “Camarín” existente, obra de Sanz y Forés y de Frassinelli.

En 1936 se suspende el culto en Covadonga. Se reanuda en 1937, sin la imagen de la Virgen que había pasado distintas vicisitudes en el intento de preservarla, acabando en la embajada de París de donde volvió con total solemnidad a su paso por el Principado.

 

La Santa Cueva en la actualidad

La última reforma, que comienza tras finalizar la Guerra Civil Española, es de mediados de los años cuarenta y se debe al insigne arquitecto D. Luis Menéndez Pidal, Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Arquitecto Conservador de Monumentos Nacionales…

En la actualidad se puede llegar a la Cueva por las escaleras del “perdón” o de las “promesas” con sus 105 escalones actuales y también por un túnel que se hizo excavar en 1908 desde la explanada que está situada cerca de la Basílica. Este túnel de acceso fue construido en 1908 por D. César García de Castro. Durante las obras de Menéndez Pidal, debido a la fuerte masa de aire que entraba por el túnel, se abrió un gran hueco con vistas a la Basílica en el cual se colocaron tres cruces de piedra. Las cruces llevan la inscripción del año en el que fueron colocadas: MCMXLIV.

Dentro de la Cueva se venera la imagen que el Cabildo de la Catedral de Oviedo había donado después del incendio de 1777. La imagen de la Virgen está colocada fuera, en la parte más próxima al fondo de la Cueva y puede ser visible desde la explanada construida bajo la misma y a continuación del estanque. Para separar la imagen de la Virgen de la roca, se levantó una exedra circular. El altar es de piedra y lleva en su frontal una representación alegórica e idealizada de la batalla de Covadonga. Es una escena en que lo referente al cielo está en color celeste; los cristianos aparecen en plata y los musulmanes, en bronce. En el centro y a lo alto de éste aparece la imagen de la Virgen rodeada de ángeles que descienden en ayuda de los cristianos, los cuales, abanderados por Pelayo repelen el ataque de las tropas islámicas. Sobre la cabeza de la Virgen puede leerse la siguiente leyenda: EXVRGE – DOMINE – IVDICA – CAVSAM - TVAM (Levántate, Señor; juzga tu causa). En la exedra semicircular están representados (en unos arcos, imitación del prerrománico) los distintos reyes de la monarquía asturiana entre los que se encuentran Pelayo, Alfonso I, Fruela I, Alfonso II, Ramiro I, Ordoño I y Alfonso III. Forman un círculo en torno a la Virgen. En el frontal están los cuatro arcángeles: Miguel, Rafael, Cabriel y Uriel.

            Tanto el frontal como la exedra fueron labrados por Juan José García, siendo quizás, en los años en que realizó estos trabajos, el más elevado representante de la orfebrería en España.

La capilla actual que sustituye la de Frassinelli, en la parte más opuesta a la entrada de la Cueva, es de los años cuarenta, obra de Menéndez Pidal.. Es de línea clásica, de estilo neorrománico; dentro acoge el Sagrario y está cubierta de madera dorada y policromada por el artista valenciano Juan Talens. En sus muros laterales interiores tiene la siguiente inscripción:

A MATRE – QUIDEM – VICTORIAM :

A FILIO VERAM NUTRITIONEN AD

VIAN SUSCIPIENTES

EX ADIPE – ENIM – FRUMENTI CIBAVIT-

ET DE PETRA MELLE SATURAVIT.

(Recibiendo de la madre la victoria – y - por

medio de ella - del hijo, el verdadero alimento

para el camino - pues les alimentó con abundancia

de trigo y los hartó con miel de la roca).

La inscripción, al igual que la de la pila de agua, fue realizada por el M. I. D. Martín Andréu Valdés, canónigo de Covadonga. La campana de la capilla ha sido realizada según el diseño de Menéndez Pidal y regalada por el Ayuntamiento de Gijón el día de su voto a la Santina. Fundida en los talleres Adaro de la misma villa, en su aleación se emplearon diez kilogramos de plata. Lleva una inscripción realizada por el escritor de Gijón D. Eduardo Bonet en la que dice lo siguiente:

LLAMO AL PEREGRINO A LA MORADA DE SANTA

MARÍA DE COVADONGA, INSPIRADORA DE PELAYO,

REY DE GIJÓN.

DONADA POR EL ILTRE. AYUNTAMIENTO DE

GIJÓN. EN CONMEMORACIÓN DE SU VOTO

A COVADONGA – VII – SEPT – MCMXLIX.

En su parte delantera lleva el Escudo de Gijón y en la posterior la Cruz de la Victoria.

Esta Capilla se utiliza como Sacristía y, a veces, por el invierno, se dice misa en ella cuando acuden pocas personas.

Hay también, en la Cueva, entre la capilla y la imagen de la Virgen, un sillón episcopal, sobre dos osos, obra del escultor Gerardo Zaragoza, tallado en piedra marmórea rojiza extraída del propio monte Auseva; en el respaldo lleva el anagrama de Cristo. Y en los laterales lleva el nombre de los Obispos que pasaron por el gobierno de la Diócesis de Oviedo en el tiempo que duró la obra de la Santa Cueva, Arce Ochotorena, Arriba y Castro, Lauzurica y Torralba.

 

 

El ambón del Evangelio, construido en bronce dorado, tiene forma de águila y ha sido una ofrenda del Ayuntamiento de Avilés a la Santina. Es del mismo autor que hizo las puertas de entrada. Lleva la siguiente inscripción:

OFRENDA A LA SANTISIMA VIRGEN DE

COVADONGA DEL EXCMO. AYUNTAMIENTO

DE AVILÉS Y SU CONCEJO.

8 DE SEPBRE. MCML

AVE MARIA, GRATIA PLENA, DOMINUS TECUM.

Excavados en la roca se encuentran el sepulcro de Pelayo, su esposa y su hermana (entrando a la derecha). Aunque originariamente Pelayo fue enterrado en una iglesia cercana, llamada Santa Eulalia (o Santa Olaya) de Abamia (Corao), posteriormente sus restos fueron trasladados a la Santa Cueva en tiempos de Alfonso X “el Sabio”. Pudiera ser que se llevara sólo algún resto, porque según comenta el Conde de la Vega del Sella, en su obra, El dolmen de la Capilla de Santa Cruz, (Memoria núm. 22. Junta para la Ampliación de Estudios, 1919, pp. 37-38): “Según versión oída a un testigo presencial, en la visita que hizo el Rey Alfonso XII al Santuario de Covadonga, fueron examinados los sepulcros que allí se encuentran, no hallándose en el de Pelayo más que un fémur de grandes dimensiones y una chapa delgada de plata en forma de doble cinto”.

En un principio debió ocupar el sepulcro un lugar en el centro de la cueva, siendo trasladado después del incendio de 1777 al lugar que hoy ocupa. Desde entonces, sólo se han hecho en él pequeñas variaciones en su cerramiento. La inscripción que hay en su tumba dice lo siguiente:

AQVI YAZE EL S REY DON PELAIO

ELLETO EL ANO DE 716 QVE EN

ESTA MILACROSA CVEBA COME

NZO LA RESTAURACION DE ESPA

NA BENZIDOS LOS MOROS FALLECIO

ANO 737 Y LE ACOPAÑA SS MVSER Y ERMANA

(Aquí yace el señor rey don Pelayo,

electo en el año de 716 que en

esta milagrosa cueva comenzó

la restauración de España.

Vencidos los moros, falleció

en el año 737 y le acompañan su mujer y su hermana).

La fecha que fue grabada como año en el cual le proclamaron rey no coincide con la que suelen dar los historiadores que es la del año 718.

Más oculto, detrás del altar, se encuentra el sepulcro del yerno de Pelayo, Alfonso I, con su mujer, hermana del rey Favila. Está Situado en una covacha que se adentra por la derecha entre el sepulcro de D. Pelayo y la imagen de la Virgen. Fue devuelto a su anterior emplazamiento durante la reforma realizada por D. Benito Sanz y Forés y la inscripción es la que sigue:

AQVI YAZE EL CATOLI

CO Y SANTO REI DON

ALONSO EL PRIMERO

I SV MVGER DONA ERME

NISENDA ERMANA DE DON

FAVILA A QVIEN SVZEDIO.

GANO ESTE REI MVCHAS VI

TORIAS A LOS MOROS. FALLECIO

EN CANGAS ANO DE 757.

En la antecueva hubo un altar barroco con retablo y con la imagen de San Melchor, primer santo asturiano. Este altar vino del Monasterio de Valdediós. Con ello se pretendía dar carácter religioso a este espacio de acceso a la cueva. Hoy el altar y el retablo se encuentran en la Colegiata de San Fernando (actualmente Casa de Ejercicios) y la imagen de San Melchor en la Basílica cerca de la Sacristía. En estos momentos, después de haber sido utilizado para las ofrendas de velas, está totalmente vacío (la ofrenda de velas se desplazó a la entrada del túnel de acceso a la Cueva). Sería conveniente ocupar este espacio de la antecueva quizá con un altar como antes o con alguna otra finalidad.

Al final de la escalera de la “promesa”, a la derecha, antes de entrar en la Antecueva, hay un medallón con la efigie de Juan XXIII, también del escultor Gerardo Zaragoza, que recuerda la visita realizada en 1954 por el Cardenal Patriarca de Venecia, Giusseppe Roncalli, futuro Juan XXIII. La inscripción es la siguiente:

 

“YO AMO A LA MADONNA DE COVADONGA COMO LA AMÁIS VOSOTROS LOS ASTURIANOS. TENGO SU IMAGEN EN MI DORMITORIO Y PARA ELLA ES MI PRIMERA ORACION DE LA MAÑANA”.

La puerta de entrada a la antecueva desde la escalera del “perdón” o de la “promesa”, especie de veja-puerta, es obra del cerrajero de Toledo D. Julio Pascual y en ella podemos leer la siguiente inscripción:

AQUÍ, AL NOMBRE DE LA MADRE DE DIOS,

DE ENTRE LAS ROCAS, SOBRE LAS CUMBRES,

SURGIÓ ESPAÑA.

En la antecueva, a la derecha, existe una gran pila de agua bendita,en piedra, con la siguiente inscripción del canónigo del Santuario el M. I. D. Martín Andréu Valdés y que dicen lo siguiente:

+ SANCTA * ET * INNOCENS * CREATVRA

AQVAE * SITIENTI * POPVLO * DE

PETRA * PRODVCTA+

+ IN * NOMINE PATRIS + ET FILII +

ET SPIRITUS SANCTI + AMEN +

 (“Santa e inocente criatura del agua sacada de la roca para el pueblo sediento. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”).

 

Enfrente hay dos lápidas que recuerdan la visita de la Reina Isabel II al Santuario. La de la derecha dice:

EL DÍA 28 DE AGOSTO DE 1858

VISITARON ESTA SAGRADA CUEVA

SS. MM. Y AA. RR. LA REINA DE ESPAÑA

DÑA ISABEL II, SU AUGUSTO ESPOSO

D. FRANCISCO DE ASÍS

Y LOS SERENÍSIMOS SEÑORES

D. ALFONSO, PRÍNCIPE DE ASTURIAS,

Y Dª. MARÍA ISABEL FRANCISCA DE ASÍS,

INFANTA DE ESPAÑA.

EN DICHO DÍA Y EN ESTE MISMO SITIO

LES FUE ADMINISTRADO A SS. AA. RR.

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION

La de la izquierda:

EL 28 DE AGOSTO DE 1858

DESPUÉS DE RECORRER

APOSTÓLICAMENTE TODA ASTURIAS

SAN ANTONIO MARÍA CLARET,

PEREGRINO DE LA SANTINA,

CELEBRÓ LA EUCARISTÍA

EN ESTA SANTA CUEVA.

 

Subiendo los nueve peldaños que hay hacia la cueva encontramos otra puerta de hierro forjado construida en los talleres de Lorenzana, de Oviedo, siendo la crestería, friso y cerrojo realizados por el anteriormente nombrado D. Julio Pascual. Su inscripción por el lado de la antecueva es la siguiente:

* SANCTA MARIA DE COBADONGA ORA PRO NOBIS *

Y ya dentro de la Cueva:

*AVE MARIA - GRATIA PLENA,

DOMINVS TECVM, BENEDICTA TV

IN MVLIERIBVS *

Una vez dentro de la Cueva y a nuestra derecha existe una inscripción casi imperceptible para el visitante que dice:

“En Covadonga nació la Institución Teresiana

fundada por Pedro Poveda

Canónigo de este Cabildo

1906 -1913

 

                                                                                              (Continuará)

 

                                                           Cayo González Gutiérrez

                                                          

                                                           Javier Remis Fernández

 

 


[1] Iniciamos con este número una Guía de Covadonga, cuya finalidad es que el lector de la Revista que visite Covadonga pueda conocer mejor la historia, evolución y descripción de los principales monumentos. Esta Guía abarcará también la descripción de todo el entorno de Covadonga y sus montañas con fácil acceso desde el Santuario. Naturalmente el sitio ideal y obligado para comenzar esta Guía es la Santa Cueva.

 [2] MORALES, Ambrosio de (1513-1591)Viage a los Reinos de León y Galicia y Principado de Asturias, Oviedo, 1977, 224 pp. (Reproducción facsimil de la de Madrid de 1765. Después dirá Martín Andreu que “nada queda –puede decirse- fuera de algunas piedras, nada queda de lo que él vio en aquellos días”. Pocas referencias sobre Covadonga antes del incendio de 1777quedan. Se han perdido las referencias del del viajero alemán Rickel o Ryckel, que publicó en 1525 su historia de Covadonga, bastantes años antes de las conocidas alusiones del “Viage” de Ambrosio de Morales.

 [3] CABAL, CONSTANTINO. Covadonga, historia y leyendas, 384 pp., MADRID, 1918.   

 [4] CORTÉS LLANOS DE PENDÁS, Antonina, Romancero de Covadonga; 1899. 59 PP. Una flor de Covadonga.

 [5] CÁCERES PRAT, AcacioCovadonga. Tradiciones, historias y leyendas, 1887.

 [6] También describe este Camarín D. Félix Pío de Aramburu en Asturias, de Bellmunt y Canella, tomo I, páginas 37 y 38

 [7] GERMOUD DE LA VIGNE, A. (1812-1896).

 

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