covadongadigital.es

5.4 

 HACE CINCUENTA AÑOS

 

Manuel Suárez González

 

Cayo González y yo no pudimos ordenarnos en el mes de marzo de 1964, porque nos encontrábamos estudiando en Sala-

manca. Residíamos en el Colegio Mayor Hispano Americano (ha sido derribado hace unos años), dependiente de la Obra

de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana –OCSHA-. Nos preparábamos para partir de misioneros a la Argentina. Nin-

guno de los dos  llegamos a  efectuar ese proyecto.

En este Colegio convivimos, durante dos años, con muchos compañeros de otras provincias españolas, de varios países

latinoamericanos, y también con  algunos asturianos.

Para mí, el paso por la Universidad Pontificia de Salamanca significó un cambio radical, en el plano intelectual, pastoral y

social. Los aires del Concilio Vaticano II penetraron con una fuerza incontenible, para quedarse,  en todos los ámbitos de

mi vida eclesiástica. Dejé atrás, y para siempre, el enfoque  tridentino  de la  Filosofía y Teología  que imperaba en el Semi-

nario de Oviedo.  Con la perspectiva que ofrecen estos cincuenta años pasados, creo que emprendí  un lento e inconscien-

te, pero imparable, proceso de secularización que culminaría diez más tarde.

Al finalizar el curso 1963-64, el arzobispo de Oviedo nos permitió ir  a Covadonga, para  hacer los  ejercicios espirituales,

previos a la ordenación sacerdotal, que tendría lugar a principios de julio en la Catedral de León, con ocasión de la celebra-

ción del  Congreso Eucarístico.

 

 

Alberto Torga fue el director espiritual durante los siete días que nos retiramos  en Covadonga, hospedados en la Casa de

Ejercicios. Fueron los mejores ejercicios espirituales de mi vida (es verdad que había hecho muy pocos y no volvería  hacer

más). Y lo fueron  por varios motivos. En primer lugar, por la libertad de oración y acción que Alberto nos permitió. Por si

acaso no le he dado las gracias, aprovecho este momento: ¡gracias Alberto! En segundo lugar, los paseos por  los jardines

del Santuario, El Repelao, Asiento de los canónigos… (si no recuerdo mal, algún día subimos hasta Orandi y  la Cruz de Pe-

layo)  nos envolvieron en  un ambiente natural y paisajístico incomparable. Hay que añadir que los  recuerdos de las viven-

cias de los dos primeros años de latinos, y del mes de verano, (que todos los cursos nos era sustraído-por no decir robado-

de las merecidas vacaciones), nos valieron para que esos días, previos a la ordenación, fuesen únicos e irrepetibles. Cayo

, más romántico y sensible,  decidió celebrar  su primera misa en la Cueva junto a la Santina. Así lo hizo unos días más tarde

.

De la ceremonia de mi ordenación recuerdo que se llevó a cabo en una capilla lateral de la catedral, y que mis familiares no

pudieron  verla, debido a la cantidad de gente que se apretujaba en un  espacio tan estrecho. Recuerdo también que el

obispo de Badajoz fue el oficiante de acto.

En el mes de julio pasado, (siempre que me detengo en León, me acercó a contemplar la fachada y las formidables vidrie-

ras de la catedral),  visité el edificio del  Seminario Mayor y trabé una agradable conversación con el portero.  Este año,

prometo repasar y repensar el recorrido realizado hace  medio siglo.

Manuel Suárez González

 

 
THEOdOKOS, MADRE DE DIOS
 

 

Es la Santina Madre querida para todos los asturianos y con mimo la veneramos a pesar de su figura hierática; solo el

Niño que sostiene nos transmite sentimental y teologicamente la acogida que nos brinda.

Pero es mucho más tierna, maternal y humana aquella otra imagen de la Santina que admiramos sentada en su trono de

la Basílica de Covadonga. Por muy regia estampa con que la piedad burguesa la cargó, manifiesta una belleza, humildad,

dulzura y cariño que solo una mujer madre puede expresar.

En esta mujer, María Virgen, “el Verbo de Dios se hizo carne”; ese Niño, tan tiernamente humano que enseña, bendice y

salva desde su regazo, es la Palabra de Dios; que no es una ideología, sino una encarnación en la historia común huma-

na.

Es María, mujer unida a Jesús en el sufrimiento y gozo como todas las madres, “meditando en su corazón” las obscuridades

que la inspiración y la vida le van presentando; “escucha y pone en práctica” lo que enseña su Hijo, por lo que es doble-

mente Madre; acompaña a Jesús, “testigo fiel”, en los momentos de alegría y sobre todo de dolor, por eso “al pié de la cruz

estaba su Madre”; vinculada a los seguidores del Maestro y Profeta de Nazaret, participa activamente en la primera Iglesia,

en la comunidad o “casa” de Juan.

Ella es el testimonio clamoroso y constante para todas las comunidades de que “Dios se hizo hombre y habitó entre noso-

tros”. Ella, unida al Salvador, es signo de salvación y protección maternal para los creyentes; en las imágenes de la piedad

es figura emblemática de una Iglesia siempre en contraste entre el martirio y la huida espiritualista.

Es la mujer Madre del mismo Dios-Hijo humanado; la Madre de cada “yo” humano, en quien simbolizamos con su ternura la

presencia y experiencia carnal de Dios-con nosotros.

Contemplamos embelesados la figura de María, de la Santina, como descubriendo la presencia de Dios en la misma carne

humana, en el “fruto bendito de tu vientre”, bella Mujer. Sentirse hijos de María es vivir “la carne de Dios” en plenitud; ser

Cristo, engendrar a Dios en nuestra vida desde el nacer hasta el morir.

Dios “habló” por María engendrando a su Hijo Jesucristo; no se expresa con teorías sino con la “carne” en el nacer mesiá-

nico de Jesús. María, Madre carnal de Dios en su función concreta, histórica y personal, gozosa y martirial, de engendrar

y acompañar al Cristo Jesús, continúa siendo Madre de la Iglesia, de cada uno, si nos “hacemos como niños”.

 

                                                      Angel Solís A.

 

 
5.6

 MI PRIMERA MISA EN COVADONGA

C. González

 

Por circunstancias especiales (terminado el 3º curso de Teología en Oviedo, fui a Salamanca para cursar dos años y conseguir la Licenciatura en Teología) no nos ordenamos en La Felguera el 14 de marzo de 1964, sino en el Congreso Eucarístico Nacional de León (9 de julio de 1964). Me ordenó en concreto el Legado papal Monseñor Landázuri (Cardenal de Lima).

Antes, y como preparación para tan solemne ordenación, “saboreamos” M. S. y yo unos inolvidables Ejercicios Espirituales “dirigidos” y acompañados por D. Alberto Torga, quien al mismo tiempo predicó en la primera Misa en la Cueva. Decidí celebrarla allí por el profundo amor a la Santina. Habíamos estudiado los dos primeros años de latín en el Seminario Menor de Covadonga y allí disfrutamos siendo ya jóvenes muchos veranos (los famosos Cursos de Verano tan excelentes-quizá los primeros de cuantos después se han seguido en distintas Universidades-).

Me acompañaron en ese momento importante familiares y amigos (la mayoría de mi pueblo de León) que quizá no se aprecien bien en la fotografía. Mi maestro de Ceremonias fue C.B. compañero y amigo en los once años de Covadonga y Oviedo y hasta hoy.

 

 

 

 

Por supuesto estaban mi padre (mi madre había fallecido dos años antes) y mis dos hermanos (el otro estaba en Argentina, adonde yo pensaba ir con la OCSHA,  aunque después cancelé ese compromiso).

El hecho de celebrar la primera Eucaristía en la Cueva, en el Altar de la Santina, fue un premio extraordinario recordado siempre con mucho cariño.

 

 

Las religiosas de la Casa de Ejercicios nos prepararon amablemente una muy buena comida.

El domingo siguiente volví a celebrar ya otra misa en Vega de C.. mi pueblo de siempre, con todos sus habitantes que me acompañaron en el oficio religioso y después en el vino y pinchos en la plaza del pueblo.

Pasados 5 años, y cumpliendo lo que dice el himno de nuestro curso (de F.V. y O. C.): “Y si algunos han trazado otras sendas en su vida, siempre será el Seminario muestro punto de partida”. La Licenciatura y el  Doctorado en la Universidad de Oviedo me llevaron durante cuarenta años a las aulas (especialmente en la U. Laboral de Gijón).

Pero no obstante siempre recuerdo y vivo lo que dice también nuestro himno: “Por más que el tiempo y la vida su ley al final impongan, nos quedará la Santina, nos quedará Covadonga”.

C. González

 

 

 5.7

 EL SILENCIO MUSICAL DE LAS ASAMBLEAS LITÚRGICAS

 

Fernando Menéndez Viejo

Son ya bastantes los años transcurridos y muchas las celebraciones litúrgicas observadas como para que tenga desde hace  tiempo las alarmas encendidas.

Me estoy refiriendo a la triste situación que se da en muchas de las misas dominicales de nuestra Asturias donde el pueblo fiel que asiste a las mismas apenas interviene con sus cantos a lo largo de la celebración.

No es debido el caso a la ausencia de actividad musical en los lugares de culto, no, muy al contrario, hay casi hasta abundancia de medios (coro parroquial, director, organista, etc.). Lo que sucede es que, en muchos casos, esa superestructura musical se reserva para sí la intervención sin que el pueblo o asamblea de fieles entre en juego. O sea, que la forma de oración de este pueblo queda reducida al 50% por aquello que decía S. Agustín, “el que canta reza doblemente”.

Sería injusto generalizar esta situación. Existen comunidades parroquiales  con una magnífica y bien cultivada feligresía que despliega un estupendo nivel de participación en sus asambleas dominicales con sus oportunos cantos. Aunque ello, a decir verdad, no sea  lo que más abunde.

Pero lo que a mi más me sorprende de esta situación es que centros y lugares emblemáticos en nuestra Diócesis que debieran ser modelo o pauta a seguir, como son las Basílicas  -tres nada menos en esta diócesis- y otros templos importantes de las principales ciudades de nuestra región, dispongan de aceptable dotación en cuanto a medios musicales pero, insisto, con las feligresías silenciosas o medio mudas para el canto. Digo “medio mudas” porque, si un buen día el coro parroquial entona un canto más o menos popular o conocido, se puede percibir un tímido canturreo entre los fieles pero que no acaba de explicitarse ni de tomar un cuerpo sonoro audible y claro.

Situación tan generalizada es síntoma, sin duda, de serias e importantes deficiencias. Entre las primeras y más graves estaría la generalización  de este mal hábito y, para colmo, que ello se tome como la cosa más normal, tanto entre los fieles como entre sus responsables religiosos. Está luego el papel de exclusivismo musical que juega el grupo de cantores parroquiales como si su misión consistiera sólo en servir de ornato a los ritos sagrados o de entretenimiento para los asistentes a los mismos. (Habría que puntualizar, a este propósito, que, en varias ocasiones y en determinados sitios, la elección de los cantos de la misa por parte del coro y sus interpretaciones musicales, sólo aprueban por los pelos, cuando no sacan auténtica mala nota).

Este estado de cosas, desvela que no se practica la preparación y la coordinación de trabajo previo al momento de cada celebración entre los distintos responsables de la acción litúrgica, como son celebrante,  director del coro, tañedores y animador de asamblea. Infraestructura esta que muy debiera de constituir elequipo litúrgico permanente que estableciera las bases de funcionamiento y tomase las decisiones al respecto en cualquier parroquia o centro de culto.

Y es precisamente acerca del animador de asamblea sobre el que me gustaría apuntar que se trata de una figura clave para llegar a subsanar las deficiencias que estoy apuntando sobre el silencio de los fieles en las asambleas litúrgicas.

La Ordenación General del Misal Romano, de 1970, en su punto 64 dice a este propósito: “Es conveniente que haya un cantor o un director de coro que se encargue de dirigir y mantener el canto del pueblo. Más aún, cuando falte el coro, corresponderá a un cantor dirigir los diversos cantos, participando el pueblo en aquello que lo corresponde”.

Es indudable que un animador de asamblea litúrgica ha de ser alguien con una especial preparación para tal cometido. Aparte de ser buen cantor (o cantora), tendría que saber música, controlar bien  la gesticulación manual para ayudar a la asamblea en el canto, estar al día en lo referente a ediciones de cancioneros religiosos disponibles y saber elegir adecuadamente los cantos propios de cada domingo. Tanto mejor que el animador fuera miembro activo de la comunidad en la que ejerciera el servicio.

Bien, pues este ministerio clave en la liturgia, claramente definido y recomendado por los distintos organismos eclesiásticos competentes a partir de la Constitución sobre Liturgia del Concilio Vaticano II, es una figura casi prácticamente ausente en los lugares de culto de la Asturias actual.

Aunque, revisando el “Plan Pastoral Diocesano 2013-1018” -subtitulado “La ciudad se llenó de alegría” (Hech 8,8)- se pueden encontrar algunos planteamientos relacionados con el tema que aquí se aborda aunque con cierta timidez y falta de desarrollo.

Por ejemplo, en la Comisión “TRANSMISIÓN DE LA FE”, se presenta un  Objetivo Específico 2, de redacción, a mi modo de ver, poco clara: “Testimoniar con alegría la vocación evangelizadora de trasmitir la fe recibida, en comisión de misión: sacerdotes, religiosos y laicos, mediante la formación, celebración y testimonio de todos los agentes de la pastoral”. Y, entre las propuestas, está la del nº 5 que recomienda “Revitalizar y fortalecer el domingo”. Dentro de las líneas específicas de acción se incluye una para la liturgia pero que se limita a el aspecto estético: “Revitalizar el domingo como “Día del Señor” y de encuentro celebrativo y fraterno de la comunidad cristiana, cuidando y promoviendo la belleza de la liturgia. Tener en cuenta los cambios sociológicos que han tenido lugar en los últimos tiempos para lograr que las celebraciones dominicales sean una ocasión de encuentro con Dios y con los hermanos.” En ningún sitio se alude expresamente al canto litúrgico como medio pedagógico excelente y eficaz para la formación cristiana y la participación plena y activa del pueblo de Dios.

Y como acciones pastorales concretas de esta propuesta nº 5, ya parece que se intenta dar unos pasos más concretos pero pendientes aún de adquirir formato y concreción:

“Constituir una Escuela diocesana de liturgia que forme agentes de la pastoral de la celebración y lectores de la Palabra”.

 “Confeccionar un cantoral diocesano de acuerdo con las necesidades litúrgicas y pastorales”

Los agentes de estas acciones serán: CEDISET. Delegación de Liturgia. Delegación de Pastoral Juvenil. Equipos de liturgia arciprestales, parroquiales y de las UPAP. Comisión de sacerdotes para la economía diocesana y Comisión de obras.

La propuesta nº 17 de Comisión titulada TRANSMISIÓN DE LA FE se titula

“Medios formación animadores cristianos y catequistas” y entre los agentes de esta propuesta figura una “Escuela diocesana de Animadores y Tiempo Libre”. Pero no parece que incluyan en dicha escuela a los animadores litúrgicos  a los que he aludido más arriba.

A través de las anteriores citas textuales, se ve que el documento diocesano, al aludir a la Liturgia, se desenvuelve en términos un tanto genéricos y sin llegar a plantear aspectos  más concretos de la pastoral litúrgica.

Me viene a la memoria, a este propósito, la expresión del escritor y compositor católico francés del pasado siglo, Michel Scouarnec,  “Dime lo que cantas y te diré qué crees”.

Pienso que quizá un buen complemento al citado Plan Diocesano de Pastoral sería la inclusión de algún capítulo o de un documento adjunto que encerrase orientaciones claras y propuestas atractivas acerca del canto en la liturgia si se quiere de verdad llevar a término lo que el Concilio Vaticano II quiso lograr con su instrucción sobre la Liturgia: que el pueblo pasase de espectador a colaborador activo en las funciones litúrgicas. Objetivo, por otra parte, perfectamente logrado por parte de muchas comunidades de creyentes en el mundo católico que han tomado en serio y se han propuesto seguir las orientaciones de los directorios litúrgico-pastorales sobre el Canto y la Música surgidos a partir de la Constitución “Sacrosantum Concilium” (1963) del Vaticano II y cuyo documento central es la Instrucción “Musicam Sacram” de la Sagrada Congregación de Ritos publicada el 5 de marzo de1967.

Sería de agradecer por parte de nuestro arzobispado, en este sentido, un “manos a la obra” urgente, claro y decidido.

 

Fernando Menéndez Viejo.

Músico y compositor

 

 

 

5.8

  NUEVO

 

A MODO DE HOMENAJE PÓSTUMO A SILVERIO BENJAMÍN CERRA SUÁREZ

 

 

Pensando en ti y en tu partida tan inesperada, me viene a la memoria aquello que alguna vez comentamos:  “Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra”. (El tiempo se escapa como las nubes, como las naves, como las sombras). Como las nubes (Job, 7,9); Como las naves (Job, 9,26); Como las sombras (Job, 14,2) ,junto con el “ Carpe Diem” (Aprovecha el momento), del poeta latino Horacio. Así considero yo tu aprovechamiento del tiempo ahora lo mismo que tu vida, a la que me atrevería a calificar de “Cura hasta la sepultura”. Parece que fue ayer cuando al llegar s Oviedo en el Ferrocarril del Vasco para el comienzo del Curso, te acompañaba a las Benedictinas a visitar a tu prima carnal Madre Amparo, la Abadesa, con algo de morriña por el internado del seminario y salíamos de allí animados y reconfortados por ella

Habíamos ido a pedirle al Arzobispo, D. Segundo, las Órdenes para Marzo, en vez de Junio, al final del Curso. Él nos lo aceptó y ello propició que el 14 de Marzo se cumpliera el medio siglo de ejercicio vocacional, que para ti fue intensivo, a pleno empleo y sin ahorrarte oportunidad que se te presentara por delante el Seminario, la Escuela de Magisterio y la propia Diócesis en tan diversos servicios . Cincuenta años “como un ayer que pasó”. Y, dada tu gran capacidad intelectual, por el legado y plasmación en tus escritos podemos decir con propiedad, “ahí queda eso”.

 Por mi parte, querido Silverio, no puedo menos que agradecerte tantas atenciones para conmigo y tus desplazamientos a Turón, mi tierra en aquel verano famoso, para prepararme y facilitar la incorporación de un Curso que me llevó a ser vuestro compañero de Ordenación.

 Quiero hacerme eco de nuestros compañeros de promoción (Covadonga 52) que me encargaron, con todo cariño, este escrito y que te están tan agradecidos por tanto, por todo, sobre todo por tu cariño, amistad y compañía.

 Pero no podemos obviar que todo tiene una motivación, que está por encima de todo y que subyace a toda tu vida en dedicación plena sin reservarte nada. Se trata de tu amor apasionado a la Iglesia que con San Agustín tu conocías muy bien “como Santa y Prostituta”.

  Veo oportuno hacer algunas citas, antes de poner la suya de por sí muy reveladora: 

 A la iglesia a la que he amado más que nada en este mundo, tan imperfecta como amorosamente (Ruiz de la Peña en su testamento espiritua). Más que hacer un testamento referente a mi persona, quisiera dar las gracias: gracias a Dios por todo lo que he recibido de la Iglesia, en la Iglesia y por medio de la Iglesia. Y quisiera invitar a todos a servir al evangelio y a la Iglesia con alegría, con absoluta sinceridad y franqueza. “Servir es reinar”. Y es fuente de perfecta alegría gastar la vida al servicio de la libertad que cura. Bernard Häaring.

  ¿Queréis saber por qué amo apasionadamente a la Iglesia? Por cuatro razones: -Porque salió del costado sangrante de Cristo. -Porque a través de ella me ha llegado el recuerdo y el Evangelio de Jesús – Por sus Santos que son como mojones del camino que hemos de caminar – La cuarta razón es porque la Iglesia es mi madre, ella me engendró en la fe, ella me alimenta con sus sacramentos. Y ¿sabéis? Mientras mi madre de la tierra vivía, yo no tuve tiempo de preguntarme si tenía defectos. Tenía que invertir todo el tiempo en quererla. 

Cito ahora textualmente a Silverio Cerra en el momento que capta su pensamiento y sentir como es el del recordatorio que se repartió en Valdecuna en su Primera Misa: 

 “SEÑOR:

 Te doy las gracias por pertenecer a una época difícil y exigente que no tolera la mediocridad en tu servicio. 

 Te doy las gracias por vivir en Asturias, donde la gravedad de los problemas nos exige la máxima tensión.

  Te doy las gracias por la Iglesia que es tu respuesta al mundo:

  -por el Papa que conoce y siente todas las necesidades de los hombres;

  -por el Concilio, por la esperanza que ha despertado, por la renovación que nos trae.

  Te doy las gracias por haber nacido en una familia pobre, obrera: en ella pude conocer la pobreza, ell trabajo, el sacrificio.

 Te doy las gracias por los que me han guiado, corregido y ayudado en todos los órdenes; por los que se preocupan por mí, los que me sostienen con sus oraciones, su consejo, su apoyo. Todos tienen parte en mi sacerdocio.” 

 Trascribo unas palabras de su hermano Luis, mi amigo desde hace muchos años: 

“El Señor quiso que una fecha tan señalada como la del domingo, en que el párroco de Valdecuna, D. Manuel Roces, te tenía preparada una celebración para conmemorar tus Bodas de Oro sacerdotales, sin regatear esfuerzos de ningún tipo, hayas marchado al lugar donde no perturban las veleidades humanas para celebrarlas con otros muchos bienaventurados. Este acto, en la misa de una, iba a constituir una sorpresa para ti. Al final, la sorpresa fue para nosotros.

  Aquí hemos tenido la ocasión de corroborar lo mucho que te aprecian como persona, por tu trabajo incansable y por tu honradez intelectual”

 Confío ahora que esa Iglesia que él conoció como “auténtica respuesta al mundo” y que la Santina de Covadonga a la que amó apasionadamente, le hayan presentado ya en los brazos amorosos del Padre de la Misericordia. 

 

 

 

Funeral por Cerra en el Seminario

 

 

 Fdo: Laurentino Gómez Montes, Sacerdote jubilado

 

 PUBLICACIONES DE SILVERIO CERRA

 Publicaciones: Dejo a un lado artículos de prensa, comentarios radiofónicos, incluso poesías que ponen de relieve su sensibilidad. Te envío un compendio de sus abundantes publicaciones, por orden cronológico:   

Civilización actual y Humanismo. Oviedo, 1969.

 Ideas antropológicas de Feijoo. Valencia, 1973.

 Studium Ovetense: varios artículos sobre Feijoo, San Isidoro de Sevilla, las reliquias de la Cámara Santa, romanización de Asturias, etc. en diversos números.

 San Melchor de Quirós. 1988, 1996, 2004, 2011.

 San Cosme y San Damián. Mártires de Cuna. Valdecuna, 1992.

 San Salvador de Valdediós. Emblema de un reinado, expresión de una cultura. 1993.

 Ensayos en siembra. Asturias, 1993.

 San Pelayo. La gracia y el valor de un niño. Oviedo, 1994.

 San Blas, Obispo y Mártir. Oviedo, 1994.

 La Semana Santa en Piantón. Marco y forma de una vivencia popular. Vegadeo, 1995.

 Fray Ceferino González, filósofo y cardenal. Madrid, 1996.

 La Virgen de las Angustias, Madre de Dios, Madre y Protectora de Villanueva. Ribadedeva, 1996.

 Sociología de la Educación. Asturias, 1998.

 Novena al Santísimo Cristo del Amparo de Nueva. Llanes, 1998.

 Fundamentos filosóficos y antropológicos de la educación. Asturias, 1998.

 Señor, escucha mi voz. Oracional. Asturias, 1998.

 Antropología. Desde la vida al Espíritu. Oviedo, 1998.

 Un milenio de Filosofía europea. Oviedo, 1999.

 Filosofía social. El hombre en comunidad. Asturias, 1999.

 Novena a Nuestra Señora la Blanca. Nueva-Llanes, 1999.

 Vida y novena de Santa Rita. Arriondas, 2005.

 Juan Pablo II, peregrino en Asturias. 2005 (En colaboración).

 Vida y novena de San Cosme y San Damián. Parres, 2006.

 Peregrinando a Covadonga.Oviedo, 2007.

 Claves de la Comunicación actual. Oviedo, 2007.

 ¿Qué es Covadonga? Biografía del Santuario más antiguo de España. Gijón, 2008.

 Otras caras del dolor. Oviedo, 2008.

Vida y novena de San Antonio de Padua. Oviedo, 2011.

Novena de Nuestra Señora de la Asunción. Vegadeo, 2011.

... ... ... ... ... ... ... ... ...Quedan pendientes las más recientes y últimas como los trabajos dedicados a los Seminaristas Mártires, a la Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II y el libro que se regaló a los sacerdotes la Festividad de San Juan de Avila… 

Laurentino Gómez

 

(En este mismo número de Covadongadigital.es tenemos su colaboración sobre la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II)

 

 

 

 

 

 

 

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