covadongadigital.es

Honramos en la oración y en el recuerdo a nuestros compañeros fallecidos: Jesús Famjul Celorio,Gonzalo del Rey Alcalá, Manuel Gómez Álvarez, Rafael Álvarez Rey, José Antonio Novoa Cuesta, Reinerio Patón Sánchez, Venancio García Díaz, Luis Álvarez Fernández, José Vicente Ordóñez Noriega, Silverio Cerra Suárez y Miguel Ángel Díaz Bardales, Ángel Menéndez Tablado, Julio Villanueva Álvarez, Francisco Rodríguez Gómez

 

In memoriam       

   

       J. Fanjul

JESUS FANJUL CELORIO,

un hombre afable con la pipa en la mano

 

Guardo un grato recuerdo de aquellos años de convivencia, primero en Covadonga y después en Oviedo. El perdió el nombre de Jesús por el camino al Seminario, por eso siempre le conocimos como Fanjul. Nombre muy sidrero de Limanes y los aledaños como Meres.

Le perdimos la pista durante muchos años. Cuando lo recuperamos para el grupo, hace unos años, nos recordó a todos su afabilidad, sencillez y espíritu de servicio. Asistía puntualmente a cada una de las citas poniéndose al servicio de los demás.

Recuerdo con especial nitidez, como si hubiese ocurrido ayer, un paseo que hicimos por el camino de Llerices. Era el primer año de Cursillo de verano en Covadonga. Detrás de un "matu" cometimos el pecado de fumar un pitillo de celtas. Hasta aquí todo normal, aunque era un hecho imputable severamente por la represora autoridad...

Lo curioso y destacable fue el "pitu" de Fanjul. Sacó papel de fumar, lió dos pitillos en paralelo y les prendió fuego. Parecía una escopeta de dos cañones que apuntaban al orden establecido con pretensiones de revancha... Fumando de dos en dos se compensaba, en alguna media, la injusta prohibición.

Pasaron los años. Cuando, de nuevo, se reintegró al grupo, ya no fumaba celtas. Inmolaba una fina y aromática picadura holandesa en una lujosa pipa. Más adelante, el día 8 de Abril de 2004, un vengativo cáncer de garganta nos lo llevó a la Casa del Padre. ¡Ah! la Casa del Padre. Dicen los estudiosos que el texto de Jesús está mal traducido del griego. Donde dice "voy a prepararos un sitio en la Casa del Padre", debe decir: "voy a prepararos un sitio en la Casa del Padre donde se puede fumar eternamente..."  Por eso me imagino a Jesús Fanjul echando más de una pipada con el portero Pedro. Descanse en paz. 

 Luis M Alvarez Fdez.

 

 

      

 

 Gonzalo del Rey Alcalá.

 

      Gonzalo del Rey Alcalá falleció en Espiel (Córdoba) el día 11 de enero de 2008 a la edad de 78 años. Había sido     ordenado sacerdote en la iglesia parroquial de La Felguera el día 14 de marzo de 1964, después de haber trabajado como minero durante unos años en la Cuenca Minera del Nalón.

Habiendo desempeñado el primer cargo pastoral como coadjutor de la parroquia de San Miguel de Lada, en 1966 se incorporó a la Diócesis de Córdoba donde ejerció variados y complicados servicios parroquiales, compaginando el servicio de ‘cura’ con la de profesor de Filosofía en distintos Institutos de Enseñanza.

En Cartas al Director del periódico de Los Pedroches, José I. Pérez Peinado escribió una hermosa semblanza de este hombre, ‘compañero del alma’ y de tantas veladas; de esta despedida destaco algunos párrafos que le presentan tal cual era para los que tuvimos la gracia de su compañía y amistad.

“Querido Gonzalo: has bañado nuestras vidas con la luz irrepetible de tu existencia ejemplar. El humanismo y la sencillez, el desprendimiento del dinero y de todo lo material, el trabajo incansable, el compañerismo y la continua disposición al servicio de quienes te necesitaban, el rigor en el cumplimiento de tus deberes, la paz que nunca perdiste ni en medio de las injusticias que soportaste y el continuo apoyo prestado a las causas más nobles han brotado de tu corazón con la misma naturalidad que brota el agua de la fuente.

Para los no creyentes queda tu hombría de bien con valores inconfundibles de incansable bondad. Para los creyentes dejas un testimonio de evangelio puro, muy por encima del cumplimiento de las leyes eclesiásticas y las exigencias de la mera obligación.

La Cuenca Minera de Asturias forjó tus ideales de solidaridad y comunión con los débiles de este mundo y el ingreso en el Seminario de Oviedo hizo que se reforzaran con el vigor de lo sobrenatural. El cáliz que te regalaron tus compañeros de la mina te trajo un mensaje inolvidable: no creían en la Iglesia, en general, pero creían en ti.

Aquí, como en Asturias, dejas tu sendero cuajado de amigos porque al cruzarte con la besana de nuestras vidas has sembrado el amor a manos llenas.”

 ¿Resta algo por decir? Esto es algo de lo que podemos decir nosotros, el resto es ‘palabra y obra’ de Dios.

 Ceferino Alvarez Bermudez 

 

     Manuel. Gómez 

 

 

 

   Manuel Gómez Álvarez en el recuerdo

 

Manuel Gómez Álvarez falleció en la Casa Sacerdotal de Oviedo el día 26 de julio de 2008 a la edad de 68 años. Había nacido en Fresnedo, parroquia de Zardaín (Tineo), lugar de abiertos horizontes y fragosa superficie.

Ingresó en el Seminario de Covadonga, llegado de una ‘perdida’ aldea de las Asturias de occidente como muchos de nosotros, en plena niñez.

Después de doce años de formación y convivencia, se ordenó sacerdote en la parroquia de La Felguera el día 14 de marzo de 1964.

Comenzó a ejercer su dedicación pastoral en la parroquia de Trubia como coadjutor del venerable D. Amador; pasó luego al Oriente de Asturias, a parroquias de Peñamellera Alta, dando a continuación un salto al Occidente: parroquias de la Sierra de Lagos en Pola de Allande.

 De aquí es llamado al Centro de Asturias y, en servicios sucesivos, es ‘cura’ en parroquias de Grado y Ribera de Arriba para finalizar su actividad pastoral, ya a edad madura, en la parroquia de juventud: Santa María de Trubia.

En octubre de 2007, por problemas de salud, se ve obligado a jubilarse de servicios parroquiales y pasa a residir en la Casa Sacerdotal de Oviedo. En esta ‘edad dorada’ se traza realizar, con esa disciplina propia de él, varios proyectos de descanso y de actividad posible.

Dispuso de escaso margen de tiempo para tantos planes, porque a principios de diciembre comienza su propio calvario de visitas a médicos, de pruebas en hospitales, de internamientos y de cirugías, de esperanzas en la superación del mal y de optimismo (¡ese optimismo que tanto le caracterizaba!) así como de rendiciones y acato paciente de la realidad que se imponía y así mantuvo el tipo hasta el fin de sus días.

Sirvan, como homenaje de cariño y amistad tantas veces manifestada, algunos párrafos de la homilía que pronunció D. José Manuel Fueyo, el párroco sucesor en Trubia en la emotiva misa de funeral que sus feligreses pidieron y compartieron con emoción.

“Amigo Manuel: todas estas personas que llenan hoy este templo de Trubia, tu primera y última parroquia como servidor del Evangelio, están aquí por ti; tú estás aquí; eres tú quien nos reúne una vez más. Sí, con frecuencia reunías a la gente, ésa era tu vocación: reunir, juntar para orar, reflexionar, agradecer y celebrar. Era tu vocación de sacerdote y tu gracia como persona: estar junto a los hermanos. No eras un ermitaño, sino un pastor de tu pueblo. Y aquí estamos para atestiguar que eras un buen pastor. Nos viene ahora a la memoria todo: tu manera de ser, de acogernos, , tu sonrisa, tu jovialidad, tu brío. Las circunstancias de nuestra vida, las alegras y las tristes, las habías compartido con nosotros y habías sembrado tantas cosas: palabras, silencios, presencias, plegarias, cercanías, apretones de manos, consejos…Tu cama de la Casa Sacerdotal y del Centro Médico han sido Cruz salvadora y tu dolor pasión redentora. Ojalá desde esa misma fe seamos capaces de luchar con todas nuestras fuerzas a favor de la vida y el bien, en contra del dolor y del sufrimiento. Ojalá nos esforcemos en no ser una cruz para los que nos rodean. Ojalá seamos consuelo y ánimo de los que padecen y que sepamos agradecer y valorar, como don precioso, la ofrenda en la cruz de quienes sufren.”

 

La muerte de Gómez nos dejó un trocín de corazón vacío de vida. ¿Con quién vamos ahora a repetir algunos de los chascarrillos que a él tanto le gustaba repetir y tanto reía?

 

Ceferino Alvarez Bermudez

 

 Rafael Álvarez Rey

 

 

 

 

Duelo por Rafael Álvarez Rey, párroco de Castiello.

Hemos despedido a Rafael, párroco de Castiello. Rafael Álvarez Rey, compañero de estudios, amigo de la casi infancia y de la primera juventud, con quien tanto hemos reído, con quien tanto hemos vivido. Nos habíamos visto la última vez hace más de treinta años, en un encuentro casual en la plaza de la catedral; no podíamos saber que habría de ser el último.

Años antes, durante una convalecencia que me tenía aburrido en casa, recibí una carta suya con una frase enigmática: «Timeo hominem unius libri». Como estábamos entonces en los estudios de retórica, quiero pensar que me echó Rafael lo primero que encontró a mano, sin sugerir la hipótesis malévola de que anduvieran mis lecturas de aquellas calendas por el primer volumen... Más te vale, Rafael, porque esas indirectas se pagan con el purgatorio.

«Cómo nos esparce la vida». No diré, por pudor, de quién y en qué circunstancias recogí estas palabras ¡Pero acuden tan oportunas a la cita...! No sabía yo que Rafael fuera párroco de Castiello (por no saber, ni sabía que existiera este Castiello al lado de Gijón). Y ahora el repertorio de ausencias es ya irremediable por definitivo.

José Antonio Olivar, poeta, otro amigo común con quien también perdí contacto en esta diáspora de la vida, había escrito premonitoriamente: «Nos invaden los años como números lentos...». Teníamos entonces la vida por delante y el mundo nos parecía tan pequeño que nos lo poníamos alegremente por montera o nos lo comíamos sin tropezar, de un trago (ah, ’vive lumiére de nos étés trop courts’!).

No doblaron las campanas en el funeral de Rafael. Que alguien me explique, por favor, cómo puede despedirse a un párroco sin que las campanas de su iglesia tengan algo que decir en esa despedida. ¿Por qué no doblan las campanas, si su bella resonancia viene de la cuerda más íntima y antigua del alma de Europa (aunque no lo haya dicho G. Steiner, que a lo mejor hasta lo ha dicho)? Desde los allegro y andantino de bodas y bautizos al adagio maestoso del toque de difuntos, el tañer de las campanas, con sus modulaciones rituales, pautó las partituras de la vida (la de «los que viven por sus manos y los ricos») durante casi dos milenios.

¿Habremos pasado de una iglesia triunfante a una iglesia vergonzante? Pues si con el pretexto de que vivimos en una sociedad laica y secularizada, han enmudecido las campanas, que se vaya pensando también en precintar a Bach. ¿O no es, la suya, una música religiosa? El silencio de las campanas de Asturias es un empobrecimiento cultural grave, pero más grave todavía es el que nadie parece percibir ese estruendoso silencio.

Pero, ¿quién le ha dado a uno vela en este entierro? Fui a Castiello a despedirme de Rafael porque no podía acompañarlo, como me pedía el corazón, en su viaje de retomo a Somiedo, la tierra que le vio nacer y que, desde hoy, le acoge ya para siempre. ¿Cuál sería la expresión más ajustada a esta ocasión postrera? ¿Hasta pronto? ¿Hasta siempre? Rafael, que había estudiado odegética en Bruselas, tendría puntualizaciones muy precisas para estas perplejidades nuestras; que algo tiene que ver su disciplina con el viaje y los caminos hacia el más allá.

Al descender, ya de vuelta, por las laderas de Castiello, llena el alma de pesadumbres y nostalgias, me trajo el horizonte del Cantábrico aquellos versos de Rimbaud: «C’est quoi I’éternité? / C’est la mer allée avec le soleil». Que la tierra le sea leve a Rafael y perdurable el recuerdo. Que «no desotra parte en la ribera dejará la memoria en donde ardía».

Ramón Alonso Nieda. 21-11-2008

 

 

 

      J.A. Novoa

 

 

EN  RECUERDO  ENTRAÑABLE  DE

J O S E   A N T O N  I O   N O V O A   C U E S T A (R.I.P.)

Será breve, concentrado y emocionado, como tu vida, amigo del alma.

Tenías solo 25 años y 10 meses (n. 25-02-41).

Ilusionado, con las primeras experiencias de tu apasionada vocación de servicio y orientación evangélica. Hacía pocos meses que te habían encargado ser Consiliario del Movimiento Junior de nuestra Diócesis (30-8-66), teniendo como base la parroquia de S. Francisco de Asís en Oviedo, ayudando al inseparable profesor Dn.Oscar de la Roza que, ¡por fín!, había logrado trabajar en una parroquia.

Apenas dos meses antes de aquel fatal accidente en el que, como hostia horneada, el carburante en llamas de tu seminueva y gran moto te abrasó gran parte de tu cuerpo, fuiste a verme a Caleao y, tras larga y animada conversación, me pediste la absolución; te acompañé de vuelta varios Kilómetros: parecía no querer romperse aquella presencia.

Fue larga tu crucifixión en el Hospital; en ella viviste la energía espiritual del sufrimiento que hace crecer nuestros afectos y conserva en ellos el frescor de la eternidad. Pensábamos que la superarías, pero el 29 de Diciembre del -66 entregaste tu espíritu a las  manos del Padre, mientras tu cuerpo duerme unido a toda la naturaleza en el cementerio de S. Cristóbal (Avilés), pueblo que te vio nacer, a la espera de su glorificación con todos los que en tu vida amaste.

Dos años y medio de sacerdocio, de esfuerzo entre la pasión de la tierra por construir y la pasión del cielo por ganar, ejercido primeramente durante dos años en las parroquias más altas de Quirós: Salcedo, Bermiego, y Muriellos, que serviste con sacrificio, por muy idílico que se pinte, como lo puede atestiguar tu voluntarioso amigo Cayo, cuando en Semana Santa te acompañó y experimentó en sus pies y posaderas lo duro y solitario de aquellas largas caminatas. El segundo y último nombramiento fue, como ya está dicho el de Consiliario de Junior y Coadjutor en S. Francisco, Oviedo (30-8-66) hasta el fallecimiento. De las actividades y frutos de esta etapa podría dar testimonio tu continuador en la atención pastoral a los peques, el compañero Fuentes.

La comunicación conjunta entre compañeros de curso fue nula durante aquellos primeros años; parecía que estábamos cansados de convivir y necesitados, incluido tu, de liberación personal, con cierta utópica autosuficiencia; solo de forma personal o de pequeños grupos se mantuvo alguna relación. Faltó una premeditada organización que comprometiese una periódica y animosa reunión, por lo cual hay bastante desconocimiento mutuo durante este tiempo.

Retrocediendo en el tiempo volvemos al Seminario. Por simpatía, carácter, aficiones o parecidos fue en él donde hubo mucho tiempo para crear y sostener maravillosas amistades, mientras que con otros muchos simplemente convivíamos, aunque tu tenías una fácil apertura para unos y otros, los que relucían y los menos. Fuimos, ¿verdad, Novoa?, amigos entrañables, máxime desde la adolescencia hasta el final; recreos, paseos, juegos (el frontón era nuestro fuerte), colaboración en los estudios, en los que te significabas con notables y sobresalientes en tu búsqueda como peregrino de la verdad y me ofrecías ayuda con verbo fácil y escritura puntiaguda; hasta aquellos espumosos cafés que preparábamos en tu habitación, cuyos ingredientes te traía periódicamente tu querida mamá Pilar, por la que guardo íntimo afecto y agradecimiento; la estima crecía en mutua supervaloración.

Recuerdo el “Grupo de Jesús Obrero”, que formamos con otros pocos compañeros, con la inclinación de servicio al mundo obrero, haciendo reuniones planificadas de información y estudio reivindicativo y evangélico sobre temas de la Doctrina Social de la Iglesia, que luego nos llevarían a comprometernos en este campo. 

Llega el momento de los compromisos fuertes y una duda surge respecto a nuestra fortaleza para superarlos y se reafirma un rechazo al tradicional “status clerical”, aunque convencidos de que nuestra meta era ejercer el sacerdocio al estilo de los nuevos aires del Vaticano II. 

Así es cómo, Novoa, fuiste miembro de un grupo que nos ordenamos de Subdiáconos un año más tarde que la mayoría del curso; de Diáconos cuando ellos de Presbíteros en La Felguera 814-3-64), y nosotros en la capilla del Arzobispado el día 28 de Junio del mismo año 1.964, con la imposición de manos del recién llegado Monseñor Enrique Tarancón.

  Ahora, en cada reunión de curso, tenemos un recuerdo en nuestra oración por los compañeros fallecidos, siendo tu, Novoa, el primero de los ordenados. De forma especial cuando a primeros de octubre nos juntamos en Covadonga y nos sentimos como aquellos niños que en el año 1.952 teníamos 12 años, y tu, con otros pocos, eras de los más niños aún, con solo 11 años.

       Seguimos encariñados con nuestra Madre, La Santina, a la que tu ves y ruegas por tus amigos y compañeros que no te olvidan.

 Los años pasan rapidamente y, no tardando, nos encontraremos.

 

Angel  Solís  Alvarez

 

 

 

      R. Patón

 

 

 

 

 

      Venancio G.

 

 

 

 

 

 

In memoriam    VENANCIO GARCÍA DÍAZ

                     "EL PASTOR PEREGRINO"

  No en el río Tormes como Lazarillo, sino en el río Luna. A su vera nació, junto a él culminó su vida de entrega sacerdotal y de nuevo junto al mismo río volvió a su pueblo natal para in pulverem revertere.


 Nació a mediados de agosto de 1940 en Mataluenga (Mata Longa), a orillas del Río Luna en su conjunción con el río Omaña que da lugar al río Órbigo. Yo nací unos 20 kilómetros más arriba a orillas también del río Luna (Vega  de Caballeros). Ambos pueblos pertenecieron durante mucho tiempo al Conde  de Luna (otra vez el río) a quien había que pagar tributos. Además había
 diezmos para el Monasterio de Monjas cistercienses de Otero de las  Dueñas.


  Aunque no lo recuerdo, posiblemente nos examinamos para Ingreso en el Seminario de Oviedo el mismo día (recuerdo a D. Ramón Iglesias, ya difunto) junto con otros compañeros de la provincia de León que pertenecíamos a la diócesis de Oviedo (Comarcas de Babia, Luna, Omañas y  Benavente)  El examen de ingreso fue en el Seminario de León. Por allí  anduvimos perdidos unos cuantos niños de unos 12 años. Cuando volví a mi  pueblo había una tormenta tremenda y el río Luna desbordado por las  vegas contiguas. No nos tocó la preparación con D. Abel, El Párroco de  Otero de las Dueñas, en cuya preceptoría pocos años antes se preparaban  hasta cuarto de latín los  niños de la zona que ingresaban después en el  Seminario de Oviedo (Los Viñayo, Bardón, Manolín, César, mi hermano y  tantos más).


  Juntos pasamos los dos primeros años de Seminario en Covadonga con otros  compañeros de León (Manuelo, Blas, Melecio, Aguado, Secundino Ordóñez, Jesús Campazas, Juan Guerra, Santiago Morán, Robla, Abilio..).


  Cursamos tercero y cuarto de latín en Oviedo. Con otros muchos  compañeros de León (que pertenecieron a la diócesis de Asturias) se fue  a esa ciudad para estudiar 5º de latín (unos pocos leoneses de  nacimiento nos quedamos en Oviedo). Se ordenó de sacerdote en 1964 en  León, como lo hicieron en La Felguera, en marzo, el resto de compañeros de Covadonga (algunos de Oviedo se ordenaron en Oviedo en el verano y dos lo hicimos en León en el Congreso Eucarístico Nacional (por estar  estudiando en Salamanca).


  Su primer encargo parroquial fue en Fuentes de Peñacorada cerca de Cistierna. Después estuvo de 10 a 12 años en Prioro y Tejerina (algún tiempo se encargó también de Morgovrejo). Allí llegó a ser un verdadero cura obrero; comenzó llevando enfermos y sanos a la ciudad por puro amor al prójimo necesitado. Con el tiempo llegó a ser "taxista oficial" del  lugar.


  Lo trasladaron a Villanueva de Carrizo, de Párroco (encargado también de  Azadón, Cimanes y Secarejo). Allí estuvo más de 20 años, siendo al  mismo tiempo Profesor del Instituto de E. Secundaria de la localidad. Se jubilaba el 31 de agosto de 2004 de la enseñanza en el Instituto (apareció en el BOE de Castilla y León). No llegó a disfrutar de la jubilación puesto que murió un sábado de marzo de 2004, en Carrizo de la Ribera, donde vivía con su hermana, viuda. Pocos días antes de su muerte lo visitaron Ceferino, Custodio, Artemio y Marino.


  En todos los pueblos por los que pasó dejó impronta de su buen hacer y de su celo sacerdotal así como de su dedicación a la enseñanza de los  jóvenes estudiantes. Estaba muy relacionado con todos sus feligreses como lo demuestra el que Organizase durante todos estos años multitud  de excursiones y viajes de peregrinación a Lourdes (unos 16 como mínimo), Santiago, Sevilla. De ahí que le llame el Pastor peregrino.
  A su entierro (donde por exceso de celo del cura de aquel año en Mataluenga no se celebró una misa sino una celebración de la palabra por ser Domingo) acudieron multitud de sacerdotes de la diócesis de León y unos cuantos compañeros de la de Oviedo, quienes todavía le habíamos  visto ese año en marzo en la reunión de compañeros que habíamos empezado  en Covadonga en 1952.


  Nosostros te recordamos presidiendo la Eucaristía en algunas de las reuniones de curso pocos años antes de tu muerte. Notábase en ti la  dicha al celebrar la eucaristía así como la alegría de encontrar a los viejos amigos de la infancia en Covadonga.


 Cayo González Gutiérrez
 

 

 

      Luis A. Fdez.

 

 

 

 

 

In Memoriam

 

LUIS ÁLVAREZ FERNÁNDEZ

Amigo Luis: Cuando los días 6 y 7 de octubre nos reunamos en Covadonga los “niños” que comenzamos allí los estudios hace 60 años, todos estaremos pendientes de una silla vacía. Hablaremos de tu ausencia y despedida rápida, en silencio. Aparte de tu dedicación plena al Sacerdocio (en varias parroquias, en la Catequesis, en la creación de páginas web de la Diócesis…), fuiste eminente en el grupo con tu fotografía, tu Presidencia del Foro Covadonga y tu inestimable y nunca suficientemente agradecida dedicación a la Revista Covadonga Digital. Queremos dedicarte este número tres de covadongadigital.es.

 

En él hemos puesto todo nuestro deseo, esfuerzo, cariño… aunque en el aspecto técnico no será como los dos anteriores que tú dirigiste. Estabas ya preparando este número 3, del cual te habíamos enviado sucesivos artículos… También dejaste sin entregar el nuevo programa para el Archivo Histórico Diocesano como recordó Hevia Ballina en la prensa. Supongo que dejaste sin respuesta otros muchos proyectos, quizá uno de los más importantes el libro que tenías preparado sobre la Catedral de Oviedo, cuya página web habías construido, lo mismo que la de Covadonga.

Habías nacido en Puente de los Fierros el 25 de diciembre de 1939. En el curso 1952-1953 te incorporaste con otros 103 niños al Seminario de Covadonga, terminando tu carrera sacerdotal y siendo ordenado en La Felguera  el 14 de marzo de 1964. Te recordaremos siempre en las reuniones del 14 de marzo lo mismo que el mes de octubre en Covadonga.

Sembraste la Buena Nueva con palabra y ejemplo en Trevías, Luarca, Ciaño…

En 1984 te incorporaste  como Director al Departamento Diocesano de Catequesis dedicándote con entrega sobresaliente a la atención de niños y catequistas, publicando ya varios libros sobre la catequesis. Así hasta el año 2007 en que te incorporaste en el mismo Arzobispado a la sección de Nuevas Tecnologías. Casi simultáneamente fuiste profesor del Instituto Superior de Estudios Teológicos del Seminario de Oviedo.

Recordamos tu foto con Juan Pablo II en Covadonga, como  responsable de la organización de su visita.

Como presidente del Foro Covadonga (desde 2004 cuántas visitas y reuniones nos unieron con otros compañeros) presidiste en Covadonga la presentación del primer número impreso de la Revista Foro COVADONGA, en 2005. Al no poder asumir los costes de los siguientes números como era nuestro deseo, de ti partió la idea de CovadongaDigital.es, cuyo número tres te dedicamos.

Tu despedida oficial en la Iglesia de la Argañosa (el día 11 de junio de 2012) fue realmente extraordinaria. Más de cincuenta sacerdotes presididos por el Arzobispo y con la presencia de muchoS de tus amigos de curso. Habías fallecido el día 9, sábado. Nos dejaste en silencio, sentado en tu sofá y con el móvil en la mano.

Luis, amigo, en la Eucaristía del día 7 de octubre, en la Colegiata de Covadonga, te recordaremos especialmente. Supervisa desde la casa del Padre todas nuestras obras.

Cayo González Gutiérrez

 

JOSE VICENTE ORDOÑEZ NORIEGA 

 

 

Tratando de vivir el ahora, comencemos su historia por el final: era el día 21 de Marzo del 2013; una llamada a hora intempestiva augura noticias dolorosas que corren veloces. Nuestro compañero y amigo había fallecido aquella noche; emprendió el viaje en el que, como meta siempre reconoció unos brazos de Padre, como brújula tenía la Biblia y como compañero al Señor Jesús. Una vez más, y ya son muchas, las maletas se hicieron a toda prisa, o mejor dicho, tomó vuelo con lo puesto y las manos sobre el corazón.

 

 

 

A decir verdad, los preparativos para esta aventura ya comenzaron setenta y dos años antes: era el 15- 01- 41 cuando en La Vega de Tresali el matrimonio formado por Vicente y Marina recibía al segundo de sus tres hijos; poco después vinieron a residir al barrio La Turrá de Nava donde creció, como sabemos por propia experiencia, con las limitaciones de los años de la posguerra, que nos hacían o “espabilar” o acobardar.

NACIDO PARA ALABAR A DIOS; los sobresalientes en griego sabréis decirlo con una sola palabra y quedaría muy elegante. Sí: toda su vida fue un canto al Señor. A los diez años loaba a “la Reina de nuestra Montaña” en la Escolanía de Covadonga y al año siguiente entraba en el Seminario, donde, durante seis años, con clase diaria de música, más los ensayos y oración litúrgica, la alabanza a Dios era tanto o más que el pan nuestro de cada día. Como buen estudiante mereció el sobrenombre de “Cicerón”, acaso invención de D. Oscar.

Su relación con la música continúa como creador, director y mantenedor de por vida del coro “Allegro”, en el que las voces navetas recreaban las maravillas de la creación y agradecían al Dios de la misericordia la presencia de su Hijo y del Espíritu en los días festivos. Su constante colaboración parroquial ensayando cantos a los niños, ofreciendo su fuerte voz en las celebraciones y haciendo vibrar nuestros ánimos al unísono con el órgano, que cuidaba con especial esmero, fue un regalo incalculable para esta comunidad.

 En ese disfrute musical se gestó el largo noviazgo que culminó en su matrimonio con Rosaura Cueto Fernández en el año -83; evento que festejaba año tras año con su peregrinación agradecida a la Santina de Covadonga. A su esposa, que vive con entereza ejemplar y cristiana este trance doloroso, la felicitamos por los años vividos con él y, cercanos, sentimos con ella la desdicha con que se vive la muerte de quienes amamos.

Su vida laboral, tras breve tiempo dando clases en una academia y otros trabajos, se estabilizó definitivamente en la Mutua de Seguros Madín, ahora Ibermutua, jubilándose en el 2004. Disfrutó estos nueve años continuando su servicio a la parroquia, al Club Europa de Nava, del que fue presidente durante veinte años, a la vida familiar con exquisita atención a su esposa y largos años a sus ”mamás”, con el trato siempre afectuoso y provocador con sus amigos y vecinos, pero cuidadoso y lejano de todo juicio o comentario inútil. Disfrutando, cómo no, de una entusiasta degustación del ocio por las sidrerías y cafeterías navetas.

 Su caminar erguido y acompasado rememoraba el “paso alegre de la paz” al son marcial de los altavoces en la clase de educación física del Seminario o el militar en El Milán, cuando, siendo cabo encargado del botiquín, llegaba sangrante y buscando una baja, su antiguo compañero J. L.G. Nuevo, y él, el cabo, increpaba: ¡soldado, erguido, esto se arregla con un esparadrapo! Pero uno y otro no pudieron disimular las heridas sufridas en las batallas de la vida….

Estremecida “la Villa de la sidra”, solo tenía palabras de elogio: “entusiasta con las cosas de Nava”, “educado y ordenado”, “bellísima persona que estaba en todo”, “servicial y disponible”, “amigo, festivo y digno de admiración”, “humilde y discreto”, “cariñoso, creyente y de trato cordial”, “suyo fue el Europa, el Allegro, la iglesia y la sidra”. Resumido con palabras de su esposa, bañadas en lágrimas: “muy bueno y muy entregado a los demás”.

Te rendimos un cálido y sentido homenaje, mejor, se lo rendimos a Dios por habernos prestado tu vida el tiempo que consideró suficiente; en él se vieron tus muchos amigos, te acompañaron las voces que tu querías y los sones del órgano que tu dejaste mudo, animados tímidamente por tu, nuestro, compañero y creador musical F.M. Viejo.

DESCANSA EN PAZ. HASTA NUESTRO ENCUENTRO PASCUAL.

 

           Angel Solís A.

 

 

 SILVERIO CERRA SUÁREZ

 

 

 A MODO DE HOMENAJE PÓSTUMO A SILVERIO BENJAMÍN CERRA SUÁREZ

 

Pensando en ti y en tu partida tan inesperada, me viene a la memoria aquello que alguna vez comentamos:  “Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra”. (El tiempo se escapa como las nubes, como las naves, como las sombras). Como las nubes (Job, 7,9); Como las naves (Job, 9,26); Como las sombras (Job, 14,2) ,junto con el “ Carpe Diem” (Aprovecha el momento), del poeta latino Horacio. Así considero yo tu aprovechamiento del tiempo ahora lo mismo que tu vida, a la que me atrevería a calificar de “Cura hasta la sepultura”. Parece que fue ayer cuando al llegar s Oviedo en el Ferrocarril del Vasco para el comienzo del Curso, te acompañaba a las Benedictinas a visitar a tu prima carnal Madre Amparo, la Abadesa, con algo de morriña por el internado del seminario y salíamos de allí animados y reconfortados por ella

Habíamos ido a pedirle al Arzobispo, D. Segundo, las Órdenes para Marzo, en vez de Junio, al final del Curso. Él nos lo aceptó y ello propició que el 14 de Marzo se cumpliera el medio siglo de ejercicio vocacional, que para ti fue intensivo, a pleno empleo y sin ahorrarte oportunidad que se te presentara por delante el Seminario, la Escuela de Magisterio y la propia Diócesis en tan diversos servicios . Cincuenta años “como un ayer que pasó”. Y, dada tu gran capacidad intelectual, por el legado y plasmación en tus escritos podemos decir con propiedad, “ahí queda eso”.

 Por mi parte, querido Silverio, no puedo menos que agradecerte tantas atenciones para conmigo y tus desplazamientos a Turón, mi tierra en aquel verano famoso, para prepararme y facilitar la incorporación de un Curso que me llevó a ser vuestro compañero de Ordenación.

 Quiero hacerme eco de nuestros compañeros de promoción (Covadonga 52) que me encargaron, con todo cariño, este escrito y que te están tan agradecidos por tanto, por todo, sobre todo por tu cariño, amistad y compañía.

 Pero no podemos obviar que todo tiene una motivación, que está por encima de todo y que subyace a toda tu vida en dedicación plena sin reservarte nada. Se trata de tu amor apasionado a la Iglesia que con San Agustín tu conocías muy bien “como Santa y Prostituta”.

  Veo oportuno hacer algunas citas, antes de poner la suya de por sí muy reveladora: 

 A la iglesia a la que he amado más que nada en este mundo, tan imperfecta como amorosamente (Ruiz de la Peña en su testamento espiritua). Más que hacer un testamento referente a mi persona, quisiera dar las gracias: gracias a Dios por todo lo que he recibido de la Iglesia, en la Iglesia y por medio de la Iglesia. Y quisiera invitar a todos a servir al evangelio y a la Iglesia con alegría, con absoluta sinceridad y franqueza. “Servir es reinar”. Y es fuente de perfecta alegría gastar la vida al servicio de la libertad que cura. Bernard Häaring.

  ¿Queréis saber por qué amo apasionadamente a la Iglesia? Por cuatro razones: -Porque salió del costado sangrante de Cristo. -Porque a través de ella me ha llegado el recuerdo y el Evangelio de Jesús – Por sus Santos que son como mojones del camino que hemos de caminar – La cuarta razón es porque la Iglesia es mi madre, ella me engendró en la fe, ella me alimenta con sus sacramentos. Y ¿sabéis? Mientras mi madre de la tierra vivía, yo no tuve tiempo de preguntarme si tenía defectos. Tenía que invertir todo el tiempo en quererla. 

Cito ahora textualmente a Silverio Cerra en el momento que capta su pensamiento y sentir como es el del recordatorio que se repartió en Valdecuna en su Primera Misa: 

 “SEÑOR:

 Te doy las gracias por pertenecer a una época difícil y exigente que no tolera la mediocridad en tu servicio. 

 Te doy las gracias por vivir en Asturias, donde la gravedad de los problemas nos exige la máxima tensión.

  Te doy las gracias por la Iglesia que es tu respuesta al mundo:

  -por el Papa que conoce y siente todas las necesidades de los hombres;

  -por el Concilio, por la esperanza que ha despertado, por la renovación que nos trae.

  Te doy las gracias por haber nacido en una familia pobre, obrera: en ella pude conocer la pobreza, ell trabajo, el sacrificio.

 Te doy las gracias por los que me han guiado, corregido y ayudado en todos los órdenes; por los que se preocupan por mí, los que me sostienen con sus oraciones, su consejo, su apoyo. Todos tienen parte en mi sacerdocio.” 

 Trascribo unas palabras de su hermano Luis, mi amigo desde hace muchos años: 

“El Señor quiso que una fecha tan señalada como la del domingo, en que el párroco de Valdecuna, D. Manuel Roces, te tenía preparada una celebración para conmemorar tus Bodas de Oro sacerdotales, sin regatear esfuerzos de ningún tipo, hayas marchado al lugar donde no perturban las veleidades humanas para celebrarlas con otros muchos bienaventurados. Este acto, en la misa de una, iba a constituir una sorpresa para ti. Al final, la sorpresa fue para nosotros.

  Aquí hemos tenido la ocasión de corroborar lo mucho que te aprecian como persona, por tu trabajo incansable y por tu honradez intelectual”

 Confío ahora que esa Iglesia que él conoció como “auténtica respuesta al mundo” y que la Santina de Covadonga a la que amó apasionadamente, le hayan presentado ya en los brazos amorosos del Padre de la Misericordia. 

 

 Fdo: Laurentino Gómez Montes, Sacerdote jubilado

 

 PUBLICACIONES DE SILVERIO CERRA

 Publicaciones: Dejo a un lado artículos de prensa, comentarios radiofónicos, incluso poesías que ponen de relieve su sensibilidad. Te envío un compendio de sus abundantes publicaciones, por orden cronológico:   

Civilización actual y Humanismo. Oviedo, 1969.

 Ideas antropológicas de Feijoo. Valencia, 1973.

 Studium Ovetense: varios artículos sobre Feijoo, San Isidoro de Sevilla, las reliquias de la Cámara Santa, romanización de Asturias, etc. en diversos números.

 San Melchor de Quirós. 1988, 1996, 2004, 2011.

 San Cosme y San Damián. Mártires de Cuna. Valdecuna, 1992.

 San Salvador de Valdediós. Emblema de un reinado, expresión de una cultura. 1993.

 Ensayos en siembra. Asturias, 1993.

 San Pelayo. La gracia y el valor de un niño. Oviedo, 1994.

 San Blas, Obispo y Mártir. Oviedo, 1994.

 La Semana Santa en Piantón. Marco y forma de una vivencia popular. Vegadeo, 1995.

 Fray Ceferino González, filósofo y cardenal. Madrid, 1996.

 La Virgen de las Angustias, Madre de Dios, Madre y Protectora de Villanueva. Ribadedeva, 1996.

 Sociología de la Educación. Asturias, 1998.

 Novena al Santísimo Cristo del Amparo de Nueva. Llanes, 1998.

 Fundamentos filosóficos y antropológicos de la educación. Asturias, 1998.

 Señor, escucha mi voz. Oracional. Asturias, 1998.

 Antropología. Desde la vida al Espíritu. Oviedo, 1998.

 Un milenio de Filosofía europea. Oviedo, 1999.

 Filosofía social. El hombre en comunidad. Asturias, 1999.

 Novena a Nuestra Señora la Blanca. Nueva-Llanes, 1999.

 Vida y novena de Santa Rita. Arriondas, 2005.

 Juan Pablo II, peregrino en Asturias. 2005 (En colaboración).

 Vida y novena de San Cosme y San Damián. Parres, 2006.

 Peregrinando a Covadonga.Oviedo, 2007.

 Claves de la Comunicación actual. Oviedo, 2007.

 ¿Qué es Covadonga? Biografía del Santuario más antiguo de España. Gijón, 2008.

 Otras caras del dolor. Oviedo, 2008.

Vida y novena de San Antonio de Padua. Oviedo, 2011.

Novena de Nuestra Señora de la Asunción. Vegadeo, 2011.

... ... ... ... ... ... ... ... ...Quedan pendientes las más recientes y últimas como los trabajos dedicados a los Seminaristas Mártires, a la Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II y el libro que se regaló a los sacerdotes la Festividad de San Juan de Avila… 

Laurentino Gómez Montes

 

(En este mismo número de Covadongadigital.es tenemos su colaboración sobre la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II)

 

 Miguel Ángel Díaz Bardales

  

 

 

 

Miguel Ángel Díaz Bardales, compañero en el Seminario durante tres años y, en los últimos 15 años, participante asiduo en las reuniones semestrales del Curso Covadonga52, falleció en Madrid, en el Hospital de La Paz al amanecer del día 31 de octubre de 2014, afectado por un cáncer de colon y, precisamente, dos días antes de cumplir los 73 años.

 

Nosotros hemos perdido un buen amigo; unimos nuestros sentimientos de pena y de vacío a los de su esposa Dori a quien conoció y enamoró en Ribadesella, ¿dónde, sino? (ella también nos acompañó en Covadonga en alguna de nuestras reuniones de octubre) y al de sus tres maravillosos hijos. Perder un esposo es especialmente doloroso - un hueco que nunca se llena - y perder un padre deja una fuerte experiencia de desnudez y de falta de referencia.

 

Bardales era un persona siempre alegre –  compartiendo este ‘estilo de ser’ con su familia de sangre - , entusiasta y ‘vitalista’. Lo decía así su hija Ana en el día de su despedida en el Tanatorio de Oviedo: “disfrutaba ante cualquier situación con que se encontraba y la vivía con fruición”.  Le gustaba, en fin, saborear la vida, especialmente con los suyos, con su familia, que se va multiplicando, y a la que estaba ‘tan apegado’. Era, además, de las personas que agradeces encontrar, bien para un saludo rápido o para entretenerse en una conversación prolongada. 

 

Le afectaría, sin duda, su situación última de enfermedad pero no lo manifestaba, no presentaba ese síndrome de contrariedad y de queja de la vida; ahí también manifestó su dignidad y ¡no debe ser nada fácil!    

 

En su etapa laboral fue amante y celoso de su trabajo y en estos años disfrutaba plenamente de su situación privilegiada de jubilado.

‘Un hombre sabio ha de estar preparado para todo; sabe cómo protegerse y agradece los placeres que la vida le ha ofrecido y no se enfurece o se queja cuando la dicha toca a su fin’.

 

Quiero destacar, igualmente, que tenía un estilo personal sencillo, llano, sin remilgos ni complicaciones. Bien podía suscribir estas notas copiadas de algún autor: “que no crezca jamás en mis entrañas esa calma llamada escepticismo, huya yo del resabio, del cinismo, de la imparcialidad de hombros encogidos. Crea yo siempre en la vida, crea yo siempre en las mil infinitas posibilidades. Engáñenme los cantos de sirenas, tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua. Que nunca se parezca mi epidermis a la piel de un paquidermo inconmovible, helado. Llore yo todavía por sueños imposibles”.

 

Como colofón sentido y personalizado a este recordatorio de Ángel añadiría:

‘Dios ha querido que dedicara mi vida a ayudar a los demás, pero no ha querido que me marchara de este mundo sin dejarme ayudar por ellos. Dejarse ayudar es un nivel de espiritualidad superior al de simple ayudar. Quien se deja a ayudar se parece a Cristo más que quien ayuda. Pero nadie que no haya ayudado a sus semejantes sabrá dejarse ayudar cuando llegue su momento’.

    

Su periplo vital recorrió un trayecto de ida y vuelta: Ribadesella – Oviedo – Madrid – Oviedo –Ribadesella con alguna escala en Carrión de los Condes, en Covadonga y en Gijón. Para él, pues, ‘de Madrid al cielo’, no;

para él, ‘de Ribadesella al cielo’.

 

Miguel Ángel, tal como te despedía siempre que te enviaba una convocatoria para ‘nuestras reuniones’, PAX TECUM.

 

 Ceferino Álvarez Bermúdez

 

 

 ANGEL MENÉNDEZ TABLADO

 

Angel

 

 

ANGEL TABLADO. UN MAESTRO  AUTÉNTICO Y CRISTIANO

 

En la misa del funeral de Ángel se le saludaba y despedía, al mismo tiempo,  como “una buena persona, un buen amigo, y un buen cristiano”, notas que definían perfectamente  su trayectoria biográfica y su personalidad.

 

            Tablado nació el 30 de diciembre del 1940 en Vegameoro, un pueblo de las estribaciones de Leitariegos, en el inmenso concejo de Cangas del Narcea. En aquella aldea recoleta resultaba más fácil afrontar y superar las estreches económicas y las carencias de una sociedad duramente golpeada por la Guerra Civil recién terminada. Sus padres, Adela y Ángel, maestro nacional, le llevaron de la mano en la formación humana, religiosa y académica sin grandes dificultades. De su madre heredó el talante profundamente cristiano y amable; del padre, el amor a la enseñanza que demostró hasta los últimos momentos de su vida, y del que dieron fehaciente testimonio numerosos alumnos y compañeros del Colegio de Pumarín que pasaron por la Cruz Roja de Gijón los últimos días. Y sobre su familia, la figura casi mítica de D. Mariano, cura bien formado, exquisito de modales, agudo, a veces hasta lo volteriano, en sus juicios y anécdotas, que contaba con humor y mucha gracia.  La sombra protectora y la figura de D. Mariano, a caballo, vestido de cazador y referente obligado en cualquier negocio aldeano relevante, constituyeron siempre para los aldeanos de Vegameoro y de los entornos, para Ángel de manera especial, un recuerdo  señero.

 

            En realidad, la devoción de Ángel a las personas, sin distingos ni acepciones, a su dignidad y a la enseñanza, venía de lejos. En muchas ocasiones le hemos oído hablar de don Ivo, su abuelo, un maestro muy estimado en la villa de Cangas que le honró de forma permanente con una calle. Influido además por su tío Mariano, párroco destacado de Noreña y canónigo de prestigio, entró en el Seminario, primero en Covadonga y después en Oviedo por dos veces, una antes de hacer el servicio militar y la otra, que parecía ya definitiva, a la vuelta. De hecho, llegó hasta los cursos finales de Teología. A Ángel le marcaron mucho aquellos años de seminarista y hablaba siempre con agradecimiento de su paso por Covadonga y el Prau Picón. De Covadonga, y de los cursos de verano de manera especial. En ellos aprendió a ver cine, a asomarse a la literatura contemporánea, vetada por las normas oficiales y peligrosa, según se decía en ambientes pacatos de los años cincuenta y sesenta. Se acordaba muchas veces de las clases de idiomas, de la música, del conocimiento minucioso de los excelsos paisajes que circundaban y embellecían el Real Sitio. Y tenía razón, porque yo mismo y otros muchos que pasamos por allí compartimos también con agrado aquellas experiencias. Sólo tenían un pequeño problema: que duraban demasiado, todo el verano, y nos alejaban de la familia mucho tiempo. Quienes no tenían excesivo arraigo familiar estaban muy satisfechos por las estancias veraniegas de Covadonga muy parecidas a una moderna Universidad de verano. Ángel, no del todo, porque Vegameoro de Cangas y su familia tiraban mucho.

 

            ¿Por qué dejó Ángel el Seminario? ¿Por qué no comenzó la escalada de las órdenes menores y mayores? ¿Por qué no se ordenó de sacerdote y derivó hacia los derroteros de la enseñanza primaria? Confieso que nunca me atreví a preguntarle, ni el lo confesó abiertamente, aunque en ocasiones formulara alguna velada insinuación.

           

Con el título de maestro y después de alguna estancia en centros, no lejos  de Gijón, recaló definitivamente en el de San José de Pumarín, un colegio de barriada nueva, popular, de contradicciones importantes, pero, al mismo tiempo, estimulantes y con enormes potencialidades, por tratarse de gentes sencillas que veían en el joven profesor un verdadero maestro, un amigo y un faro seguro. Ángel era maestro en el aula y fuera. No tenía alumnos sino amigos. No tenía colegas de profesión con las casi inevitables disputas de competencias y promociones, sino compañeros en la misma tarea vocacional. Para Ángel, subir a Pumarín cada día, muchas veces lo hacía caminando, era asistir a una fiesta amistosa y familiar con sus alumnos, para él más importantes seguramente que el propio colegio y el claustro. Cuando se jubiló de forma definitiva –precedida de una jubilación parcial- no lo celebró porque en el fondo de su alma le costaba desatar ataduras fuertes y sentía que algo se rompía en su interior. Las visitas de última hora de aquella gente de Pumarín fueron para él un verdadero y gozoso lenitivo. No en vano “recordar” es pasar por el corazón de nuevo experiencias y sobre todo personas para gozarse con su presencia.

 

            ¡Con que gozo devoto se retiraba Ángel a su casa familiar de Vegameoro! Conocía perfectamente los Sacramentos de la vida del siempre admirado franciscano, Leonardo Boff, y trataba de reproducir y vivir las experiencias del sacramento de la casa. Esa plenitud de Vegameoro era una realidad mucho más plena cuando abría sus puertas para pasar un fin de semana o “puentes de guardar” con sus amigos y con las personas de su grupo cristiano. Pudimos comprobar que la hermosa y poderosa casa rural era su “cosmos” preferido. Contemplaba y amaba cada rincón, cada cachivache,  cada espacio, cada adorno, cada instrumento, como parte de un todo armónico. Por eso el orden era también para él una obsesión. La preparaba antes con esmero y marchaba siempre unos días más tarde para dejar cada cosa en su sitio.  Pero si la casa de Vegameoro era para Ángel su “microcosmos”, el pueblo y el gran paisaje de Leitariegos reunía todas las características de un “macrocosmos”. Conocía a todos los vecinos, los quería y compartía con ellos sus vivencias que iban adquiriendo forma elocuente cuando lo contaba. Conocía metro a metro todos los caminos, los pastizales, las brañas, los escobios, los riachuelos… Durante los veranos y otoños participaba en las tareas aldeanas como un lugareño más. Como no tenía vacas propias, estaba pendiente de las de los caseríos vecinos como si fueran suyas. Es una pena que no tengamos fotografías del Ángel “urbanita”, con su guiada de ganadero, conduciendo la vacada a sus rediles desde los “prata, pascua”: los lugares de pastizal.

           

 

Ángel perteneció desde sus comienzos, hace más de cuarenta años –y sigue perteneciendo con el peso fuerte de la presencia de su silla vacía después de la muerte- al grupo “Y”: una comunidad cristiana con personas de Avilés, Gijón y Oviedo, que nunca quiso llamarse comunidad, como tal, porque le parecía excesivamente pretencioso. Era uno de sus miembros más asiduos en las dos reuniones de cada mes y en las fiestas relativamente frecuentes que en ocasiones  juntaban a dos o tres generaciones ¡Cuantas veces oía decir a Ángel que “aquello” era una verdadera gracia de Dios! Participaba de manera habitual y muy activa y en ocasiones acaloradamente, sobre todo cunado las reflexiones discurrían por derroteros demasiado novedosos que no encajaban del todo en su forma particular de entender y vivir un fe profundamente arraigada y proclive hacia un cierto tradicionalismo. Cuando los discursos eran de tipo político-social, a Ángel le ocurría lo mismo. Algunos planteamientos de la “postmodernidad”, en la teoría y en sus dimensiones prácticas,  en las antípodas de su forma de ver la vida, más moderada, le cabreaban no poco.  En la hora postrera, este grupo cristiano, esta comunidad a su pesar, se convirtió pata Ángel –lo había sido siempre- en su propia familia, junto con la hermana Adelina que asistía aturdida al final de una muerte anunciada.  Esta “familia religiosa” vivió la muerte de Ángel como un hito  de su Pascua y de la de su madre, acontecida el mismo día pero veinte años antes.

 

            Gracias, Ángel, por todo: por tu vida, por tu persona, por tu manera de ser, por tu trayectoria uniforme y densa, por reproducir, a tu modo, las actitudes básicas de los alegres y sencillos de corazón del Libro de los Hechos de los Apóstoles (2,46). Gracias, Ángel, por contarme entre tus amigos para siempre. Permíteme despedirme de ti con un  poema de Borges que canta las excelencias de la amistad:

“En estos días pensé en mis amigos y amigas,/ entre ellos, apareciste tu./ No estabas arriba, ni abajo ni en medio./ No encabezabas  ni concluías la lista./No eras ni el número uno ni el  número final./ Lo que si sé es que te destacabas por alguna cualidad que/ transmitías  y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida./ Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, o el segundo o el tercero de la lista./ Basta que me quieras como amigo./ Entonces entendí que realmente somos amigos./ Hice lo que todo amigo:/  Oré…y le agradecía a Dios por ti./ Por ser mi amigo.

 

 

                        Javier Fernández Conde

 

 JULIO VILLANUEVA ÁLVAREZ

 

 

Julio Villanueva Álvarez, nacido en el barrio de Santa Marina de Mieres del Camino  el año 1940 era hijo único de Julio y Oliva. Empezó en el Seminario Menor de Covadonga el año 1952 con otros 110 chiquillos. Completó los estudios de Humanidades, Filosofía y Teología, recibiendo el sacramento del Orden Sacerdotal el 28 de junio de 1964. Desde el inicio de sus estudios tuvo problemas serios de la vista hasta tal punto que se le negaban las Órdenes Sagradas por parte de alguno de sus superiores, prevaleciendo el criterio evangélico de que ‘los ciegos ven y los cojos andan (para anunciar el Reino)’ y la influencia de D. Samuel Miranda; pudo desempeñar sus tareas de sacerdote sin trabas mayores hasta la edad de la jubilación. En los 10 últimos años, su enfermedad fue creciendo hasta llegar casi a ceguera total, no sin antes haber ‘peregrinado’ repetidamente a diferentes Clínicas Oftalmológicas de Cataluña, Salamanca, Santander y Asturias. En Oviedo recorrió, como un paciente ‘obsesivo’, todas las Clínicas Oftalmológicas existentes; especialmente frecuentó la Clínica Fernández-Vega donde siempre recibió una atención profesional especial y un trato humano exquisito, tanto por parte de los doctores como por el personal de acogida.

 

Ordenado sacerdote en 1964 pasó durante siete años por varias feligresías del oriente de Asturias: Llanes. Cué, Andrín, San Roque, habiendo iniciado su tarea pastoral como coadjutor de Lugo de Llanera. En 1971 fue designado coadjutor de Cangas del Narcea y  en esta zona privilegiada permaneció durante 30 años con nombramientos sucesivos de coadjutor/ecónomo/encargado de Cangas del Narcea, Monasterio del Coto, Agüera, Bergame, Cibuyo y Berguño.

Su Simca 1000 ‘volaba’ por las estrechas y sinuosas carreteras de estas parroquias.

En esta zona encontró ‘su segundo hogar’ entre los compañeros sacerdotes, los feligreses de esas parroquias y los chavales del IES ‘Cangas del Narcea’ donde él impartió clases de religión al 80%  de la juventud de la zona. Sintonizaba muy bien con esta juventud que le valoraba por su dedicación, su ingenio y su amplia cultura en literatura clásica y moderna, y la afición musical que Julio compartía con ellos, pues poseía una abultada discografía que ponía al servicio de todos. Los chavales le querían de verdad; hablaban de D. Julio con gratitud y una sonrisa cómplice.

 

En 2001, debido a que su enfermedad iba avanzando, se jubila, cumplidos los 61 años, tanto de la enseñanza como de los encargos pastorales. Se desplaza a Salamanca invitado a participar de un curso de espiritualidad; de vuelta a Oviedo, se interna en la Casa Sacerdotal que fue. desde entonces, su lugar de permanencia continuada hasta el día de su fallecimiento. Aquí, mientras sus fuerzas se lo permitieron, llenaba sus días con viajes cortos y visitas a sus amistades. Fue pródigo, a veces en exceso, cuando tuvo dineros: sus manos nunca se cerraban ante las necesidades que encontraba por la calle mientras él pudo vivir su vida ‘en libertad’. Durante este tiempo sufrió situaciones personales obsesivas y serias perturbaciones psíquicas que le llevaron a internamientos temporales en la Clínica Mental Dr. Quirós.

 

En la Casa Sacerdotal siempre estuvo bien cuidado y atendido, pero no muy visitado ni valorado convenientemente dada su situación de aislamiento físico y psíquico – el diálogo con él era en base a monosílabos, como reconocía en la homilía laudatoria de la misa de funeral el Sr. Vicario General de la Diócesis – que él, ya vencido por la realidad que se imponía, aceptó con estoicismo o, en visión cristiana, como fiel servidor del ‘hágase tu voluntad’. Los enfermeros que le atendieron conocían bien su ‘terquedad’ y también el aprecio por los cuidados de cada día que ellos le dispensaban.

 

En la misa de funeral estábamos presentes una treintena de sacerdotes y un puñado de laicos. En la homilía del Sr. Vicario quedó repetida para los que allí estábamos una sentencia sentida y sensata: ‘son necesarios sacerdotes como Julio, ni más ni menos’; sabia consideración de aprecio y reconocimiento. A la semana siguiente de su fallecimiento los sacerdotes de la Zona de Cangas del Narcea creyeron oportuno celebrar una misa de funeral en la Basílica de Cangas: nos reunimos 11 sacerdotes y una nutrida asamblea de feligreses que D. Julio atendió en los intensos años de su estancia en la zona. Sus restos reposan en un panteón que el Arzobispado dispone en el Cementerio del Salvador de Oviedo.

 

Se fue ligero de equipaje: sin familia, sin libros, sin mp4, sin cartilla del Banco…

‘Ya que fuiste fiel en lo poco, pasa al gozo de tu Señor’.

 

 

 

Ceferino Álvarez Bermúdez

 

 

 

FRANCISCO RODRÍGUEZ GÓMEZ

 

 

El día 17 de febrero de 2018 falleció en Oviedo de forma repentina – una infección interna masiva – otro de los compañeros de Covadonga52: Francisco Rodríguez Gómez, Paco ‘Ponticiella’. Lo despedimos el día 19 en la iglesia parroquial de San Lázaro del Camino que era su parroquia querida.

Con achaques desde hace años, se jubiló anticipadamente obligado por su enfermedad. Ejercía de Apoderado en el Banco Popular donde había ingresado por oposición en el año 1965, cansado ya de impartir ‘clases particulares’ como medio para subsistir (como otros muchos compañeros) desde su salida del Seminario en el año 1963.  Por los numerosos clientes que incorporó al Banco, por su laboriosidad y seriedad en el trabajo, siempre gozó de alta consideración por parte de los gerentes del Popular. En sus comienzos en el Banco pateó las caleyas de la zona rural de Oviedo pagando a los campesinos, en nombre del Popular,  las entregas de leche que hacían a la Central Lechera Asturiana.

En la etapa de implantación de las tarjetas bancarias fue nombrado Delegado del Banco para Asturias, Galicia y Santander para instruir en su uso a los empleados del Banco. Esto le obligó a viajar a menudo. Le acompañaban con frecuencia su mujer Herminia y su hijo Miguel cuando la ocasión lo permitía. Ante una coyuntura negativa en el Popular de Santiago de Compostela fue designado a reflotar la Entidad en esa ciudad, lo que significa su capacidad y la confianza de los gerentes del Banco. Una vez consolidada la gestión, regresó a Oviedo a su despacho en la Sede Central de la Entidad Bancaria, en Uría.

Según información recibida, puedo afirmar que al proponerse dejar el Seminario en cuarto de teología, José Luis Ortiz, Padre Espiritual entonces, le instó a quedarse en el Seminario haciendo alguna función administrativa o de portería… antes de tomar la decisión definitiva. No le pareció oportuno y se fue, Su salida del Seminario no le resultó fácil por el disgusto que ocasionó a su madre que lo quería ‘sacerdote’.

Al dejar el Seminario se hospedó en una pensión que regentaban los padres de la que fue después su esposa durante cincuenta y dos años…. Se casaron en el año 1966 en la iglesia de San Juan. Ella me confesó que tuvieron un noviazgo ‘difícil’… a escondidas del padre de Herminia que no les permitía estar juntos; se citaban en lugares convenidos por mensajes depositados en el buzón. En 1968 nació su hijo Miguel.

Durante 52 años Herminia y Paco se apoyaron mutuamente en las diferentes situaciones que les sobrevinieron. Su salud fue precaria – también él fue ‘varón de dolores’ - a partir de una operación de riñón que le hicieron a la edad de 40 años. Siempre tuvo, a pesar de todo, muy buen carácter y era optimista y decidido ante las dificultades que le sobrevinieron.

Conversador y dialogante fueron características que le acompañaron hasta el final de sus días entre nosotros. Nunca le parecían suficientemente largas las conversaciones que entablaba; el tiempo de su reloj no corría para él.

Como amante de la música coral, pertenecía al Coro Reconquista y, con entusiasmo manifiesto, al Coro Parroquial de su parroquia querida de San Lázaro del Camino en Oviedo y también al Coro parroquial de Villaquejida, donde residía desde este verano último.  Era un ‘chico’ de coro, que le ocupaba y le satisfacía de verdad.

Había preparado el ingreso al Seminario y primer curso en Gijón con su tío D. Avelino ‘el de La Caridad’, entonces destinado en Gijón y residente ahora con 96 años y ‘muy activo’  en la Casa Sacerdotal. Paco se incorporó en Covadonga al segundo curso en 1953. Su estancia en el Seminario fue siempre de alumno aplicado y cumplidor. Manolo Suárez recuerda que era un ‘as’ al frontón.

 

Creemos que la Providencia del Buen Dios dispuso que Paco había llegado a la meta de su permanencia entre nosotros para entrar en ‘en un cielo nuevo y una tierra nueva ’; siempre su compañerismo, su espíritu de servicio y su amor por los suyos quedarán en nuestro recuerdo y amistad compartida. “Ahora subsisten la fe, la esperanza y el amor, estos tres. Pero el mayor de todos ellos es el amor”. ‘Que el coro de los Ángeles te reciba y junto con Lázaro, pobre en otro tiempo, tengas el descanso eterno’

 Ceferino Alvarez Bermúdez

Foro COVADONGA  |  cefeab@telefonica.net; cayogonzalezgutierrez@gmail.com