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En este número (julio 2013):


4.1 Covadonga, 60 años después. José Antonio Olivar Cubiella.


4.2 Prólogo a Covadonga de Constantino Cabal. Silverio Cerra Suárez


4.3 El Teatro acerca de Covadonga. Cayo González Gutiérrez


4.4 Haced. Ángel Solís Álvarez


4.5 Planes y propuestas sobre Covadonga (no realizados). Cayo González Gutiérrez


 
 
4.1

 COVADONGA SESENTA AÑOS DESPUÉS

                       

                                    José Antonio Olivar Cubiella


Seis y siete de octubre del año 2012.

Marcados por un halo de excursión del Inserso,

varios septuagenarios llegan a Covadonga.

Ciertamente no son jubilados al uso

que, por matar el tiempo, practiquen el turismo.

Muy otro es  el motivo que hoy hasta aquí los trae:

Vienen a reencontrarse y a recordar el tiempo

en que, siendo unos niños, aquí se conocieron

y se hicieron amigos y fueron condiscìpulos.

  

 De verdad que ha llovido. Ha llovido con ganas.

Y, sin embargo, el tiempo, ese monstruo infrenable

que todo lo tritura y la avienta al olvido,

no logró destejer esa fina textura

que año tras año ellos supieron ir tejiendo

con los mágicos hilos de imborrables recuerdos.

 

   Aquí están los que quedan y los que no han podido

venir pero se sienten también aquí presentes.

Y en la mente de todos están los que se encuentran

justó allá, en la otra orilla, donde no habita el tiempo,

en el lugar que todos tenemos reservado.

 

   Aunque no es una guerra sino una ley de vida,

sé que iremos cayendo, nos iremos marchando

 por más que no sepamos ni el día ni la hora

hacia ese lugar mágico que es la casa del Padre.

Mas, mientras eso llega, seguiremos estando

al lado del cañón y en el punto de encuentro

a la luz del Auseva y la Cruz de Pelayo.

Con el agua hasta el cuello o entre un runrún de achaques,

es ya decisión nuestra volver todos los años.

 

Y , cuando quede el último, que venga a Covadonga

y que beba en la fuente y que suba a la Cueva

y desgrane el rosario de los nombres de todos

diciéndole a la Virgen que todos la querían

y que, aunque un día elegimos caminos diferentes,

nunca nos olvidamos del “Bendita la Reina”

que canta a Covadonga como “cuna de España”,

ni de los entrañables fuegos de campamento,

ni del “Salve Regina”, entonado en la Cueva.

 

    El que se vaya el último que no cierre la puerta:

Hay que dejarla abierta para seguir soñando

más allá de las cosas, más allá de la vida,

más allá de la muerte si eternos son los sueños

al igual que es eterna nuestra inmortal sustancia.

 

   Y en otra dimensión, más allá de los días,

más allá de los astros y las mudas estrellas,

más allá del espacio, rotas las ataduras

del corsé que es el tiempo y sus caducidades,

me atrevo a aseguraros que habrá otra Covadonga.

 

    No hay que cerrar la puerta: aunque no quede nadie

quedará el testimonio de los niños que fuimos,

de los viejos que somos y de cuanto anduvimos

…y del sueño que un día, hace sesenta años,

a lomos de la fe nos trajo a Covadonga.

 

    Y no es que pretendamos pasar un día a la historia

como héroes de algo o cual merecedores

de aplauso o parabienes, recompensas o premios.

 Nuestro único mérito- si así puede llamarse

aunque en el fondo acaso ningún mérito tenga-

fue el haber sido un grupo de chavales que un día

cada uno en su casa , cada cual a su modo

escuchó el tintineo de una íntima llamada,

de una idéntica voz que sembraba en el alma

la luminosa huella de una especial semilla

que vocación se llama.

 

   No diréis que no es bella esta sencilla historia

de la que todos fuimos fieles protagonistas.

Por eso, desde ahora, es preciso que todos

contemos a los nuestros la bella trayectoria

que, llenos de entusiasmo, un día recorrimos.

 

El último que quede que no cierre la puerta.

Y, por favor, no olvide volver a Covadonga.

 

                                 José Antonio Olivar

     Madrid-12 de octubre de 2012

 

4.2

  Prólogo a "COVADONGA" de C. Cabal

 

Covadonga (ensayo histórico crítico), de Constantino Cabal. (con presentación de Silverio Cerra Suárez). Oviedo,1991, 284 pp.   

 

 

          Silverio Cerra Suárez

 

(Reproducimos, por su interés, el prólogo indicado).

                         

       Covadonga vive hoy un intenso amanecer. Despierta en las almas como un sol radiante que se alza iluminando los caminos y atrayendo los corazones. Su cálido reverbero crece sin cesar en los espíritus sensibles a la belleza natural, a las gestas históricas, a las tradiciones populares.

 

       Covadonga ya no sólo representa el foco inicial de la Reconquista, la cuna de España, la casa solar de la corona española, el hontanar de la Hispanidad. Esto es el núcleo primor­dial. Mas desde él va intensificando el mensaje univer­sal, católico, de su síntesis aglutinante de naturalez­a y arte, de espír­itu y materia, de origen e impulso, de historia y proye­cto.

 

       Para los asturianos en particular Covadonga desborda el espacio y el tiempo, los niveles sociales y las fronteras ideológicas elevándose a la categoría de emoción cordial, de vivencia íntima y propia que acrecien­ta cada día su irradia­ción de sentimiento personal y significado colec­tivo. Cova­don­ga es hoy el eje cardinal de la conciencia que intenta defi­nir, desar­rollar y vivir de forma comprensiva la as­turian­idad. Si Cova­donga es cuna de España y raíz de la Hispa­nidad, para Astu­rias es raíz, cuna y corazón.

 

Proceso de este despertar

 

       Su actual resurgir culmina la superación de los acerbos y no tan lejanos momentos en que el santuario sufrió declive doloroso e injustificable olvido. En menos de dos siglos el fuego desolador, las ruinas inertes, la críti­ca destructo­ra, la incapacidad, el secuestro de la Santina misma pugnaron por hundir Covadonga en el vacío irreal de los sueños sin conteni­do. Apenas hace medio siglo en que la oscureció su último eclip­se, cuando fue suprimido todo culto en el santuar­io, la Cueva quedó asolada y hasta la imagen de la Virgen desapare­ció. Pero desde el momento en que la Santina retornó de su amargo des­tierro, Covadonga no ha dejado de ensanchar su horizonte, como una larga aurora a la que todas las horas resul­tan cortas para desplegar los haces de su fulgor.

 

       Covadonga despierta en las conciencias atentas, como hito de historia, como tesoro de cultura, como venero del senti­miento colectivo, como estímulo de fe, como fuerza que, garan­tiza­da por el contraste de los siglos, es promesa de futu­ro.

 

       El resurgir fecundo de Covadonga no es una creación desde la nada. La raíz a la que todo se remonta es el hecho decisivo de haber sido el ámbito que hizo posible la recuperac­ión de España. Aquella victoria le confiere su fulgor inicial. A este arranque le suce­den largos siglos de presencia. Cova­donga nunca desapa­rec­ió de la concien­cia nacional española ni de la viven­cia popul­ar asturiana. En cada época y en cada rincón se mantuvo vigen­te como una llama o como un rescoldo. En el sistema cultural de la vieja sociedad sacralizada era piedra angu­lar que daba solidez desde la base a todo el conjunto.

  

       No obstante, sufrió los descuidos de la incuria y la ignoran­cia y el empobrecimiento de la lejanía. Reclamaba una reconquista de sí misma. No era preciso inven­tar nada, sino descu­brir y desa­rrollar sus virtua­lidades. Había que recuperar Covad­onga, es decir, levan­tarla en alto para que fuese cono­cida y apre­ciada. Era necesa­rio iluminar sus penum­bras, defi­nir sus perfiles borro­sos, resal­tar su vigen­cia, revelar el tesoro de su verdad profun­da y de sus mensa­jes latentes.

 

       Este afán que en las últimas décadas se ha encarnado con pasión en muchos corazones no ha seguido un curso breve y uniforme, sino complejo en sus meandros y fatigoso en sus altibajos. Presenta fases diversas y variados impuls­os.

 

       Paradójicamente discurre en correlación negativa con el proceso secularizador de la civilización contemporánea. La revita­lización de Covadonga brota y florece con sentido radi­cal­mente inver­so a la secula­rización que ha inva­dido Europa a partir del S.XVIII. Precisamente en estos dos últimos siglos múltiples aspectos de la vida se han venido apar­tando de sus raíces crist­ianas y amplias dimen­siones de la cultura han buscado crecer lejos de la in­fluen­cia de la Igle­sia. Pues bien, mient­ras este proceso avanzaba, Covad­onga atraía hacia sí con mayor fuerza la mirada de los as­turianos, de las gentes de la Hispania universal para final­mente atraer hacia sí y subyu­gar con su belleza a S.S. el Papa Juan Pablo II que la ha visitado en agosto de 1989 y con­serva una impre­sión imborrable del impacto espiritual que le ha causado.

 
Recuperación física

 

      El acicate impulsor de esta recuperación ha sido, como siempre en Covadonga un impacto destructor y la proximi­dad aniquilante del abismo. La reconstrucción arquitec­tónica y la reorganización urbanística que han desem­bocado en la Covadonga de hoy arran­can del momento en que le sobrevino el desastre quizá más grave de toda su histo­ria. En efecto, su punto de partida es el incendio que en 1777 devastó la Cueva. Entonces las instituciones asturianas se revelaron impoten­tes para acometer su rehabilitación. Los inten­tos de Carlos III y del Conde de Campomanes queda­ron sólo en generosos conatos sin efectivi­dad para levan­tar a Covadonga de su pos­traci­ón.

 

       Pues bien, tan profunda caída desencadenó luego la enorme labor constructora que no sólo ha restablecido, sino también enriquecido la infraes­tructu­ra material y el paisaje del santuario. La enérgica actividad que la ha llevado a cabo se ali­mentó del sentimiento romántico de la historia, de la natura­leza, de la tradición y del medie­vo. Y fue sostenida, sobre todo, por el coraje de un obispo esfor­zado, D.Benito Sanz y Forés y de un alemán soñador, Roberto Fra­ssinelli. Estos fueron los promo­tores del despegue. Inicia­ron la res­tauración de la Cueva así como la construcción de la preciosa basílica neorromá­nica. Tras alguna reacción en contra y momen­tos de aban­dono al dejar esta diócesis Sanz y Forés, la marcha ascen­dente y constructo­ra se afianza con decisión bajo el obispo asturiano D.Ramón Martínez Vigil, que ter­mina las construc­ciones de Covadonga. Estas serán renovadas y ampliadas en los años sesenta bajo el pontificado de D.Javier Lauzurica, cuando el santuario adquiere su magnífico aspecto actual.

 

Recuperación histórica

 

       Tras la reconstrucción material viene otra recuperación de Covadonga, más discutida y laboriosa aún, si cabe. Es la recup­eración de su verdad histórica sobre bases crítica­s.

 

       Este proceso también ha oscilado dialécticamente entre uno y otro extremo. Tras las exageraciones desfigu­radoras de los cronis­tas arcai­cos, tras la candidez recopila­tiva de la his­toriogra­fía tradi­cional, tras el en­tusiasmo más emotivo que riguroso de los románticos, vino la drástica depuración inten­tada por el criticismo historicista que negó toda realid­ad o contenido factual a los episodios fundacionales. El criti­cismo convir­tió a Covadonga en invento legen­dario de la imaginación popular sin base real. Per­tenecen a él historia­dores como el francés Barrau-Dihigo y el as­turiano Julio Somoza.

 

       El estado de la investigación histórica a finales del pasado siglo y com­ienzos del prese­nte, bajo dominio positivis­ta, hace com­prensible este h­ipercriticismo. Reac­cionaba, en efecto, ante unas tradiciones lastradas por la leyenda y la credulid­ad. La postura de Somoza nacía, además, de su apasio­nado amor a Asturias, cuya historia deseaba puri­ficar con el acera­do bisturí de su crítica. Como era de espe­rar, encontró duras réplic­as y se desen­cadenó una larga y agria polémica, cuyos ecos aún persis­ten en el fondo de ciertas a­ctitudes vigentes ante Covadonga. Como en todas las polémicas que versan sobre cosas muy queridas, hubo en ella ex­ageraciones, apasio­namientos, deform­aciones, agresi­vidad verbal. Eran frutos de la circunstancia, explicables y quizá necesa­rios, pues la polémi­ca no fue inútil. Ella, en efecto, forzó la investig­ación minuciosa y ha res­tablecido la verdad plena de Cova­donga.

 

       Esta polémica y los estudios subsiguientes han confortado las posiciones vacilantes, han restablecido los núcleos váli­dos de la tradición, han certificado la verdad esencial de Cova­don­ga como hecho histórico rigurosa­mente establecido.

 

       Esta recuperación histórica de Covadonga, que sigue a la restauración física, fue tempranamente impulsada por esta obra de Constantino Cabal, aparecida en 1918, reeditada en 1924 y refundida en 1948 con el título de La Divina Peregrina. Las tesis defendidas por Cabal en Covadonga. Estudio histórico-crítico, serían en las décadas siguientes coronadas y com­plementadas por las definitivas inves­tigaciones de Claudio Sánch­ez Albor­noz. El esfuerzo de éstos y otros sabios ha logrado que Covadonga recobrase, como alma de su paisaje y su arquitectura, la certeza nuclear de su gesta fundacional.

 

Recuperación significativa

 

 

       Pero Covadonga, tras su reconstrucción física y tras la consolidación de su verdad histórica, debía alcanzar su pleni­tud como faro sociocultural sobre el mundo hispano y singu­lar­mente dentro de la tarea de reintegración y proyección cultu­ral de Asturias. Debía así alcanzar su pleni­tud como símbo­lo.

 

       Para ello, como en los otros aspectos hubo de sufrir el apagamiento y el ataque para luego superarlos y conquistar su nivel propio y singular en el horizonte universal y as­turiano.

 

       Covadonga sufrió primeramente una devaluación en sus significados al ser tomada como emblema de una tendencia parti­dista, que, siendo legítima en sí misma, cometía una reducción del significado y del valor de Covadonga al subor­dinarla a sus objetivos particulares y limitados. Y desde el frente opuesto sufrió el ataque de quienes la devaluaban como una ficción ideológica, como un pretexto mitificado de lo que agresivamen­te denigraban como "covado­nguismo". Covadon­ga fue así bandera del con­ser­vadurismo y toque a rebato contra toda revolución. En actitud inversa, recibía el desprecio de quienes la habían convertido en mito ideológi­co de la reacción.

 

       Era necesario restablecer el sentido propio, el brillo genuino de Covadonga depurado de reducciones parti­distas y corrosiones negativistas. Se debía reencon­trar su significado esencial para Asturias, para nuestra patria, para los pueblos hispanos y en general para la Humani­dad. Covadonga podría se una refe­rencia política, pero universal y popular, nunca parcial. Esto se ha logrado en los años re­cientes. A ello han contribuido multitud de factores. Covadonga libera así su mensaje de confusiones oscuras y deformantes, y acendra su irra­diación. Saltos adelante en este proceso han sido la proclama­ción de Felipe de Borbón, futuro Felipe VI, como Príncipe de Asturias en 1977, y en 1989 la visita de S.S. Juan Pablo II, primera vez que un Papa visita el Santuario de la Reina de Nuestra Montaña y reconoce su proyección ante el mundo.


COVADONGA COMO SIMBOLO

 

       La densa historia pasada, la presencia de la Maternidad universal de María, la acumulación de elementos religios­os y sociocultu­rales, la atención que aquí converge de todos los rin­cones del mundo hispano, el sentimiento que despierta en todos los corazones convierten a Covadon­ga en un polo carga­do de signi­ficados humanos y transcendentes.

 

       Aquí se funden origen y fin, centro y periferia, intimi­dad y proyección, tierra y cielo, piedra y vida, mater­nidad y filiación. Aquí confluyen las raíces de la patri­a, la vieja fe, la afectuosa devoción mariana, los carac­teres físi­cos de Asturias, la conciencia regional de as­turianidad. Síntesis acumulativa de As­turia­s, recapitula esta tierra en su natura­leza, historia, fe, cultura, arte y pro­yección.

 

       Todo ello convierte a Covadonga en un símbolo de valor universal y, sobre todo, en un símbolo expresivo y significativo en el más alto grado de Asturias y lo as­turiano. Es su símbolo más rico, expresivo, querido y vivo.

 

       No es producto de una elaboración ideológica ni se diluye en vago ensueño colectivo. Desborda referencias concre­tas; interpela personal­mente a quien lo percibe; es interiori­zado cordialmente por el espíritu abierto que lo aprehende.

 

       Este es el aspecto de Covadonga que hoy emerge con fuer­za. No se trata de descubrir más datos históricos, ni de añadir elementos a su paisaje, ni de ampliar las dimen­siones de su núcleo religioso, sino de despertar, clarif­ic­ar y pro­yectar su valor simbólico.

 

Símbolo universal hispano

 

       Covadonga es nudo en el que converge y desde el que parte tan nutrido haz de referencias significativas para el conjunto cultural hispano que con el paso de los siglos ha llegado a alzarse como un foco pleno de contenidos simbólicos para la totalidad del mismo (según C.Sánchez Albornoz su esfera de referencia abarcaría a toda Europa que aquí, entre los Picos de Europa, quedó salva­da de su total desaparición).

 

       En efecto, es cuna originaria donde se inicia la empresa de un reino nuevo como espacio y patria de un pueblo nuevo. Es libertad, porque es defensa contra un im­perialismo invasor y alzamiento de un pueblo libre que no aceptó ser esclavi­zado por el imperio de los Omeyas. Se constituyó así un estado original articulado sobre una comunidad de pequeños propie­tarios libres, en los más tarde apenas hizo mella la servidum­bre propia del feudalismo europeo. Es resis­tencia, pues éste era el último refugio para hacer frente, tras el que sólo quedaba el aniquilamiento. Igualmente es perseverancia, pues lo enton­ces comenzado sigue vivo.

 

       Es fidelidad, pues recuerda la fidelidad de un pueblo que, coherente consigo mismo, defendió su fe y sus valores, y se ha con­servado por el mantenimiento sos­tenido de aquella misma fidel­idad. Por eso mismo es también afirmación de iden­tidad. Es hogar, porque preside una Madre que atrae el recuer­do y fija el afecto. Es amor que aglutina y une, pues allí se agruparon ya al comienzo gentes muy diversas para una tarea común y conflu­yen hoy de todas partes ante el mismo altar, la misma Madre y con el mismo sentimiento de fondo. Es religión, porque el motivo primero de todo es la fe en Cristo.

 

       Es universalidad, pues desde esta Cueva se fue avanzan­do siemp­re más allá, hacia nuevas tierras y nuevas gentes que se iban incorporando sin ninguna discriminación, gestando así la España creciente y luego la Hispanidad nacida de ella. Es apertura sin fin, porque su proyección ha desbordado toda frontera. Es futuro se hunde en la raíz de donde arranca el crecimiento y se sumerge en el origen para sorber de nuevo su impulso creador. Es, finalmente, espe­ranza, pues el camino que entonces se abrió, venciendo enormes difi­cul­tades, aún no se extinguió, ni agotó su vir­tualida­d.

 

Símbolo para Asturias  

 

       La presente situación de Asturias es altamente compleja y temiblemente ambigua: crisis, choques, impotencia, retrocesos, ansia de nuevos caminos, confusión, desasosiego... Pero está claro que si se quiere emprender un proyecto común, viable y ascendente, que abarque a los as­turianos que han nacido aquí, a los que han venido de fuera y a los que viven lejos, deben proponerse los estímulos convincentes que avi­ven, espoleen y sostengan el esfuerzo colecti­vo. Es necesario conocer y sentir un foco de convergencia. Son im­prescin­dibles­ una imagen de sí mismos que dé conciencia de identidad, y un concepto de lo que se es que sirva de núcleo direc­tr­iz para alcan­zar con firme y clara seguridad lo que se quiere ser.

 

       Asturias, de un modo similar a como Ramón Menéndez Pidal interpreta el hacerse de España, se ha constituido a través de un largo proceso de incorporaciones de elementos plurales y dispersos. Por ello ha sido y es una complejidad variada que ha necesitado y necesi­ta un principio integrador. Precisa por tanto un alma o forma unificant­e que aglutine lo de suyo hete­rogéneo y dividido. En su ausencia la plura­li­dad acabaría degenerando en fragilidad, fragmentación y disper­sión, tan frecuen­tes y funestas en Asturias ya desde antiguo.

 

       Si Asturias quiere configurar nítidame­nte su singular personalidad; si aspira a reafirmar su iden­tidad histórico-cultural; si pretende conquistar de forma perdurable la cate­goría de una sólida entidad cultural, económ­ica y polít­ica; si proyecta mant­ener su peculiaridad dentro de lo univer­sal, conectando positivamente con ello, sin reac­cionar agresi­vamen­te, sin ais­larse provincianam­ente y sin desap­arecer en una absorción despe­rsonalizadora; si decide superar las presiones que se cier­nen sobre su manera de ser, que son más graves que las amena­zas a sus fuentes de riqueza, se hace urgente elabo­rar tal concepto propio, tal imagen de cohesi­ón y unidad.

 

       Las bases necesarias para esto, aparte del espacio común, de la historia compartida o las instituciones coor­dinadoras, son, ante todo, los símbolos identificadores. La transcenden­cia de éstos radica en que no sólo represen­tan la unidad, sino que son el medio más eficaz para realizar­la, así como para moldear las vivencias y emociones del sujeto, in­spirándole el sentimi­ento, la convicción de per­tenencia a esa comunidad. Esto es en la práctica lo más impor­tant­e, aunque el pragmatis­mo mediocre de intelectuales, comunicadores, políticos y otros líderes sociales sea incapaz de percibirlo.

 

       Asturias no necesita rebuscar o inventar tales símbolos identificadores. Los posee ya. Entonces, lo que debe hacer es volverlos conscientes en sí misma, formularlos con nitidez, custodiarlos con el respeto que nace del amor y propon­erlos para que todos vean la bandera común, se sientan imantados por su llamada y se identi­fiquen en ella.

 

       Ahora bien, Covadonga, en su misteriosa hondura, presenta los caracteres epistemológicos y emotivos para ascender al vértice de tal símbolo necesario y deseado. Encierra tal cúmulo de ver­tientes, de niveles o facetas sig­nificativas que resume y expresa sintéticamente lo que Asturias es en su reali­dad más íntima y lo que anhela desde el fondo de sus aspira­ciones. Por ello Covadonga es el símbolo más co­mpleto, expre­sivo y unifi­cador de Asturias. Es síntesis de sus valore­s, de su trayec­toria histórica, de sus esfuerzos pasados y actuales. Es signo vivo que forma parte de nuestro presente angus­tiado. Es signo participativo en cuyo palpitar entramos y salimos todos. Allí conver­gen las líneas esenciales de la as­turiani­dad. Allí se funden el ser, el sentimiento y la his­toria de As­turias. Además, el talante de su atracción cordial lo mani­fiesta como ideal para la convergencia y el encuentro, afec­tando a todos los asturianos al margen de sus ideas y parti­dos. Su riqueza signifi­cativa y su halo afectivo invitan al en­cuentro abierto de todos los astu­rianos.

 

       Así Covadonga es la geografía asturiana en todas sus formas. Es compendio de su naturaleza con todos sus elemen­tos. Es mosai­co que concentra el paisaje asturiano en un ápice de su bel­leza: valle tallado por ríos y glaciares; monte que abriga y acuna, protege y a veces sepulta; caliza de gris azulado que asciende a fun­dirse en el cielo o rasga sus entra­ñas en abisales cortaduras; bosque ancestral de árboles cente­narios; pradera como vega al­fombrante al margen del arroyo o tapiz colgado de las crestas; agua que por todas partes bulle alimentando nutri­cia la sinfonía viviente, limando los perfi­les ariscos, envolviéndolos en su silencioso velo de niebla o agitando arenas y espumas en el al­borotado torrente que se precipita hacia el cercano mar.

 

       Covadonga concentra también el pasado histórico-cultural de Asturias. Aquí se yuxtaponen el latino Cova-Dominica, raíz etimológica de su nombre, con el prelatino Deva (como si la concepción matriarcal de los astures primitivos sirviera de esca­lón para entrar en el Cristianismo por mano de la Madre de Dios, y saltar así desde maternidad social a la s­obrenatural).

 

En el hoy de Covadonga se condensa la historia milenaria de Asturias: la romanización, cuyo legado aquí se salvó; el reino de Asturias que aquí surge y del que arrancan sin interrupción las dinastías de la monarquía española; el medievo astur monástico, rural y románico; la edad moderna, que no sólo deja huella en las piedras (colegiata, escalinata, mesón, canapé del abad Campomanes, puentes, esbozos de Ventura Rodrígue­z), sino que acompañando a los emigrantes as­turianos empuja a Covadonga hacia fuera; así en 1744 se crea en Madrid la Con­gregación de Ntra. Sra. de Covad­onga para los naturales del Principado, que el Conde de Cam­pomanes presidiría entre 1789-95.      Al final de la Ilustración, cuando Asturias empieza a vivir la ebullición que originará la mentalidad actual, sufre Covadonga una tremenda y decisiva sacudida: el incendio de 1777 que reduce a pavesas la Santa Cueva, hundi­miento que será el inicio de la recuperación actual.

 

       Por todo ello, Covadonga es para Asturias el símbolo identificador y aglutinante que no se impone desde fuera sino que nace de la entraña más íntima de nuestro origen e his­toria, que no desnaturaliza ninguna de las facetas de la asturianidad, sino que las integra todas desde dentro y las unifi­ca como raíz que nutre y sostiene, eje vector que guía y polo que imanta. ¿Podrá en­contrarse un símbolo de identifica­ción astu­riana más autén­ti­co, completo y expresivo?.

                             .............................

       Covadonga progresivamente despierta en las almas con la inacabable sinfonía de sus resonancias significativas. Para los asturianos que elaboran conscientemente su asturianidad, para la luminosa fraternidad de lengua y fe que abraza las "ínclitas razas ubérrimas" (Rubén Darío) de la Hispania fecun­da, ­para millones de hombres que sienten la respon­sabilidad de fijar las anclas de una Humani­dad zozobrante, Covadonga se alza como una llamada de unión, fidelidad, orientación, cora­je. Para ello antes ha debido recuperarse en su infra­estructura material y en su autenticidad histórica.

 

       Este libro de Constantino Cabal refleja estas empresas y a la vez con­tribuye a ellas. Su pábilo no se apagó desde 1918, sino que su reverbero ha latido en todos los pasos de la más reciente gesta del santuario. Esta reedición reaviva su llama para añadir más luminosidad histórica y literaria al fuego en que su autor siempre ardió.

 

 

CATÁLOGO EXPOSICIÓN - CABAL

 

 

DESCUBRIENDO SIGNIFICADOS

NOMBRANDO LA CASA DE LA SEÑORA

CRISTIANISMO DE ANTIGUA RAÍZ

DON PELAYO, RESISTENCIA Y EXPANSIÓN

FIRMEZA CRISTIANA DEL SIGLO VIII

MANANTIAL SOBRE TIEMPOS Y ESPACIOS

DESPERTAR ANTE OTRO MILENIO

RESTAURACIÓN DE SUS FORMAS

RECOBRAR SU VERDAD PRIMERA

REFORZAR SUS MENSAJES:

COVADONGA COMO SÍMBOLO

SIMBOLO UNIVERSAL HISPANO

SIMBOLO PARA ASTURIAS

COVADONGA, ESTRELLA SOBRE EL FUTURO

 
 

Foro COVADONGA  |  cefeab@telefonica.net; cgo

 

 

 4.3

 COVADONGA EN LA LITERATURA (v).

  
El teatro acerca de Covadonga.

   Cayo González Gutiérrez

 

Finalizamos con este artículo la serie de cinco en torno a la literatura que hace referencia a Covadonga. En números anteriores hemos recogido y comentado, en su caso, la poesía épica (en castellano y bable), la narrativa, la lírica y el ensayo.

 

La obra teatral sobre Pelayo y Covadonga ha sido muy escasa a lo largo de toda la historia del Santuario. Y la poca existente tiene escasa valoración literaria.


 VEGA, Lope de, El último godo. Esta comedia de Lope, posterior a 1604, está inspirada en la Crónica General ycontiene mucha materia épica, pero apuntada más bien que desarrollada. De las tres jornadas en que está dividida, sólo la última trata del alzamiento de Pelayo. A veces aparece con el nombre de El postrer Godo de España.

  
Es en la tercera jornada donde se habla de los comienzos de la restauración de España por Don Pelayo, mediante el triunfo de Covadonga.


Hasta el año 1761 no volvemos a encontrar ningún otro título reseñable. De este año tenemos Alba y sol (El), comedia nueva (1761)Comedia en verso en tres actos.  La Barrera la atribuye a L. Vélez de Guevara con el subtítulo de laRestauración de España.

Luis Vélez de Guevara perteneció al conceptismo.

El Alba y el sol pertenece al ciclo de comedias llamadashistóricas (otras obras se catalogan como bíblicas).

 

Hay una edición crítica y anotada de esta obra, de William R. Manson y C. George Peale, con un Estudio introductorio de Maria Grazia Profeti, 2010


FERNÁNDEZ DE MORATÍN, Nicolás, Hormesinda (1770) (floja tragedia), en 5 Actos y en verso; (en el tomo II de la BAE, M. 1846).

Personajes:

Pelayo,

Hormesinda,

Ibanez,

Trasantundo,

Gaudiosa,

Elvira,

Perrandez,

 Munuraf,

 Zulema,

 Tulsa,

 Guardias de Munuza,

 Guardias de Pelayo.

 

  
Representa La Hormesinda, hermana de don Pelayo, que salva su honor de las mentiras del moro Munuza. En ella pudo reflejar la situación española. Aseguró el éxito de la obra la actriz María Ignacia Ibáñez

 

En 1774 se publica Pelayo, tragedia, atribuida a Cristóbal María Cortés y Vitas perteneciente al Neoclasicismo

 A finales del siglo XVIII, CONCHA, José (Navarra, 1740-1804),publica A España dieron blasón las Asturias y León, comedia nueva en tres actos, 25 pp., Madrid en la Imprenta de Ramón Ruiz.


 

El dramaturgo popular Gaspar ZABALA ZAMORA publica La sombra de Pelayo o el día feliz de España: drama alegórico en un acto, Madrid, 1808, 23 pp.

  

Manuel José QUINTANA, (1772-1857) publica El Pelayo, tragedia en cinco actos, Valencia, 1818, 68 pp.Impr. y Libr. de Mompié. Fue otro poeta de la Ilustración y próximo a la transición al Romanticismo. Representada por primera vez por los actores del Coliseo de los Caños del Peral, en 19 de Enero de 1805.

Personas: Pelayo
Hormesinda, su hermana

Veremundo, deudo de los dos 

Leandro, hijo de Veremundo 

Alfonso, duque de Cantabria 

Alvida, confidenta de Hormesinda 

Munuza, moro, gobernador de Gijón 

Audalla 

Ismael
Un soldado gijonés 

Nobles asturianos 

Guerreros moros

  

La escena es en Gijón.

 

 Acto I: 5 escenas.

Acto II: 6 escenas

Acto III: 4 escenas

Acto IV: 6 escenas

Acto V: 5 escenas.

 

En El Pelayo hay pasión patriótica del poeta, aspiración a la libertad, pero sus cualidades técnicas y artísticas son más bien escasas.

En 1844, se publica en Oviedo Don Pelayo: tragedia lírica en dos actos de José Antongini, en la Imprenta de D. Francisco Pedregal, 47 pp. Se incluye en un libreto de ópera y zarzuela que cita la lista de intérpretes.

 Antonio ARNAO (Murcia, 1828-1889) edita Don Rodrigo: drama lírico en tres actos. Madrid, 1857.

 

Son sus personajes: D. Rodrigo, Florinda, El Conde don Julián, Teudo, El Duque Sigerico, Prudentila y Galo, a los que acompañan, nada menos que caballeros, nobles, pajes, sombras, presos, damas y servidores de Florinda, guerreros godos, alárabes, séquito del Rey y ninfas.

 

 

Termina el libreto con un himno árabe.

Del mismo año y autor tenemos Pelayo. Drama lírico, en 3 Actos y cinco cuadros.

 

En 1857 aparece la obraLa corona de Castilla. Alegoría dramática, 5 cuadros, en verso de  Vicente BARRANTES. (El 1º cuadro,en la Cueva del monte Auseva donde enarboló Pelayo la Cruz).

 

J. E. HARTZENBUSCH escribe La madre de Pelayo (1846),Drama en tres actos y en verso.


De 1866 tenemos Covadonga. Fantasía [dramática] en tres cuadros y en verso de  Enrique CEVALLOS Y QUINTANA.Madrid,


Saturio ÁLVAREZ MONTEQUÍN publica Covadonga. Loa a Pelayo y La Virgen de Covadonga: loa en un cuadro, 2ª ed. Oviedo, 1874. (Oviedo : Imp. y Lit. de Brid y Regadera).

 
  Quizá la obra más interesante sobre los personajes de Covadonga sea El Pelayo, tragedia1891. 70 pp. Fue escrita entre 1769 y 1772 por nuestro ilustre político y escritor Gaspar Melchor de JOVELLANOS

  
 Dice Jovellanos:“La escribí atropelladamente, en ratos perdidos, y aunque después intenté corregir errores…era difícil…Dicen algunos que este Pelayo se parece mucho a la Hormesinda del Sr. Moratín”. “La acción sobre que escribí mi tragedia es la muerte de Munuza”.

Algunos dicen que está mejor concertada aunque mucho más desmayada que la Hormesinda de Moratín.

Argumento:        “El argumento de esta tragedia es la muerte de Munuza, Gobernador de Gijón puesto por los moros, donde residía Dosinda, hermana de Pelayo. Mientras este permanecía en Córdoba ajustando varios tratados con el rey Tarif, Munuza intenta casarse con Dosinda, prometida a Rogundo, nobel y distinguido joven asturiano. Lo manifiesta a entrambos; y porque lo resisten con heroísmo, manda poner a Rogundo en el Castillo, y conducir a su palacio a Dosinda. En este estado se presenta Pelayo, que vino precipitadamente de Córdoba, cuando menos le esperaba Munuza, y cuando le aguardaban por momentos los asturianos...

... Pelayo:     Cuanto escucho y advierto me sorprende;

¡Arrestado Rogundo en el castillo;

reclusa en el palacio la princesa;

  turbado vos, el pueblo conmovido;

  mudos y misteriosos los semblantes!

  Todo me hace temer algún designio

  en que quizá se ofende mi decoro.

  A la verdad, despuès de mis designios

  y pruebas de amistad, yo no debiera

  recelar que Munuza ha perseguido

  el honor puro de un amigo ausente;

  pero mil conjeturas, mil indicios

  me llenan de zozobra y os acusan...

   

ACTORES: Pelayo. Munuza, Dosinda, Rogundo, Suero, Achmet-zade, Kerin, Ingunda, Guardias de Munuza, Ciudadanos de Gijón.

  Pelayo o La muerte de Munuza es la única tragedia redactada por Jovellanos. Es obra de juventud, compuesta en Sevilla, en 1769, cuando su creador contaba con veinticinco años de edad, si bien fue corregida entre 1771 y 1772. La obra fue objeto de una reelaboración que dio lugar a una versión nueva, hecha entre 1782 y 1790. Se debió transmitir en manuscrito. Sólo en 1792 apareció una impresión, y ésta de carácter pirata. Su representación no tuvo lugar hasta 1782, trece años después de ser escrita; en aquel año se estrenó en Gijón. A principios de octubre de 1792 tuvo lugar su estreno en Madrid.

En 1909 encontramos un folleto de 84 páginas editado en Arriondas con el nombre de  FERNÁNDEZ ROSETE y tituladoPelayo y Covadonga (obra teatral o también llamada por él “estudio histórico·.

 

RISCO, Alberto ((1873 - 1937)Covadonga por María. Ensayo dramático en 3 Actos y en verso. Bilbao,1918, 48 pp… Pertenece esta obra a una colección de Flores dramáticas que incluía:Escenas representables. ¡Covadonga por María! ¡Sevilla por Maria! La fundación de Salamanca. Genoveva de Brabante. ¡Primero Dios! ¡Quién fuera obispo! 1ª edición

 

 

 4.4

 l“ H A C E D …. ”

 

   Ángel Solís Álvarez

  
Año de la fe”, “Nueva evangelización”: formas llamativas y recurrentes de realidades permanentes para quien toma en serio la presencia de Dios entre nosotros y la urgencia de abrir caminos a la llegada de su Reino. Como muestra de la vacuidad de las palabras, vemos el hecho trágico del hambre en el mundo, cuando se podría eliminar la de un año con el gasto en publicidad de un mes, o el uno por ciento de lo que, a nivel mundial, se dio a los bancos; sin embargo, cada día siguen muriendo cien mil personas de hambre.

La preocupación de permanencia hoy y de seguridades para el mañana, hace que el diálogo y acomodación al mundo moderno se conviertan en el pseudoevangelio de una estructura con muchos miembros, cuando, de sobra sabemos, que es la purificación y santidad de muchos con actitud de Iglesia, la que hace que el Evangelio mantenga su novedad atrayente.

Purificar, sí, y con sugerencias bien concretas del Papa, que hizo lo que pudo:

- criterios no evangélicos que se toleran y hasta se bendicen;

- enseñanza que no pone en el centro la dignidad del hombre y la promoción de los más pobres;

-  la predicación con demasiada rutina y acomodos; sin preparar;

-la comodidad de “mi familia lo primero”, para salir hacia “lo perdido”

-  superar la caridad que da lo que sobra, para ver a Cristo en el pobre y obrar en consecuencia.

“En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Haced y observad lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen…… Todas sus obras las hacen para ser vistos…. (Mt. 23, 1-12). Escuchad el rumor de auxilio, abrid los ojos y caminos de colaboración, sacudid la pereza y la seguridad. Nuevos evangelizadores que “escuchan la Palabra y la cumplen”; renovar corazón misionero y salir en busca de la oveja perdida; apertura para todo posible encuentro con el Dios de la misericordia. Entremos en la dinámica indignada de reclamar nueva democracia desde la lógica del “bien común”, descubriendo en este mundo cambiante nuevas posibilidades de que la tecnología cree igualdad y no exclusión. Desde la base de una ética elemental globalizada, que la Iglesia ha de promover, se podrá exigir una autoridad pública internacional al servicio de los derechos humanos, de la libertad y la paz; misión que la ONU abandonó. Pongamos en valor la capacidad altruista y solidaria de nuestra sociedad, que sostenga la utopía de formar una familia, la de los hijos de Dios.

 

Pero no es solo cuestión de tácticas y métodos; urge una conversión de corazón, porque la salvación está cerca y no es creída. A cada uno, según las parábolas, ya nos han dado años de plazo; de repente, o por sola otra vez, espera nuestro fruto; no nos descuidemos, porque hay que tomar determinaciones inteligentes y drásticas. La razón pasará por el purgatorio que le da su dimensión: o “no te comprendo”, o “hágase tu voluntad”, o sea, hacerse nada para hacerle sitio al Señor; que El crezca y que yo disminuya: soledad, incertidumbre, como Juan Bautista. Superación de la contínua tentación de ser aprobado, aceptado, agradecido. Ser solo instrumento y cada vez menos visible, entonces El comenzará a construir su obra, su Reino.

Cuando la Buena Noticia tiene la nota de autenticidad, seguro que entusiasmará a esta juventud que tiene a Internet como fuente de toda verdad y le da percepciones que modifican la realidad; de igual modo que, si entran en ciertas iglesias, con sus imágenes acarameladas, sus ritos, símbolos y objetos no comprendidos por ajenos a sus vidas, obtendrán una visión distorsionada del Evangelio. Ya nos advertían los autores barrocos que, “hasta las rosas pueden resultar engañosas”. No necesita oro la tuya, Santina de Covadonga; ella reluce como auténtica cuando, despojada de lo superfluo, atraes a tu regazo a esta juventud que en la familia come, en la escuela le enseñan a ganar y en la iglesia se decoran sus fiestas sociales; aprende en las pantallas y se socializa en las discotecas-bares y campos de fútbol.

Sí, hay que volver al regazo familiar; Jesús, su Reino, empieza naciendo en una familia, entre pobres. El Don de Dios se nos transmite en convivencia con los pobres; ellos nos evangelizan. Cada familia, “iglesia doméstica”, es evangelio; portadora de un mensaje de amor, de futuro; son sal en su medio y allí comienzan a verse “las maravillas” del Reino. El mismo Jesús enseña lo que vivió en su familia, hasta llamar a Dios “Abba”. Toda familia solidaria es testigo de que Dios no abandona a su pueblo; allí se vivirá la pobreza, el amor y la esperanza que mostrarán, contra toda evidencia, que Jesús es el Salvador; las pruebas martiriales, que nos enseñan a orar, nos lo harán comprender, mientras seguimos escuchando a María:”Haced lo que El os diga”.

 

 

 

4.5                                                                

PROPUESTAS DE PROYECTOS “NO REALIZADOS” EN COVADONGA.

 

   Cayo González Gutiérrez

 

Varios y variados han sido los planes y proyectos presentados en distintos momentos y lugares para la mejora y engrandecimiento del Santuario. Veamos algunos de ellos:

 

Proyecto del arquitecto Ventura Rodríguez (por orden de Carlos III) para la construcción de una gran Iglesia delante de la Cueva. Hoy se conservan los basamentos sobre los que pensaba apoyar toda la edificación. Pretendía que a la altura de la imagen de la virgen, a través de una enorme cristalera, los fieles pudiesen ver a la Virgen (este edificio estaría separado de la Cueva unos 6 metros). Las obras comenzaron en 1781 y cesaron en 1792, por falta de dinero y la oposición de los Cabildos de Covadonga y Oviedo, que preferían la pervivencia de la Cueva en su estado salvaje y natural como estaba.

 

Comunicación con Orandi por la Cueva (del informe de Joaquín Llavanera citado más abajo): Incluso sería posible que se encontrara comunicación con la cueva de Orandi, cosa no difícil porque ya lo tienen muchas cuevas por otro lado y es completamente verosímil que don Pelayo contara con ese arbitrio para caso de retirada.

 

Rev. Covadonga Año 1923 : Habla de proyectos: el órgano ya inaugurado, el reloj con carillón (se está ultimando el proyecto con una casa suiza). La reforma del camarín de la Santa Cueva con un concurso de arquitectos; la electrificación del tranvía de Arriondas a Covadonga; la construcción de funiculares desde Re-Pelao al muro de estribación del Hostal, y desde el arroyo de la Gusana a la Cruz del Gines, que están en el ambiente y que seguramente recogerán con entusiasmo nuestros industriales en su día: la construcción de una carretera turística por la crestería del Gines, que nuestros políticos lograrán del Estado. Dos millones de pesetas. He aquí la solución al engrandecimiento de Covadonga.

 

III. Sobre el derribo de la Colegiata (era la tercera pregunta que se planteaba el Cabildo para la reforma del Camarín de la Cueva) vieja no hay duda que, háganse o no las anteriores reformas, ganaría mucho Covadonga con su desaparición ya que no responde a ningún mérito ni antigüedad notable. Venga abajo, pues, pero consérvense como recuerdo por su valor intrínseco los dos sepulcros bizantinos.. y consérvese también el túnel o pasadizo subterráneo a la Cueva.

 

Del engrandecimiento de Covadonga (Joaquín Llavanera, Ingeniero) p. 398-399

 

         Le gustó una idea expuesta en la misma revista por don Esustaquio F. Miranda (ingeniero y profesor de la Escuela de Minas)hacer una iglesia subterránea (en respuesta a la segunda pregunta del Cabildo de cómo afrontar la Reforma de la Gruta)... Aprovechar el túnel que hoy va a la Cueva y después de darle la rasante conveniente y modificar su planta en forma trapezoidal, para que convergiendo hacia el centro de la Cueva pueda mayor número de fieles ver los divinos oficios, se añaden una o dos galerías más con igual sección y mismo fin y unidas para servicios auxiliares, órganos y altares, retablos o imágenes votivas, con las necesarias galerías transversales. ..Sólo queda exponer el programa:

         1º Templo: puesto en claro que este es factible,… se debe determinar el número de galerías y sus secciones, teniendo en cuenta los vanos que advierte la pared de la Cueva para que resulten firmes y bien distribuidos. Detrás de estos vanos y cerca de ellos se establecerá la primera galería transversal recta, quebrada o curva, según convenga, y en ella y en las demás se pueden poner altares, confesionarios, exvotos..

 

Pequeñas sacristías y cuartos para servicios auxiliares se pueden hacer en los extremos de dichas galerías…Incluso sería posible que se encontrara comunicación con la cueva de Orandi, cosa no difícil porque ya lo tienen muchas cuevas por otro lado y es completamente verosímil que don Pelayo contara con ese arbitrio para caso de retirada.

         2º Cueva. Como eje en cuyo derredor giran todos los elementos que el arte y la naturaleza pueden acumular en Covadonga…. En la Cueva hay que relatar lo conveniente al ornato, abrigo y seguridad.

  Los muros de la Cueva no se deben tocar, más que con mucha parquedad y discreción para conservar el recuerdo histórico.

  
p. 246: La Escolanía (por Manuel García, Presbítero. Cita el romance La mort del ‘Escolá, de Verdaguer. “Pensaba yo: la Virgen de Covadonga no tiene Escolanía”. “Son tantos los planes y proyectos, me dijeron, que hay que dar tiempo al tiempo forzosamente; pero créame Ud.: la Escolanía será una realidad. Contamos ya con algún generoso ofrecimiento.

La electrificación del Tranvía de Arriendas a Covadonga; la construcción de funiculares desde Re-Pelao al muro de estribación del Hostal, y desde el arroyo de la Guxana a la Cruz del Gines; la construcción de una carretera turística por la crestería del Gines.

(Rev. Covadonga, 1923, un año antes del Órgano y a medio hacer el Favila).

 

Rev. Covadonga, Año III, 1º de septiembre de 1924 (nº 53) Del engrandecimiento de Covadonga. La reforma del camarín de la Santa Cueva (conclusión).



 

p.33: la boca de la cueva es recta en la parte baja, y curva (sic) en la superior, de forma aproximadamente circular y con su punto más alto en el centro; pues bien, este vano se puede cubrir con una vidriera en colores, que con objeto de poderla abrir y cerrar fácil y rápidamente, para que en buen tiempo se puedan admirar la gruta y adorar la Virgen contemplando el espectáculo piadoso y magnífico de las fiestas, desde fuera.

 

Para conseguir esto por medio de unas vidrieras de colores de abre-cierre rápido que es el medio más adecuado y artístico, se pueden seguir varios métodos.

 

         1º Un sistema de puertas de corredera que resbalando en poleas y carriles en su parte inferior y lo mismo en la parte superior que se alojaran en ranuras abiertas en la roca y que reunidas en los extremos, una pegando a la otra que es la postura de estar cerradas, no abultan más que la suma de sus espesores y cuando se desee abrir no hay más que por medio mecánico tirar de las primeras hacia el centro y esta engancha la segunda y luego la tercera, etc., etc.,

 

       2º El otro sistema es de abanico aún más sencillo y de más fácil manejo que el anterior. Una serie de abanicos que maniobrados por palancas se abren o cierran de un golpe.

  
(p. 34: 2º: No permitir que el tranvía pase de la estación actual y desde allí un ascensor que suba viajeros y equipajes a la inmediación de la explanada del magnífico Hostal Favila.

4º Hacer un museo mariano, para lo cual sería muy adecuado el ábside de S. Pedro de Villanueva.

Corrección de las torres de la Basílica, suprimiendo los agudos chapiteles para hacerlos del estilo mismo del templo..

 

Un funicular que subiera a la Cruz, donde la vista es magnífica sobre todos aquellos valles, más de 40 pueblos y los Picos de Europa.


Una estatua enorme de la Santina sobre la peña del Auseva.

 

 Derribo de la torre de la Colegiata por lo menos, que si no ahora después debe hacerse incluso del total y traslado de los antiguos sepulcros al Museo.

  
   (Joaquín Llavanera, ingeniero. Madrid 6 de Diciembre de 1923).

 
p. 66 a 68. (Plebiscito interesantísimo propuesto por el Señor Lomas para reformar el Camarín de la Cueva).

 


Contesta Julio Rayón:

  La emoción reside intensa y viva en la naturaleza misma y porque la Colegiata estorba a su contemplación es necesario derribarla. El observador que desde la explanada de la Basílica contemple la peña en que se abre la Cueva, siente irresistibles impulsos de destruir la Colegiata, no por vieja, sino porque oculta bellezas insuperables, sin que ofrezca la compensación de mérito artístico ninguno, como reconoce el Sr. Lomas al no invocar más razones, para conservarla, que la de su ancianidad y la de servir de guardián de la Cueva…

 

  No es posible eso: en todo caso la idea de Lurdes, no sería viable más que situando los fieles en un nivel más alto, en la meseta que quedaría después de destruida la Colegiata, o encima de esta, si no se destruye y se edifica un piso más, a modo de gran solana que ocupe toda la superficie del edficio.

  
p.186 -187 Responde al plebiscito el ingeniero Ricardo Acebal:



Vía crucis tallado en la piedra del túnel e Iglesia subterránea.

Una estatua enorme  de la Santina sobre la peña del Auseva coronada de estrellas presidiría lo realizado en su honor. (Joaquín Llavanera, Ingeniero).

 

En 1925, el Director de la “compañía de Ferrocarriles Económicos de Asturias” diseñó un plan par a electrificación de la línea, pero sin éxito. El nuevo proyecto comprendía como complemento a la línea de Arriondas a Repelao, la subida a Covadonga por un ferrocarril funicular y otro de turismo,desde Covadonga a la Cruz de Priena , extendiendo el ferrocarrili hasta debajo de la explanada de la basílica con una línea subterránea, con el mismo ancho e igual sistema y tipo de instalación eléctrica que la montada en los Ferrocarriles Vascongados..

 

Informe sobre el PLAN ESPECIAL de protección paisajística y monumental del Real Sitio de Covadonga.

Por los Arquitectos Cosme Cuenca y Jorge Hevia (2005).

 

         Este plan pretendía abrir la carretera de Muñigo (iniciada hace muchos años y paralizada) con circulación en doble sentido que terminaría en un andén de autobuses con glorieta de retorno, un edificio de acogida y una concha de recepción de peregrinos (detrás de la actual Escolanía). Acceso para automóviles a un garaje subterráneo (debajo de la actual explanada de la Basílica) con capacidad para unas 320 plazas.

 

         Se construiría también una “senda peatonal” desde el Repelao hasta la actual Escolanía.

 

         Posteriormente el Real Patronato aprobó la construcción de unas escaleras mecánicas desde el Repelao hasta la Escolanía, cuya construcción aún no se ha iniciado.

  

 

 
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