covadongadigital.es

 

El número publicado en marzo (14) de 2015 . Incluye 6 artículos (6.1-6.6) de Solís, Viejo, Cerra, Nieda, Ceferino y Nieda,

6-1 Madre Mía (Solís)

6.2 Villancicos  (Viejo)

6.3 Biografía de Covadonga (Cerra)

6.4 Don Opas (Nieda)

6.5 6.6 Más de Villancicos (Nieda)

6.6 In Memoriam Bardales 

 

 

 

“MADRE MÍA”

En todos nosotros resuenan aquellas voces blancas:

“Madre mía de Covadonga, sálvame, sálvame, y salva a España”.

Un día y otro, y no nos cansaban. Había añoranza de madre: de cariño, ternura, cuidado, mimo; de hogar, de pan, de sonrisa, de aliento.

Ella, la biológica, nos había enseñado a llamarla “Madre” de Dios y mía, que “ruega por nosotros”. Y acaso se fue basculando, por compensación, el sentido filial hacia esta Madre, y el fraternal hacia la comunidad. Raíz psicológica de posibles malformaciones y alejamientos familiares, a la vez que disponibilidad para dejarlo todo por el Reino de Dios.

 

Y la figura de Madre creció, nos acompaña y nos sigue haciendo como niños que claman: ¡sálvame y salva a la comunidad humana! No por habernos quedado en un infantilismo, sino por la misma razón que llamamos a Dios Padre, Abba, conforme a la experiencia y palabra de Jesús.

La liturgia y devoción cristiana ha vinculado a esta Madre, María, con otras grandes madres israelitas, liberadoras como Judit, o cantoras como Ana, la madre de Samuel:

“Mi corazón exulta en Yahvé, mi fuerza se apoya en Dios,

mi boca se burla de mis enemigos porque he gozado de tu socorro”(1Sam.2,1-2) que repite María en su Magnificat, como inspiradora de libertad universal que asume la causa de todos los rechazados de la historia humana, cantando en  nombre de ellos la llegada del tiempo mesiánico.

 

 

 

Es la Hija de Sión, Madre mesiánica, a la vez que madre histórica, que colabora con Dios y con nosotros. Con Dios porque es “su Madre”: le engendra en la encarnación de la Palabra a través de su carne real de persona y mujer, que se expresa en forma de comunicación personal y de diálogo en libertad, no en sometimiento. Dios se hace carne concreta en Jesús; el misterio es que la carne humana es manifestación de la vida de Dios. Hace poco me maravillaba escuchando a una joven y primeriza madre cómo descubría a Dios en la vida de su hija. María colabora dando y compartiendo su vida, su cuerpo virgen, o sea, capaz de expresar el poder del Espíritu de Dios de manera inmaculada.

Para María, fe es acogida y colaboración humana. Por Jesús podemos llamar a Dios, Padre y a María, “Madre mía”.

1 de Enero del 2015. Fiesta de María, Madre de Dios.

Angel Solís A.

                                                                    

Un regalo navideño en polifonía

El teatro Jovellanos disfrutó con el estreno de los "Doce Villancicos Asturianos", obra musical de Fernando Menéndez Viejo sobre poemas de José Antonio Olivar

19.12.2014 | 04:23

 

 

 

 

 

Un momento del recital de ayer en el Jovellanos. JUAN PLAZA

 

Fotos de la noticia

Cuca ALONSO Llegó el gran momento, con el teatro Jovellanos abarrotado, en que los "Doce Villancicos Asturianos" vieron la luz, o mejor dicho fueron escuchados por primera vez. El acontecimiento, patrocinado por la Autoridad Portuaria, supuso un estreno de postín, integrado por la Orquesta de Cámara de Siero, dirigida por Román Álvarez, la Coral Polifónica Gijonesa y los solistas María Fernández, Dolores Solís, Fernando Fernández y Javier Fernández Mejuto.

"¿Estás en un sin vivir?", le pregunté minutos antes al autor musical, Fernando Menéndez Viejo. Vestido de dulce, muy elegante, dijo: "Estoy más tranquilo que un ocho". No sé si creérmelo, aunque después de tan larga gestación... Treinta años han pasado desde aquella primera idea de dotar al folclore asturiano de una colección de villancicos como Dios manda; valiosos, polifónicos y trascendentes. Y al fin aquí están. Acompañaba a Fernando en todo momento, José Antonio Olivar, el poeta que puso los cimentos del delicioso recital. Porque en definitiva, si valoramos el conjunto de los doce villancicos, la serie está preñada de asturianía de principio a fin. Por ella se pasean los aires más genuinos de esta tierra, con su ternura, con su socarronería, su inocencia o su nostalgia. Escuchándolos se oye el rumor de la rompiente, el chasquido de la sidra contra el cristal, la estridencia del canjilón de la mina, o las lágrimas de ultramar. No se puede expresar mayor dulzura: "Y su madre, la probina, / que taba muerta de fríu, / en silenciu sollozaba / y daba-y la teta al críu".

Creo que todos podemos felicitarnos porque el acervo cultural asturiano cuenta con una pieza más: su propia polifonía navideña. Presiento que estos villancicos se van a hacer muy populares, algunos son tan pegadizos que ya nos hemos quedado con ellos. Es el caso del titulado "Ya repica el panderu", alegre y fácil, "Covadonga", o "Navidá Vaqueira". Fueron, o son, preciosos "Navidá Marinera", "Dexáilu dormir", "Aquella divina estrella", o "En'a orilla'l llagu Enol", acompañado de una gaita que sonó en la lejanía. Manejaba el fuelle, el gaitero Gabriel Martínez.

En cuanto a la interpretación creo que se consiguió un justo equilibrio de méritos. Bien la orquesta, bien la Polifónica, mejor los solistas masculinos, con un destacado Javier Fernández Mejuto... Y fantástica la música. De la letra, ya la irán escuchando ustedes; es sabia, oportuna y muy nuestra.

El villancico final "Feliz Añu Nuevu", es un compendio de filosofía. Si la vida es un tren que no tiene parada... "Nadie sabe la'estación / a la qu'esti tren s'acerca, / lo que queda más que claro / ye que un hay viaxe de vuelta. / Por eso hay que celebrala / cada añu la Nochevieya / y pone-y cara de risa al añu que ya comienza".

 

Nota del Editor de la Revista:L

Tenemos en este concierto una serie de villancicos con letra de Olivar Cubiella y música de Menéndez Viejo (autores de muchas de las canciones que oímos en Misas y otras celebraciones) localizados literariamente en la provincia de Asturias y, aunque originales, con un arraigado concepto de tradicionalidad.

Aparentemente es un cántico navideño de toda la geografía asturiana, de un extremo a otro, desde Occidente (Luarca, Entre Asturias y Galicia) a Oriente (Picos de Europa, Llanes, Pontón, Unquera): desde el sur (Puertu de Payares, Lena, Cuencas mineras) hasta el norte (pueblos de la costa, Ribadesella, Lastres, Colunga…).

Encontramos abundantes alusiones a la montaña (Payares, Sueve, Fitu, Picos de Europa, Mirador de Ordiales, Peña Santa…) y al mar mía): Puertu de mar, oles del mar, redes, pueblos de la costa). (Refieren pues todo el entorno de la Autonomía).

También son varias las alusiones a lugares identificados con la religiosidad, especialmente mariana:  Covadonga, Los Lagos, Santina,

Todos los pueblos citados se podrían resumir en “cada villa y aldea” de uno de los villancicos.

Hay verdaderas oposiciones o contrastes entre montaña y mar o costa, entre pueblos de la Costa o de la Cuenca Minera  (Asturias es un compendio de carbón y de pesca).

Alternan en los villancicos el aspecto geográfico ya citado en los dos primeros, en el cuarto y en el último. Hay referencias a la música tradicional y a sus instrumentos (gaita, panderu, zambomba). Existe una preciosa NANA (“Dexailu dormir”) y una reflexión subjetiva (“Qué pensará la mula”).

Tenemos una especial Navidad marinera y otra Navidad vaqueira,

No faltan las alusiones tradicionales en todo villancico al ángel, los pastores, la luna, Nochebuena, Nochevieja, estrella y los denostados buey y la mula.

Existen multitud de figuras literarias como metáforas, hipérbole, personificaciones, antítesis, compasraciones, epítetos…

Como no podía ser menos en nuestra Revista de Covadonga, 

Añadimos el Villamcico "Covadonga" con letra y video.

 

 

 

CUADONGA

 

Pudo haber sío Cuadonga

el sitiu en que Dios nació

y si nun lo fue, sería

porque nun se-y ocurrió.

 

Pudo haber sío Cuadonga

el sitiu en que Dios nació.

 

Pero un día la Santina, 

que ye la madre de Dios,

vino a esta guapa tierrina

y pa siempre se quedó.

 

Si aquí hubiere Dios nacío 

y non onde un día nació,

tal vez xamás-y pasara

 

lo qu’un día-y sucedió.

 

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 Esta biografía de Covadonga me fue enviada meses antes de la muerte de Silverio Cerra. Dada su gran extensión publicaremos algunos breves capítulos en sucesivas Revistas en homenaje a nuestro querido compañero, amante, estudioso y crítico sobre Covadonga

 

Silverio Cerra Suárez

 

¿QUÉ ES COVADONGA?

 

BIOGRAFÍA DEL SANTUARIO 

MÁS ANTIGUO DE ESPAÑA

 

GIJÓN

2008

 I  REFLEXIÓN INICIAL

 

   ¿Qué es Covadonga? La respuesta no es fácil ni sencilla, pues se refiere a un santuario con muchos siglos de existencia, situado, además, en un espacio natural con elementos únicos. Es un riquísimo paisaje tejido por incontables hilos de color. Es una cueva increíble tallada por la naturaleza en el cóncavo murallón del Auseva. Es una batalla decisiva para el destino de la civilización occidental. Es un lugar sagrado donde se venera a la Madre del Señor. Es una vieja historia que se acerca a los mil trescientos años. Es un símbolo de unidad donde confluye la inmensa mayoría de los asturianos. Es parroquia con unos vecinos que, desde tiempo inmemorial, viven y trabajan en su entorno.

   Covadonga es actualmente un foco que genera y nutre actividades sin fin, no sólo en el ámbito íntimo, personal y religioso, sino también en las amplias esferas de la cultura, la economía y el turismo. También ha designado infinidad de entidades que la adoptaron como denominación desde colegios a tiendas, desde barcos a hospitales, desde calles a revistas, desde congregaciones devotas a edificios, desde fábricas a libros, desde grupos deportivos a parroquias. Y una grata melodía resuena al pronunciarla como nombre propio ante miles de mujeres.

   Covadonga es hoy imán que atrae multitudes. No solamente los nacidos en Asturias, cercanos en la propia tierra o lejanos en la emigración, vibran ante la Santina. El rápido transporte actual trae oleadas fervientes desde todos los rincones de España y, con creciente frecuencia, peregrinos de lejanos países. Las motivaciones son variadas. La principal es la religiosa, porque María es la Madre del Señor e intercesora universal. También cuenta la identidad personal y social, pues acudimos a un lugar donde se defendió y triunfó, no sólo la fe de nuestros padres, sino también nuestra cultura de libertad y dignidad del hombre. Aparte de estos motivos más ideales y elevados, actualmente, otros motivos más sencillos y particulares pueden impulsar la subida hacia el Santuario, como la curiosidad de quien busca conocer lugares nuevos, el simple deseo de viajar o el gusto por los paisajes bellos. Todo justifica y hará grata su visita.

   En el sentido político, aquí nació España como un “reino nuevo con un rey nuevo”, en frase del filósofo e historiador árabe Ibn Jaldún. Aquí también tiene su raíz la monarquía española, que mantiene la línea sucesoria desde Pelayo hasta Juan Carlos I, caso único en Europa. Esto destaca la frase que el rey Alfonso XIII pronunció en 1918, durante la coronación de la Virgen: “Vamos a hacer algo único en el mundo: unir el arte de la naturaleza a la religión y a la historia, en el lugar del nacimiento de una nación”. Años después, el gran montañero José Ramón Lueje cinceló esta definición del Santuario: “La más alta y esclarecida afirmación del paisaje, de la historia y de la fe”.

   La importancia afectiva, religiosa y social de Covadonga ha sido reconocida siempre. Sin embargo, el conocimiento adecuado de su importancia pretérita y presente ha sido y es bastante escaso. En los siglos anteriores al XX sufrió etapas de oscuridad y abandono. Tampoco actualmente está logrando difundir una comprensión justa de su realidad en el grado que sería conveniente. Son frecuentes las expresiones retóricas o emotivas que exaltan con pasión el papel de la batalla o la figura maternal de la Virgen, pero este sentimiento debería profundizarse. Por otra parte, las guías al uso reducen su contenido a un breve y parcial relato histórico, sobrecargado de fotografías, y deberían enriquecer la información para que un conocimiento mejor ayudase a percibir la hondura que encierra cada ilustración.

   Se hacen necesarios estudios, sencillos y cercanos, que clarifiquen su apasionante historia y sus dimensiones esenciales, con los significados que sostienen todo desde la raíz. Este objetivo nunca se logrará con perfección. En efecto, el tiempo anterior ha dejado documentos valiosos, pero muy escasos y sometidos a variadas interpretaciones. Por otra parte, su estado presente ofrece tal dinamismo y variedad que es difícil encerrarlo dentro de unos párrafos escritos. Algo parecido sucede con las pinturas y los retratos. Nunca recogen la totalidad de su objeto, pero ofrecen aspectos útiles para comprender mejor aquello que representan.

   Siempre será interesante acometer tal empresa con este Santuario, referencia vital para muchos de nosotros. Sería preciso captar sus dimensiones reales desde el entorno natural que lo sustenta y envuelve desde sus raíces originales, subiendo por el tronco de su desarrollo temporal y volando por las floridas ramas de arte, cultura y religión que revisten su rostro actual. Desde el interior profundo de esta preciosa maravilla brotan mensajes como la fortaleza de la fe cristiana, la energía de una permanencia milenaria y la suerte de poseer un foco de sentido e identidad, tanto personal como regional o nacional.

 

 

II   CIMIENTO Y MARCO NATURAL

 

 

 

 

 

 

   El suelo, que aquí sostiene campos, edificios y personas, tiene unos cimientos que descienden hasta una profundidad sorprendente. Nunca pensamos en esto, aunque es el apoyo básico, no sólo para los seres humanos, sino para todos los vivientes. Nuestra Tierra tiene unos 4.500 millones de años de antigüedad. La circunferencia de su esfera alcanza a poco más de 40.000 kilómetros. Su diámetro en el ecuador mide 12.756 kilómetros. Entonces, el radio, o nuestra distancia hasta el centro, es de 6.378 kilómetros. Aunque todas las capas influyen en el conjunto, dejemos las más hondas que envuelven el núcleo ardiente del globo que nos transporta. Vengamos a la corteza externa, de unos 35 kilómetros de espesor, que es el solar donde apareció, hace más de 3.000 millones de años, la vida, que se ha desarrollado hasta la situación actual.

   En este marco se explican la geología y la geografía física de Covadonga. Las calizas que configuran la pared de la Cueva o las crestas de alrededor se formaron hace más de 300 millones de años en el Carbonífero. Este período de la Era Primaria duró 65 millones de años, desde hace 345 millones hasta 289. Su nombre se debe a que la exuberante flora de sus bosques fosilizados ha formado las capas de carbón, energía importante para la primera revolución industrial. Después, en Asturias, las referidas calizas se elevaron y deslizaron sobre el zócalo primitivo formando la cobertera herciniana, inmensa extensión de rocas sedimentarias deformadas. Estos sedimentos fueron duramente plegados y fracturados por laorogénesis alpina desde hace unos 30 millones de años. Entonces se formó la Cordillera Cantábrica donde se alzan las grises y desnudas torres de los Picos de Europa, que tienen al Real Sitio en su borde septentrional. En su clasificación, los geólogos presentan una singular “formación Covadonga”, y la Sierra de Covadonga designa las cumbres que coronan Orandi por el Oeste.

   Este zócalo primigenio fue después tallado durante millones de años por la erosión del agua, traída abundantemente por el viento Nordeste desde el cercano Mar Cantábrico. La caliza es un tipo de roca muy erosionable por la acción duradera del agua. Esto explica los barrancos abismales, las crestas alborotadas o los ríos interiores de estas montañas. Así, el río Las Mestas cruza las vegas de Orandi y, al final, se lanza por una caverna erizada de peñascos hacia los abismos interiores del monte Auseva, abriendo diminutas lagunas, antes de precipitar sus chorros en el Pozón, bajo la Cueva. Unos quinientos metros hacia Oriente, las aguas que brotan en los Ojos del Reinazo, más allá del cementerio, vienen desde la Vega de Comeya, cerca del lago Enol.

   La descrita orogénesis acabó produciendo un sinfín de sierras, cumbres, collados y valles intermedios. Uno de éstos comienza sus doce kilómetros en Soto de Cangas, al Noroeste, y los termina hacia el Sudeste bajo las alturas de Sierra Dúa y Canto Fuerte, junto al Mirador de la Reina. Su perfil muestra un primer sector llano y, hacia la mitad, inicia un progresivo ascenso hasta las cumbres que lo rematan. En este punto de cambio, a 263 metros sobre el nivel del mar, instalaron nuestros antepasados el poblado de Covadonga.

   Mirando este valle desde arriba, en la parte alta de la Huesera, así llamada por los abundantes fósiles que asoman en la pared de la roca, advertimos la rugosa superficie de sus laderas, excavadas por docenas de regatos. Su fondo presenta, sobre todo en la parte alta, siluetas más redondeadas en forma de U, causadas por la presión corrosiva de los glaciares. Luego abundan los perfiles angulares, parecidos a una V, originados por la erosión fluvial.

   Su costado derecho está orientado hacia el Sudoeste y recibe con abundancia la luz del Sol. Aquí el terreno es pedregoso en general y con escaso espesor de humus fértil, salvo en la vaguada de Llerices. Tal contextura y la escasez de fuentes impiden una vegetación abundante. Ésta se reduce a las vallinas húmedas, como la Gusana, la fuente a la derecha del Priena, o a las repoblaciones, como en el Repelao y en la Mata de la Riera. En cambio, el costado izquierdo mira hacia el Nordeste y recibe menos influjo solar. La menor temperatura y la abundancia de agua convierten esta ladera en un bosque floreciente de vegetación atlántica hasta la línea de Peñalba. Desde aquí, el cambio de composición en el terreno vuelve a imponer un monte bajo donde dominan las ericáceas oscuras.

   El suelo inferior del valle es muy variado en su imagen y producciones. En la parte alta se extienden incontables praderas con sus cercas de piedra, su majada en una esquina y, dispersos por todas partes, los fresnos, antiguo forraje con sus hojas y los tallos jóvenes. En su zona baja, los cultivos de maíz, patata, nabos o verduras florecieron en las vegas de la Riera y de Soto. Aquí, el río ha sido, no sólo el escultor de su entorno a través de una erosión milenaria, sino también el factor decisivo en la ordenación del territorio. Para comprobarlo, observemos cómo las carreteras y edificios de Covadonga, la Riera o Soto de Cangas están condicionados por los cauces de agua.

   En el centro del valle aparece nuestro Santuario. Sobre estos cimientos, geológicos y geográficos, nació y se desarrolló su historia y la de sus gentes. El marco físico, hasta hace poco, no se atendía más que en el aspecto estético de su epidermis paisajística. Así todos han ponderado la sorprendente belleza del panorama que descubren al llegar aquí; pero nadie piensa en cuál es su fundamento profundo. Este aspecto merecería un estudio más amplio que los anteriores párrafos. Aquí sólo podemos presentar un breve esbozo para ayudar modestamente en la compresión de una de las múltiples dimensiones que configuran la realidad de Covadonga. Aunque nadie piense en ella, es inevitablemente necesaria.

 

 

III   ANTECEDENTES HISTÓRICO-RELIGIOSOS

 

   El apartado anterior explica cómo el espacio físico de Covadonga es resultado de unos procesos naturales que duraron decenas de millones de años. Sin embargo, el hecho decisivo, que determinó su destino histórico, fue un episodio singular, sucedido en muy breve tiempo. Se trata de la victoria militar de unos cristianos, presentes en este recinto, contra invasores musulmanes, enemigos de nuestra fe y de nuestra manera de vivir. El resultado de aquel choque fue transcendental para el futuro de España. Pero ¿qué carácter tuvo? ¿por qué se despertó aquella resistencia desesperada? Ciertamente, no fue una casualidad, algo fortuito, un relámpago caído del cielo sin más. Al contrario: fue un hecho que sólo se entiende desde un largo pasado, social, religioso y cultural, vivido por las gentes de la región asturiana y por los llegados aquí, huyendo desde el Sur y buscando seguridad tras las montañas del Norte.

 

Covadonga ¿Mito? ¿Leyenda? ¿Brote pagano?

 

    Desde comienzos del siglo XX han surgido voces críticas, que no sólo reducen la importancia, sino que niegan totalmente la existencia de la batalla ganada por Pelayo y sus milicias creyentes contra los enemigos de la fe. Sería, por tanto, falso el origen cristiano del Santuario. Esa tendencia continúa activa en publicaciones recientes. Las posturas negadoras se reducen a tres: la que presenta todo como un mito; la que lo difumina en una vaga leyenda, y la que lo interpreta como simple transformación de un centro previo de culto pagano. Veamos los contenidos y la veracidad de estas opiniones.

   El mito es un término de uso frecuente para explicar las religiones antiguas, como la griega o la romana. Entonces, los mitos justificaban el origen del cosmos o de la sociedad, de acuerdo con su concepción naturalista de lo religioso. Así Júpiter lanzaba el rayo; Eolo soplaba el viento; Ceres hacía crecer los cereales y Neptuno agitaba el mar. Pero la refriega de Pelayo no es un mito sobre los orígenes, sino un hecho real, ocurrido en un lugar concreto. Tal suceso viene documentado en las crónicas latinas, escritas en Asturias, y testificado también por la crónicas moras, escritas en árabe, y, sobre todo, por los efectos inmediatos que produjo.

 

 

 

   La palabra leyenda designa un relato fantástico, como el ciclo del rey Arturo, la búsqueda del Grial, los Infantes de Lara u otras que circulan por el Romancero Viejo. ¡Ojalá la invasión musulmana hubiera sido sólo una leyenda! Al contrario, fue un ataque que en el año 711 deshizo el reino visigodo. Luego, en el año 713 los sarracenos ocuparon Asturias, con centro de gobierno en Gijón. Ocho años después no había ninguno aquí. ¿Qué pasó? Pues que alguien los expulsó. Además, a continuación, aparece en torno a Cangas de Onís una sociedad organizada y dirigida por Pelayo, a quien en el año 737 sucede su hijo Favila. La batalla no es, con seguridad, una leyenda, pero ha sufrido interpretaciones legendarias, como decir que las piedras y flechas lanzadas por los moros rebotaban sobre ellos, o que éstos eran ¡187.000! Tantos, con la pobreza de aquella Asturias, aunque lo robasen todo, no podían subsistir aquí muchos días. Las exageraciones del cronista tenían dos objetivos: exaltar a la monarquía asturiana con la grandeza de aquel triunfo y mostrar que la historia está dirigida por Dios, según la idea de San Agustín.

   La cuestión del posible origen pagano de Covadonga exige una explicación más detallada. Pelayo y los suyos eran cristianos. Además, el Santuario que aquí aparece después estuvo dedicado a la Virgen María. Para comprender esto de manera más fundada, debemos retroceder a la época realmente pagana de esta tierra, a la situación religiosa de la Asturias precristiana. Cuando el Cristianismo se acercó a nuestra tierra, no la encontró vacía de religión. En los tiempos del Paleolítico, quizá las pinturas rupestres sean ya indicios de prácticas y sentimientos referidos a poderes superiores con los que buscaban relacionarse, pero es muy impreciso. En las fases más cercanas, que comprenden el primer milenio antes de Cristo, sobre todo, el ciclo del Hierro celta, encontramos claras expresiones de una religiosidad que siente la presencia de seres divinos en relación con la muerte, el agua, los caminos, la Luna, el rayo y también la guerra. Era una religión naturalista, ceñida al mundo inmediato, que buscaba explicar los sucesos extraños o sorprendentes, y defenderse de los constantes peligros que acechaban. Algunos dioses celtas aún resuenan en nuestra toponimia, como en Beleño, Tarna, Aramo, Bendueños, Lugo o Deva.

   Tal situación, un tanto difusa, cambia al llegar los romanos. En el año 19 antes de Cristo, Roma, tras una guerra de diez años, impone en esta tierra su dominio, que durará hasta la invasión de los bárbaros a lo largo del siglo V. La firme mano del Imperio introdujo a los astures en la historia universal. En aquel marco llegaron el latín y la escritura, el derecho romano y las vías de comunicación, la minería y la agricultura racional. También vino su religión que se mezcló con la que aquí se vivía. Así Júpiter Candamio empuñó el rayo; Marte Tilenio animó la guerra; los lares viales protegieron los caminos; los manes acompañaron a los muertos y Diana nadó como xana dentro las aguas.

 

Entrada del Cristianismo en Asturias

 

   Este sincretismo entre la religión local y la romana era el clima que dominaba, con tipologías variadas, el ámbito cultural, o espiritual en sentido amplio, de la Asturias romana, cuando el Cristianismo nació y tuvo su expansión inicial por el Oriente Medio del siglo I. Aquí, la religión primitiva perduró varios siglos. La presencia de cristianos difundiendo su fe es posible en el siglo II, probable en el III y segura en el IV. Pero no desapareció la previa religión naturalista. Ésta siguió coexistiendo bastante tiempo con el avance de la nueva doctrina.

   ¿Cómo debemos entender la llegada y difusión de una creencia distinta de lo que antes se vivía? La fe cristiana aparece en Asturias porque vinieron hasta aquí fieles de otras partes: mercaderes, viajeros, monjes peregrinos o soldados de la Legio VII Gemina, acampada en León. El camino más probable es el que sube del Sur, por la Ruta de la Plata y el camino real de La Mesa. En los primeros siglos, el crecimiento del grupo cristiano tuvo que haber sido un lento goteo de adhesiones. No quedan datos ni huellas de choque entre lo nuevo y lo viejo. La religión pagana ha sido presentada como enemiga del Cristianismo. Pero no hay motivo para ello, pues el substrato religioso que aquí se vivía fue una preparación para el asentimiento hacia la nueva fe. La entrada de ésta era más fácil desde una vivencia de ideas y costumbres religiosas anteriores, aunque más simples e imperfectas, que desde un vacío total.

   El ingreso en el grupo cristiano incipiente no fue una lucha en contra ni una negación total de lo que había, sino una oferta de superación y mejora de las creencias precedentes, cuyas cualidades se podían integrar en la nueva doctrina. Ésta respondía mejor al miedo atávico a los peligros, al dolor o a la muerte. Así el Cristianismo entró aquí sin eliminar ni barrer las mentalidades anteriores, sino más bien reconociendo sus valores y mejorándolos. Pensemos cómo las ideas de amor y respeto al hombre como criatura de Dios invitan a una conducta mejor que la visión puramente natural, basada en la subsistencia, cuyo resultado es la lucha por la vida y la eliminación de los débiles. La concepción del mundo como creado por un Dios bueno libraba del temor a las fuerzas ocultas del ambiente. El optimismo de una redención final daba esperanza y sentido a la existencia, alejando el terror ante la destrucción de la muerte.

   Esta actitud permitió a los cristianos adoptar lugares o costumbres politeístas, pero dándoles un nuevo sentido, elevando el naturalismo anterior y enriqueciéndolo con la trascendencia del monoteísmo, con la confianza en la salvación por Cristo, y la moral del amor como superación de la violencia. Tertuliano recuerda que los seguidores de la religión clásica, al ver a los cristianos decían: “Mirad cómo se aman”. Esto era una suave invitación hacia la nueva fe. Un ejemplo de esta asimilación lo presenta el gran estudioso Manuel Fernández González-Valles al descubrir que en, al menos, en 23 castros asturianos se habían levantado capillas. Aquellas colinas fortificadas fueron pueblos normales, no santuarios paganos, pero los grupos creyentes posteriores los santificaron con ermitas, pensando que habían sido lugares de culto. Pero de esto no hay ninguna huella en Covadonga.

   Este proceso de cambio o conversión religiosa tiene lugar en Asturias en las fases tardías de la presencia romana. Incluso se la podría estimar como la corona de elevación que culmina la riqueza cultural traída por Roma. Completando tantas aportaciones en la vida social y económica, vino la fe cristiana para darle el espíritu, la calidad moral y el horizonte de sentido. Por ello, es el más valioso y profundo de los bienes heredados de la romanidad.

 

Avance progresivo de la fe y frutos posteriores

 

   En España la fe cristiana entró ya en el siglo I. La tradición habla de Santiago como su primer evangelizador. Es muy probable la venida de San Pablo. Las zonas donde primero se organizan comunidades de fieles es el Sur, la costa mediterránea y el valle del Ebro. Hacia el año 250 ya hay diócesis con obispo en León y Astorga. Es probable que desde allí viniesen misioneros hacia Asturias. Del año 268 es la lápida cristiana de Dovidena en Coraín. Otra igual de Argüero (Villaviciosa) se data en torno al 300. Más testimonios arqueológicos del siglo IV vuelven a destapar huellas de nuestra fe. Es curioso que las lápidas cristianas del niño Norenus, de la joven Magnentia y de Dovidena, hayan sido descubiertas en Soto de Cangas y Coraín, cerca de Covadonga. En el siglo V, cuando se desintegra el Imperio de Occidente, la situación religiosa de Asturias es muy probable que ofreciese un panorama de predominio de la nueva fe frente a los cultos antiguos. Los historiadores se afanan buscando datos y documentos para establecer las fases de ese cambio y devenir religioso. Está muy bien, pero lo más interesante y decisivo es el resultado, aunque éste haya sido lento.

   Cuando se descubre una presencia claramente mayoritaria del grupo cristiano es en el año 589 con el III Concilio de Toledo, donde Recaredo, rey godo, deja el arrianismo y se convierte a la fe católica. Al ser el catolicismo la religión oficial, su difusión hacia lugares aún paganos, si quedaba alguno, se hizo con rapidez. La consecuencia de esto es que, al final de la época visigoda, Asturias estuviese totalmente integrada en la Iglesia. No es posible determinar la profundidad alcanzada por la fe en aquel tiempo de aislamiento, pobreza e ignorancia. Sin embargo, mirando hacia el futuro, un pueblo que inició y sostuvo con su propio esfuerzo una empresa de inspiración religiosa tan descomunal como fue la Reconquista, freno decisivo a la islamización de Europa, no se puede calificar de tibio.

   Durante la monarquía asturiana tuvieron lugar en Asturias hechos decisivos para el Cristianismo posterior. La Reconquista, iniciada en Covadonga en el año 722, se termina en 1492, cuando España salta hasta América y evangeliza las tierras descubiertas. Bajo Alfonso I, entre los años 737 y 756, llega a Liébana el Lignum Crucis, objeto del jubileo posterior. Bajo el rey Silo, Beato de Liébana defiende la ortodoxia frente al adopcionismo, que degradaba la divinidad de Cristo, y la hace triunfar con ayuda del Papa y de Carlomagno. Bajo Alfonso II se descubre el sepulcro de Santiago, y este rey es el primer peregrino, iniciando así el Camino de Santiago. A Oviedo llega el Arca Santa con el Santo Sudario, que es también objeto de peregrinaciones. ¿Cuántas regiones de Europa han hecho una aportación similar al Catolicismo? Una tierra cubierta de monasterios, en la Edad Media hubo más de 150, no revela indicios de fe superficial o indiferente, sino, más bien, una convicción firme y activa.

   La reacción asturiana ante la invasión musulmana tiene un carácter religioso desde el primer momento. Esto revelan el nombre mismo de Covadonga y, poco después, la edificación por el rey Favila de una iglesia en honor de la Santa Cruz en Cangas de Onís. Además, la unidad constante de la política y de la vida social o artística con la religión, que refleja la monarquía asturiana, no son posibles sin unas creencias sólidamente asentadas. Un pueblo de convicciones vacilantes hubiera sucumbido a la marea islámica que dominaba casi toda España con una riqueza y poder militar inmensamente superiores a los grupos dispersos, poco nutridos y mal armados que habitaban esta tierra.

 (continuará)

 

 

 

 El síndrome de Don Opas

“Dichosos los que han muerto por un palmo de tierra” (Charles Péguy)

 

 

 

Preámbulo

 No vaya a creer el lector improbable que se asomara a estas páginas que porque el discurso discurra en ellas como a la pata la llana, dejándole a la reflexión la brida sobre el cuello (como Loyola a la mula que fundó la Compañía), se habla por eso aquí a humo de pajas. El texto, que se alivia de citas y de aparato crítico para hacerle al animoso lector más liviana la excursión, se autoriza nada menos que del patronazgo remoto de Don Claudio Sánchez Albornoz (Historia del Reino de Asturias – Orígenes de la nación española), mientras se abreva a sus anchas en la hermosa y documentada Historia de Covadonga (2008), de Ignacio Gracia Noriega, prologada por Gustavo Bueno. Informado de tan excelente compañía, puede el lector echarse a andar, seguro de que se le llevará por buen camino.

 

 

Composición de lugar

 

Subiendo a Covadonga, en la última curva antes de La Riera, en el flanco de la montaña, a la derecha, hay un peñasco considerable que se inclina hacia la carretera y el río. Destaca por su aislamiento y sobre todo por su forma, pues remata en un “zurullo” redondo que semeja una cabeza. Hasta allí bajábamos a veces, de tres en fondo, en aquellos paseos que, al decir de un escritor de los nuestros, “daban melancolía a los que los veían pasar y, más, a los que iban en ellos”. A la vista del peñasco, los que ya sabían nos informaban a los que acabábamos de llegar que aquella “piedrona” se llamaba la Cabeza de don Opas porque desde ella habían despeñado (nunca mejor dicho) “al obispo traidor”. Esto daba pie a una narración relativamente embarullada en la que Don Opas llegaba a Covadonga con los moros y avisaba a don Pelayo que mejor que se rindiera por la cuenta que le traía, aunque solo fuera porque los moros eran un montón. Don Pelayo, que ya estaba en la Cueva, posaba la cruz sin soltar la espada y,  asomándose al pozón, le hacía al obispo, con la mano libre,  lo más parecido a una peineta (aunque entonces todavía no se llamara así, pero hacerlas las hacían. Cómo no se iban a hacer con el cabreo que había). Así que se armó la marimorena y en cuanto ganaron la batalla, a los cristianos les faltó tiempo para ajustarle las cuentas al obispo manu militari, despeñándolo desde la peñona.

¿Será que la corta edad y la melancolía disponen a la credulidad? Servidor no encontraba motivo para dudar de que al obispo traidor le hubieran dado su merecido de aquella forma sumarísima y espectacular; ni de que la peñona se llamara así por eso. Y con eso, ya sabía lo esencial, pues poco más se sabe del obispo, de cuyo nombre varía la ortografía (Oppa, Oppas, Opa, Opas); le cambian de sede (Sevilla, Toledo, Tuy, un poco como a don Osoro que de Oviedo lo mandan a Valencia antes de traerlo a Madrid); no se sabe si era hermano o hijo de Witiza; si conspiró con Don Julián para la invasión o cambió de bando después de Guadalete. Tampoco hay noticia de cuándo, dónde y cómo acabó. Sin embargo, sábese lo suficiente: existió, fue miembro de la aristocracia goda, llegó a obispo y traicionó arrimándose al sol que más calienta. Y no pudo acabar bien, pues es cosa sabida que Dios castiga sin palo ni piedra.

 

Un poco de geometría

Covadonga es una trinidad singular de naturaleza, historia y fe. Se puede discrepar en el valor que se atribuya a cada uno de estos ángulos. No todos prefieren el triángulo equilátero pero, con independencia de la figura del conjunto y del valor singular de cada uno de sus ángulos, la suma es constante y vale dos rectos. La misma necesidad vincula los tres vértices que constituyen la entidad triangular de Covadonga. Se destruye Covadonga cada vez que se prescinde de uno cualquiera de sus   vértices. Y lamentablemente, esta forma reductora, mutilante y finalmente destructiva de percibir a Covadonga es la más común. Con la naturaleza no hay problema; todo el mundo está de acuerdo que la de Covadonga es privilegiada. Del culto mariano se discute si es anterior o posterior a la Batalla. La versión Rotense de la crónica Alfonsina ya sitúa una “casa de María” en el interior de la Cueva al tiempo de la Batalla; de donde se puede retener como dato cierto que al menos ese culto era una realidad cuando se redactaba la crónica, siglo y medio después de la batalla, en los 80 del s. IX. También se discute si el culto mariano es la cristianización de un culto pagano, vinculado a la cueva y su cascada; abunda en el Norte el topónimo “Deva”, ligado a un culto fluvial.  Deva, junto a Gijón, presenta una llamativa coincidencia con la gruta y la cascada de Covadonga: una capilla erigida sobre un manantial. De la imagen románica de Nuestra Señora de Covadonga venerada en Cillaperlata, se dice que es réplica de la que se consumió en el incendio de 1777; no se menciona, en cambio, que a pocos metros del santuario hay una cueva que se asoma al río. Como en Covadonga.

Lo más cuestionado del triángulo es, sin duda, el vértice histórico, la Batalla: se la niega, se la sitúa en otra parte (Liébana); se la ignora al citar a Poitiers como la primera victoria de los cristianos sobre el Islam; se la minimiza. En cierta ocasión estaban los alumnos de 4º de la ESO soliviantados; la profesora de Sociales les acababa de decir que la batalla de Covadonga, si es que la había habido, no pasaría de ser una escaramuza. Lo de “escaramuza” les sonaba a “engarradiella” en el recreo. Como para mandar a don Pelayo al jefe de estudios. En qué quedaba entonces lo de “España es Asturias; el resto, tierra conquistada”.

 

 

 

 

Los síntomas del síndrome

A toda esa constelación, difusa pero tenaz y consolidada, de elisiones, de litotes, de pretericiones; en suma, de negaciones, se la podría designar síndrome de Don Opas. La negación de la realidad obedece al deseo de que esa realidad no se hubiese producido. Los negacionistas de la Batalla de Covadonga o de su trascendencia histórica hubiesen deseado, como Don Opas, que Don Pelayo se hubiese estado quieto, que la batalla no se hubiese producido o, de haberse producido, que la perdieran los cristianos. En cualquier caso, que no hubiera tenido las consecuencias  que tuvo, “la insidiosa reconquista” del ilustre académico (que, con tanto lustre, así nos luce el pelo). Negado el hecho o su trascendencia, ya no merece la pena hablar de ello: el ángulo histórico de Covadonga queda sin contenido. Nos dicen ahora catedráticos muy documentados que Don Pelayo no fue rey. Con el territorio liberado, con los testimonios de la toponimia (Repelao, Campo de la Jura), con Munuza huído y su despacho de Gijón cerrado a cal y canto, qué fue, entonces, Don Pelayo después de la victoria, ¿alcalde de Cangas?

 

Las espigas y el grano

Tucídides, Herodoto, Tito Livio, lo que llamamos historia, la disciplina de ir contando las cosas sin desbarrar en exceso, era una práctica con un rodaje de siglos. Pero la marcha de la historia no es rectilínea y, de vez en cuando, aquí o allá, hay que volver a empezar. La historia de Covadonga se cuenta como leyenda. Y con las leyendas conviene evitar dos extremos: tomarlas por historia contante o negarles toda historicidad so pretexto de que se cuenta como leyenda; lo que se llama tirar al niño con el agua del baño. Puesto que disponemos de crónicas árabes y crónicas cristianas, lo más prudente será escuchar a las dos partes para ver de encontrar el camino de en medio.

Los árabes minimizan la derrota; en último término la tropa de Don Pelayo se reduciría a una peña de burros por domar (“treinta asnos salvajes”), refugiados en la cueva, a los que no hubo forma de desalojar de su agujero; pero, total, tampoco merecía la pena. Los cristianos maximalizan la faena sin escatimar en medios. Don Pelayo, la víspera, tuvo visiones: “Hoc signo vincitur inimicus”. En latín, como Constantino en Puente Milvio. (¿Sería lo de Don Pelayo cerca del Puente Romano?). Ya metidos en harina, “las piedras que lanzaban los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban”. Como milagro es más bien modesto. El rebote al fin y al cabo obedece a una ley física. ¿No hubiesen rebotado igualmente los pedruscos aunque no estuviese en la cueva la casa de María? Igualmente no, argüirán los más piadosos, sin la  santa casa,hubiesen rebotado con menos puntería ¿O la mayoría de los moros no habrían olvidado en el cuartel el casco reglamentario? El que no ve milagros es porque no quiere. Pero donde se les va la mano a los cronistas cristianos es en el cómputo del enemigo: 180 000 soldados. Gracia Noriega insiste  en que “ciento ochenta mil, con toda su impedimenta no cabrían en un valle tan estrecho como el de Covadonga” (p. 78 y 84). Sin embargo, Fíjese, Don Ignacio, que más se angosta el valle entre Arriondas y Ribadesella y los corresponsales dan cuenta cada año de hasta 200 000 romeros en la fiesta de las piraguas. Con toda su impedimenta. No se dirá que de asuntos falta enmudeció la épica.

 

Atando cabos

¿No podríamos dar por verdaderos los datos en que coinciden cronistas con puntos de vista tan opuestos? Serían estos: Hubo encontronazo militar entre los cristianos mandados por Pelayo y los moros conducidos por Alkama; el encuentro se produjo en el entorno de Covadonga cuya cueva fue para los cristianos la base estratégica central; desequilibrio numérico de las tropas en presencia; ganaron los cristianos a pesar de ser menos. Tanto por su trascendencia como por la desproporción entre los contendientes, la batalla de Covadonga guarda más analogías con la de Maratón que con la de las Navas de Tolosa o con la de Waterloo. Asistimos aquí a uno de esos momentos admirables (miracula, mirabilia) en que Dios (al parecer, contra su costumbre) ayuda a los buenos a pesar de ser muchos menos que los malos. Covadonga fue para los cristianos lo que Maratón vino a ser para los griegos, uno de esos momentos en los que el destino de una civilización depende de un pelotón de soldados.

 La reconquista no empieza en Poitiers, había empezado en Covadonga. España es, reconoce Joseph Pérez (y bien está que sea un francés el que lo reconozca), “el único país de Europa que es europeo por vocación”. Los demás lo son por geografía, por posición. España recuperó palmo a palmo –sangre, sudor y hierro a lo largo de siglos- lo que había perdido de la noche a la mañana en 711. Así volvió a ser romano-cristiana con el resto de Europa. En vez de ser musulmana como  Marruecos, Libia o Siria, que habían sido tan romano-cristianas como España y el resto de Europa. Lo lamentarán los aquejados del síndrome de Don Opas. Algunos nos atrevemos a pensar que, aparte de su dimensión trascendente (a la que se accede solo por la fe), la civilización cristiana, muy lejos de ser perfecta,  nos depara el modelo de convivencia más llevadero de los hasta ahora realizados; el único que respeta las libertades democráticas y en el que los derechos humanos tienen una garantía (al menos mínima) de defensa y de vigencia.

 

Versiones y círculos del síndrome

A nivel regional, del síndrome de Don Opas tenemos la versión clerical y la socialo-ecologista. A las mocedades y la juventudes de izquierdas (valga la redundancia), en ruptura con la historia, les encantaría una Asturias sin historias. Para ellos, Covadonga es la entrada pintoresca al Parque Natural de los Picos de Europa, joya de la corona de Asturias Paraíso Natural. Este adanismo tontorrón, intelectualmente plano, con una mano detrás y otra delante, se expresa a la perfección en la campaña institucional (que suele coincidir con Navidad) de “Soy lo que como, como lo que soy”. O sea, la ideología de “Con fabes y sidrina…” Y de postre, Afuega el pitu. La versión clerical se manifiesta en una pastoral exclusivamente volcada en la promoción  de Covadonga como santuario mariano; en hacer de Covadonga (como apunta Bueno) el Montserrat y el Aránzazu del Principado. La Santina vendría a ser la “Moreneta” de los asturianos. Cuánta buena gente flipa con la sola evocación de Covadonga y de la Santina, mas en cuanto se aborda el capítulo de historia, se ensombrecen y se parapetan en el olímpico desdén de una sonrisa etrusca.

El síndrome de Don Opas no concierne únicamente a lo relacionado con Covadonga. Su espectro es insospechadamente amplio: Los que precipitan reiteradamente la imagen de la Santina desde la cima de Picu Urriellu, los que se oponen con uñas y dientes a que se enseñe el cristianismo en las escuelas, los que quieren que llamemos de invierno a las vacaciones de Navidad, a los que les estorban los Belenes en espacios públicos, son los mismos que quieren devolver la mezquita de Córdoba al culto musulmán y convertir la Monumental de Barcelona en una mezquita monumental. El público que se conmueve con Hipatia de Alejandría (en Ágora, de Amenábar), linchada por una turba de fanáticos en el s. V, asiste indiferente a la decapitación televisada de cristianos coptos. Ante el atentado más sangriento de la historia de Europa, La mayoría, en vez de volverse contra los terroristas, se revolvió con ira contra el Gobierno de la nación atacada.

Una mañana de agosto del 77, nos despertamos con la noticia de que habían robado la Cruz de la Victoria. Contuvo Asturias el aliento. No se oía ni el vuelo de los pájaros porque ni los pájaros alzaban el vuelo, retenidos por la pesadumbre. La izquierda se manifestó en Oviedo, protestando airadamente contra el Cabildo de la Catedral, que no supo custodiar el patrimonio. No les faltaba razón: en el 34 los de izquierda tuvieron que romper paredes para llegar a la cripta de Santa Leocadia y  volar la Cámara Santa con la Cruz de la Victoria. Los que en el 34, en el 36 y en el 37 atacaban el patrimonio cristiano  con el mismo furor con que los yihadistas atacan el patrimonio civil en Kabul o en Musul, son celebrados como héroes por la historiografía y por los medios.

 

¿Pavana por una Europa difunta?

Oriana Fallaci consumió sus últimas energías en denunciar el inminente riesgo de que Europa, vitalmente exhausta, demográficamente inerte, espiritualmente desalmada, fuera masivamente colonizada, desde el interior, por el Islam (La Rabbia e l’Orgoglio (2001), La Forza de la Ragione (2004), L’Apocalisse (2004). Por su denuncia, Oriana fue fustigada de forma inmisericorde por la Santa Inquisición de la corrección política. Llegaron a imputarla por xenofobia. El último libro de  Houellebecq, Soumission (febrero 2015), describe el triunfo del Islam en Francia: Ben Abbes, líder de Fraternidad Musulmana, alcanza la Presidencia con el apoyo de los socialistas de Hollande y de Valls, y del centro-derecha de la UMP. Con la complicidad del Conde Don Julián y del obispo Don Opas, diríamos aquí.

El protagonista y narrador es profesor de literatura en la Sorbona, recién entrado en la cuarentena, sin vinculaciones familiares, sin mayores ambiciones ni proyectos, con una vida amorosa intermitente y a salto de mata; con pequeños vicios y algunas manías, pero sin pasiones. Arquetipo de la decadencia. Al principio de los acontecimientos, en un primer compás de incertidumbre, se refugia en Martell, pequeño pueblo del sur. No hace falta decir que estamos en el terruño de Carlos Martell, el héroe de Poitiers. Y a 20 kilómetros de Martell está Rocamadour, el santuario más célebre de la Edad Media Francesa. El profesor se instala en Rocamadour durante algunas semanas y visita cada día la capilla de Nuestra Señora, la Virgen negra de los ojos cerrados. Rocamadour renvía a otro Carlos, a Charles Péguy. Nadie se identificó con la Edad Media cristiana con tanta intensidad como Péguy, se nos dice enSoumission: “Charles Péguy entendió que el corazón viviente del fervor medieval no era el Padre, ni siquiera Jesucristo, sino María. Y eso se siente en Rocamadour”.

Son las páginas más bellas de una prosa que no se presta a galanuras. Asistimos a una especie de vigilia de armas en contrasentido. La vigilia de un caballero que va a entregar las armas sin haberlas empuñado. Ante la Virgen negra, y en diálogo con Péguy vive el autor su primer y último encuentro con una fe que en otro tiempo fue ardiente y poderosa hasta gobernar una civilización, un mundo. Le alcanza la nostalgia, y hasta “el deseo desesperado de incorporarse a un rito”. La partida está, sin embargo, decidida. Volverá a París para integrarse en el orden nuevo. Que le va a pagar el triple y pondrá a su servicio dos esposas.

Don Pelayo, Carlos Martell. Covadonga, Poitiers. Martell, Rocamadour: Cada vez que el cristianismo triunfa del Islam, sella su victoria con el culto a María. Del Islam dice Nietzsche como elogio que es “una religión de hombres”. Enigmáticos antagonismos.

 

“Dichosos los que han muerto por un palmo de tierra”

El esforzado lector que haya llegado hasta aquí, y también el más afortunado que haya tenido la idea de empezar por el final, merecen el obsequio de estas estrofas de Péguy que, citadas en Soumission, hablan de batallar, de fe y de filiación; de perdición y de tierra. “Traduttore, traditore”? Cómo arriesgarse a traducir o a echar mano de traducciones ajenas, en un texto que trata del síndrome de la traición; y además tratándose de poesía. ¿No nos han dicho que el poema es “una oscilación sostenida entre el sonido y el sentido”. Mejor, entonces, la palabra original, con la textura y el perfume de un aceite virgen.[1]

 

Heureux ceux qui sont morts pour la terre charnelle,

Mais pourvu que ce fût dans une juste guerre.

Heureux ceux qui sont morts pour quatre coins de terre.

Heureux ceux qui sont morts d’une mort solennelle.

 

 Heureux ceux qui sont morts pour des cités charnelles.

Car elles sont le corps de la cité de Dieu.

Heureux ceux qui sont morts pour leur âtre et leur feu,

Et les pauvres honneurs des maisons paternelles. 

 

Que Dieu mette avec eux dans le juste plateau

Ce qu’ils ont tant aimé, quelques grammes de terre.

Un peu de cette vigne, un peu de ce coteau,

Un peu de ce ravin sauvage et solitaire.

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Mère voici vos fils qui se sont tant battus.

Qu’ils ne soient pas pesés comme on pèse un esprit.

Qu’ils soient plutôt jugés comme on juge un proscrit

Qui rentre en se cachant par des chemins perdus.

 

Mère voici vos fils et leur immense armée.

Qu’ils ne soient pas jugés sur leur seule misère.

Que Dieu mette avec eux un peu de cette terre

Qui les a tant perdus et qu’ils ont tant aimée

 

Mère voice vos fils qui se sont tant perdus.

Qu’il ne soient pas jugés sur une base intrigue.

Qu’ils soient réintégrés comme l’enfant prodigue.

Qu’ils viennent s’écrouler entre deux bras tendus.

 

 

Quieren ser estas páginas un homenaje fraternal a Silverio Cerra. Aquí quedan, como un manojo de flores cortadas con prisa y mal aparejadas, en recuerdo de quien tanto sabía y tanto nos enseñó de Covadonga.       

Ramón Alonso Nieda

 

 

 


[1] Dichosos los que han muerto por la tierra carnal, / con tal que ello haya sido en una justa guerra./ Dichosos los que han muerto por su trozo de tierra, / dichosos los que han muerto de una muerte triunfal ./ Dichoso los que han muerto en batallas campales, / tendidos en la tierra, de cara contra el cielo. / Dichosos los que han muerto en un excelso anhelo / entre toda la pompa de grandes funerales. / Dichosos los que han muerto por ciudades carnales, / pues ellas son el cuerpo de la ciudad de Dios. / Dichosos los que han muerto por su hogar / y por los  pobres honores de las causas paternales, / pues ellas son la imagen y son el primer lazo, / y ensayo  y cuerpo de la divina mansión. / Dichosos los que han muerto en ese estrecho abrazo,  / ese abrazo de honor y humana confesión, / pues esta confesión de honor es la inicial / y el ensayo primero de eterna confesión./ Dichosos los que han muerto en esta destrucción, / cumpliendo de ese modo su voto terrenal, / pues este voto de la tierra es la inicial / y el ensayo primero de una fidelidad. / Dichosos los que han muerto en forma tan triunfal  y / con tanta obediencia y con tanta humildad / Dichosos los que han muerto, pues fueron reintegrados / a la primera arcilla y a la primera tierra. / Dichosos los que han muerto en una justa guerra, / dichosas las espigas y los trigos segados.

 

 

6.5  In memoriam  BARDALES

 

 A  Miguel Ángel Díaz Bardales

 

 

 

Miguel Ángel Díaz Bardales, compañero en el Seminario durante tres años y, en los últimos 15 años, participante asiduo en las reuniones semestrales del Curso Covadonga52, falleció en Madrid, en el Hospital de La Paz al amanecer del día 31 de octubre de 2014, afectado por un cáncer de colon y, precisamente, dos días antes de cumplir los 73 años.

 

Nosotros hemos perdido un buen amigo; unimos nuestros sentimientos de pena y de vacío a los de su esposa Dori a quien conoció y enamoró en Ribadesella, ¿dónde, sino? (ella también nos acompañó en Covadonga en alguna de nuestras reuniones de octubre) y al de sus tres maravillosos hijos. Perder un esposo es especialmente doloroso - un hueco que nunca se llena - y perder un padre deja una fuerte experiencia de desnudez y de falta de referencia.

 

Bardales era un persona siempre alegre –  compartiendo este ‘estilo de ser’ con su familia de sangre - , entusiasta y ‘vitalista’. Lo decía así su hija Ana en el día de su despedida en el Tanatorio de Oviedo: “disfrutaba ante cualquier situación con que se encontraba y la vivía con fruición”.  Le gustaba, en fin, saborear la vida, especialmente con los suyos, con su familia, que se va multiplicando, y a la que estaba ‘tan apegado’. Era, además, de las personas que agradeces encontrar, bien para un saludo rápido o para entretenerse en una conversación prolongada. 

 

Le afectaría, sin duda, su situación última de enfermedad pero no lo manifestaba, no presentaba ese síndrome de contrariedad y de queja de la vida; ahí también manifestó su dignidad y ¡no debe ser nada fácil!    

 

En su etapa laboral fue amante y celoso de su trabajo y en estos años disfrutaba plenamente de su situación privilegiada de jubilado.

‘Un hombre sabio ha de estar preparado para todo; sabe cómo protegerse y agradece los placeres que la vida le ha ofrecido y no se enfurece o se queja cuando la dicha toca a su fin’.

 

Quiero destacar, igualmente, que tenía un estilo personal sencillo, llano, sin remilgos ni complicaciones. Bien podía suscribir estas notas copiadas de algún autor: “que no crezca jamás en mis entrañas esa calma llamada escepticismo, huya yo del resabio, del cinismo, de la imparcialidad de hombros encogidos. Crea yo siempre en la vida, crea yo siempre en las mil infinitas posibilidades. Engáñenme los cantos de sirenas, tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua. Que nunca se parezca mi epidermis a la piel de un paquidermo inconmovible, helado. Llore yo todavía por sueños imposibles”.

 

Como colofón sentido y personalizado a este recordatorio de Ángel añadiría:

‘Dios ha querido que dedicara mi vida a ayudar a los demás, pero no ha querido que me marchara de este mundo sin dejarme ayudar por ellos. Dejarse ayudar es un nivel de espiritualidad superior al de simple ayudar. Quien se deja a ayudar se parece a Cristo más que quien ayuda. Pero nadie que no haya ayudado a sus semejantes sabrá dejarse ayudar cuando llegue su momento’.

    

Su periplo vital recorrió un trayecto de ida y vuelta: Ribadesella – Oviedo – Madrid – Oviedo –Ribadesella con alguna escala en Carrión de los Condes, en Covadonga y en Gijón. Para él, pues, ‘de Madrid al cielo’, no;

para él, ‘de Ribadesella al cielo’.

Miguel Ángel, tal como te despedía siempre que te enviaba una convocatoria para ‘nuestras reuniones’, PAX TECUM.

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Ceferino A. Bermúdez

 

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 6.6

 

Más de villancicos 

 

Como comentario al Concierto de Viejo y Olivar añadimos la opinión de Alonso Nieda después de asistir a dicho concierto 

(publicadp en LNE)

 

 

Con la música a otra parte

“La letra es fundamental. Si a una música se le pone un texto, creas un monstruo. Primero la letra y en torno a ella vas creando, dando ambiente a su contenido”, le confía Fernando Viejo a Cuca Alonso en LA NUEVA ESPAÑA del pasado 14. Viejo, que es compositor (aunque por modestia se declare compositeru), sabe de qué habla. Por eso añade: “Lo curioso es que luego la melodía absorbe para sí el protagonismo”. Y esa perplejidad del compositor suena casi como un eco de la pregunta  de Tristán en la 1ª escena del acto III: “Esa antigua melodía qué despierta en mí”.

“Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo / ya nadie sabe el autor”. ¿No queda casi todo esclarecido en esa cita tan certera de Machado? La música de autor, para ser verdaderamente popular, tiene que desandar el camino y encontrar la fuente de la lírica tradicional cuando el poeta, que no sabía contar las sílabas ni tenía nociones de solfeo, creaba al mismo tiempo el poema y la canción que, más que nacer juntos, eren una criatura única.

En “El nacimiento de la tragedia del espíritu de la música”, sostiene Nietzsche que el drama nace y se desarrolla a partir del coro, “matriz musical” del texto. A partir de una hipótesis errónea, el filólogo filósofo encuentra una verdad que no buscaba. Es el impulso musical el que busca la palabra y la modula en canto. Lo que empieza siendo una metáfora, la “matriz musical”, adquiere, al término de la encuesta arqueológica, un sentido radicalmente literal: la melodía más antigua viene del seno materno (Mutterschoss). La música es el arte primordial porque nuestra primera sensación es acústica, y de la música viene el arjé-typo, el ADN sin el cual ningún fenómeno será estético: el primer sonido fue cadencia: la palpitación materna que nutre el cuerpo y despierta la conciencia, el primer sentir.

Esa cadencia original, ese primer a-corde que viene del corazón, eso buscamos en la naturaleza y en la cultura. Y no tenemos ya sosiego ni placer (preludio de felicidad) mientras ritmo, proporción y medida no impongan orden y concierto en el caos de las vivencias. ¿Qué despierta en nosotros la antigua melodía? El primer despertar, el primer sentir. La música primera, “lengua materna” universal. Belleza y placer estético, que Kant decía “sin concepto” y “desinteresados”, manera de expresar ese no sé qué de la emoción, en la frontera de lo espiritual y de lo físico.

Toda música auténtica es canción popular e incluso, en un sentido muy primario, canción de cuna. Como los 12 villancicos en “bable caseru” (no de academia) de Olivar, con música de Viejo. Bien lo entendió el público que abarrotaba el Jovellanos y aplaudió a rabiar; feliz de dejarse llevar a esa “otra parte”. A esa patria (matria) de todos los orígenes (Urheimat), de la que nos tiene desterrados la prosa de la vida. A ese sancta sanctorum del silencio que nos oculta el ruidoso iconostasio de la banalidad. A ese primer compás en aquella soledad sonora donde la música callada, más que contradicción, es casi pleonasmo.

 

 

José Ramón Alonso Nieda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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