covadongadigital.es

 

Tribuna de opinión

 

 


      Silverio Cerra  

                   J.Ramón   Alonso                                                                                 

                                               

  Angel Solís

 

 

        Silverio Cerra

 Qué es Covadonga?                           Reflexión Inicial

Por Silverio Cerra Suárez

 

¿Qué es Covadonga? La respuesta no es fácil ni sencilla, pues se refiere a un santuario con muchos siglos de existencia, situado, además, en un espacio natural con elementos únicos. Es un riquísimo paisaje tejido por incontables hilos de color. Es una cueva increíble tallada por la naturaleza en el cóncavo murallón del Auseva. Es una batalla decisiva para el destino de la civilización occidental. Es un lugar sagrado donde se venera a la Madre del Señor. Es una vieja historia que se acerca a los mil trescientos años. Es un símbolo de unidad donde confluye la inmensa mayoría de los asturianos. Es parroquia con unos vecinos que, desde tiempo inmemorial, viven y trabajan en su entorno.

 

Covadonga es actualmente un foco que genera y nutre actividades sin fin, no sólo en el ámbito íntimo, personal y religioso, sino también en las amplias esferas de la cultura, la economía y el turismo. También ha designado infinidad de entidades que la adoptaron como denominación desde colegios a tiendas, desde barcos a hospitales, desde calles a revistas, desde congre­gaciones devotas a edificios, desde fábricas a libros, desde grupos deporti­vos a parroquias. Y una grata melodía resuena al pronunciarla como nombre propio ante miles de mujeres.

 

Covadonga es hoy imán que atrae multitudes. No solamente los na­cidos en Asturias, cercanos en la propia tierra o lejanos en la emigración, vibran ante la Santina. El rápido transporte actual trae oleadas fervientes desde todos los rincones de España y, con creciente frecuencia, peregrinos de lejanos países. Las motivaciones son variadas. La principal es la religiosa, porque María es la Madre del Señor e intercesora universal. También cuenta la identidad personal y social, pues acudimos a un lugar donde se defendió y triunfó, no sólo la fe de nuestros padres, sino también nuestra cultura de libertad y dignidad del hombre. Aparte de estos motivos más ideales y eleva­dos, actualmente, otros motivos más sencillos y particulares pueden impul­sar la subida hacia el Santuario, como la curiosidad de quien busca conocer lugares nuevos, el simple deseo de viajar o el gusto por los paisajes bellos. Todo justifica y hará grata su visita.

 

En el sentido político, aquí nació España como un "reino nuevo con un rey nuevo", en frase del filósofo e historiador árabe Ibn Jaldún. Aquí también tiene su raíz la monarquía española, que mantiene la línea sucesoria desde Pelayo hasta Juan Carlos I, caso único en Europa. Esto destaca la frase que el rey Alfonso XIII pronunció en 1918, durante la coronación de la Virgen: "Vamos a hacer algo único en el mundo: unir el arte de la naturaleza a la religión y a la historia, en el lugar del nacimiento de una nación". Años después, el gran montañero José Ramón Lueje cinceló esta definición del Santuario: "La más alta y esclarecida afirmación del paisaje, de la historia y de la fe".

 

La importancia afectiva, religiosa y social de Covadonga ha sido re­conocida siempre. Sin embargo, el conocimiento adecuado de su importan­cia, pretérita y presente, ha sido y es bastante escaso. En los siglos ante­riores al XX sufrió etapas de oscuridad y abandono. Tampoco actualmente está logrando difundir una comprensión justa de su realidad en el grado que sería conveniente. Son frecuentes las expresiones retóricas o emotivas que exaltan con pasión el papel de la batalla o la figura maternal de la Virgen, pero este sentimiento debería profundizarse. Por otra parte, las guías al uso reducen su contenido a un breve y parcial relato histórico, sobrecargado de fotografías, y deberían enriquecer la información para que un conocimiento mejor ayudase a percibir la hondura que encierra cada ilustración.

 

Se hacen necesarios estudios, sencillos y cercanos, que clarifiquen su apasionante historia y sus dimensiones esenciales, con los significados que sostienen todo desde la raíz. Este objetivo nunca se logrará con perfec­ción. En efecto, el tiempo anterior ha dejado documentos valiosos, pero muy escasos y sometidos a variadas interpretaciones. Por otra parte, su estado presente ofrece tal dinamismo y variedad que es difícil encerrarlo dentro de unos párrafos escritos. Algo parecido sucede con las pinturas y los retratos. Nunca recogen la totalidad de su objeto, pero ofrecen aspectos útiles para comprender mejor aquello que representan.

 

Siempre será interesante acometer tal empresa con este Santuario, referencia vital para muchos de nosotros. Sería preciso captar sus dimensiones reales desde el entorno natural que lo sustenta y envuelve desde sus raíces originales, subiendo por el tronco de su desarrollo temporal y volando por las floridas ramas de arte, cultura y religión que revisten su rostro actual. Desde el interior profundo de esta preciosa maravilla brotan mensajes como la fortaleza de la fe cristiana, la energía de una permanencia milenaria y la suerte de poseer un foco de sentido e identidad, tanto personal como regio­nal o nacional.

 

Reflexión Inicial del libro "Qué es Covadonga",

editado recientemente por su autor, D. Silverio Cerra Suárez.

 

 SOCIACIÓN CULTURAL FORO COVADONGA

 

Revista Foro Covadonga:

Oviedo, 2005, Ediciones Nobel, 300 p.

 

La Asociación Cultural Foro Covadonga, nacida en 2003, tiene entre sus objetivos la publicación de una revista para estudiar y, sobre todo, promover con digna calidad el conocimiento de los aspectos que ofrece la realidad milenaria del Santuario. Conocer empuja hacia la comprensión. Ésta fundamenta el aprecio valorativo que acaba despertando cercanía y afecto. Este deseo floreció en esta publicación, fruto del generoso esfuerzo de una peña de amigos, unidos por el afecto a este lugar y a la Virgen que lo preside.

La revista, aparecida en junio de 2005, se abre con un texto institucional del Presidente don Vicente Álvarez Areces, donde expone de forma sintética el significado histórico, social, cultural y religioso del santuario. Parte del pasado y sus avatares para abarcar a la emigración asturiana. Habla de su naturaleza espléndida, sus connotaciones y lo que representa para los asturianos. Como político, señala las necesidades del momento, sobre todo en la cuestión del tráfico.

En segundo lugar liega la visión religiosa del Arzobispo don Carlos Osoro, que  presenta a Covadonga como lugar de experiencia viva. El primer motivo es que estamos en la casa de una Madre, que desde siempre está con sus hijos, presentándoles a Jesucristo en sus brazos. Pondera el Santuario como un algo único por su paisaje y su historia. Recuerda a poetas, teólogos o místicos que han exaltado a María y concluye proclamando la proyección universal de su mensaje.

Sigue una página editorial rememorativa y programática, donde se exponen los motivos originales y los objetivos finales de la asociación y de la revista. Su deseo de promover y engrandecer todos los aspectos de Covadonga, busca caminos y relaciones para que el santuario no sólo mantenga su nivel actual, sino que, intensifique su irradiación sobre Asturias, España e Hispanoamérica.

El primer trabajo propiamente científico trata de Covadonga en la poesía, escrito por Cayo González, director de revista. Desarrolla el tema en tres pasos: poesía épica, lírica y poesía en bable. Cada uno recorre la historia de la literatura y presenta gran número de autores con frecuentes y largos extractos de sus textos. La parte épica insiste en la batalla y en el triunfo de los cristianos refugiados aquí. La lírica se centra en la figura de María, destacando los preciosos versos del magistral Manuel García. Concluye con unos romances en bable.

Covadonga ocupa un lugar destacado en la música, sobre todo, coral. Con esta idea abre don Fernando Menéndez Viejo su trabajo sobre la música y el santuario. Pasa de la canción tradicional, que suena en varios ejemplos, a la canción religiosa, donde explica el himno oficial y otras variedades hímnicas surgidas en los últimos siglos. Recorre luego el teatro musical con copiosas referencias de zarzuelas y óperas sobre la Santina. Habla, al fin, de su presencia en el folclore actual.

Don Gabino Díaz Merchán, arzobispo emérito de Oviedo, mantiene una larga y profunda relación con el Santuario. Ahora escribe un artículo desde su experiencia y su afecto. Expone los significados que encierra para los asturianos. Tras una reseña de los pasos históricos, propone que sea protegido de interpretaciones inadecuadas. Pide que todo lo que allí se realice sirva para reforzar su proyección religiosa y su apoyo a la nueva evangelización.

La historia anterior a Covadonga es tratada por el historiador y arqueólogo don Mario Menéndez, antiguo alumno del Seminario. Se inició en la Prehistoria bajo la sabia orientación de don Emilio Olávarri, cuyas excavaciones en el Próximo Oriente han merecido aprobación internacional. Aquí coloca al santuario en su contexto geológico. Resalta el significado de las cuevas como lugar de habitación y como santuarios de la primera religiosidad humana. Presenta luego la riqueza de los yacimientos prehistóricos de la cuenca del Sella. Aquí las primeras huellas humanas aparecen hace unos 40.000 años. Se detiene en el periodo aziliense y en el Neolítico con interesantes restos en el concejo de Cangas de Onís. Concluye con las primeras huellas de presencia cristiana en esta zona hacia el siglo IV después de Cristo.

El paisaje de Covadonga es punto de atracción para los aficionados al senderismo En el espacio del santuario se multiplican los senderos. Don Ceferino Álvarez Bermúdez realiza una descripción, basada en su propia experiencia de una ruta de gran recorrido desde el centro de Asturias hasta el Santuario. Abre su artículo con la primer caminata conocida, realizada en 1759 por un capitán ovetense. Explica otras marchas hasta la reciente de Antonio García Miñor en 1957. Gran interés tiene su propia vivencia de los 105 kilómetros de la Ruta de las Peregrinaciones desde la ermita de Covadonga en San Esteban de las Cruces hasta el Real Sitio. Las cinco etapas descritas discurren por sierras y valles de gran belleza a través Siero, Nava, Pilona, Parres y Cangas de Onís. El tramo final por la ladera del Auseva llega a Peñalba, ante cuya loma se alzan los agudos pináculos de las torres de la Basílica.

La montaña de Covadonga es de tal grandiosidad y belleza, que ha merecido ser elegida para el primer Parque Nacional español. De esta cuestión escribe don Bernardo Canga, conocedor y divulgador de las vías romanas y de las montañas astures. Describe alguno de los paisajes recónditos del Macizo Occidental de los Picos de Europa, que no son difíciles de conocer pues están en el entorno de los lagos Enol y Ercina. Estos 'santuarios naturales7 son las vegas de Teón, que se abre junto a la carretera bajo la Peña del Elefante. Desde aquí se va a la vega de la Fana donde nace el río Pelabarda. Desde Teón se desciende a la vega de Comeya, un antiguo lago desecado con residuos de las explotaciones mineras de la primera mitad del siglo XX. Termina en la vega de Belbín, conjunto de prados y cabañas en la cercanía del lago Ercina, sobre la que pastan los rebecos y sobrevuelan las águilas.

Pedro José Pidal Carneado (1799-1865), padre de Alejandro Pidal y Mon y abuelo de Pedro Pidal, que subió al Naranjo de Bulnes en 1904 y logró el Parque Nacional de Covadonga en 1918, tuvo una estrecha relación con Covadonga, logrando que retornasen a la Colegiata sus bienes desamortizados. Don Francisco Crabifosse Cuesta explica su entierro en Covadonga. Tras las exequias en Madrid, su cuerpo fue embalsamado y conducido en un ataúd, revestido internamente de plomo, a Covadonga, donde el Cabildo le había donado una sepultura perpetua. Se abrió un nicho en el claustro de la Colegiata, según proyecto de Roberto Frassinelli. Allí el 20 de marzo de 1866 fue colocado el féretro. Sobre su lápida se grabó un larguísimo epitafio.

El primer santo vinculado directamente a Covadonga es San Pedro Poveda, canónigo allí entre 1906 y 1913. Fue conocido, sobre todo, por su actividad educativa. Abrió academias y otros centros pedagógicos. La Institución Teresiana, creada entre Covadonga y Oviedo, estuvo dirigida a renovar la educación de la juventud. Hoy, cien años más tarde, su obra sigue viviente, pero su forma debe adaptarse a las nuevas ideas sociales y culturales Este es el tema del artículo de doña Arantxa Aguado, teresiana y consultora de la Iglesia Católica en el Consejo Mundial de las Iglesias. En los Encuentros con Pedro Poveda, celebrados en Covadonga en agosto de 2004, desarrolla desde una perspectiva povedana los 'perfiles7 y las 'sensibilidades' de los educadores que deben formar a los jóvenes creyentes en el horizonte de la interculturalidad.

La dimensión espiritual de San Pedro Poveda es desarrollada por el sacerdote don Luis González Moran. Recorre las etapas fundamentales de su vida, y en cada una interpreta su conducta desde una frase de Santa Teresa de Jesús: "5n estos tiempos son menester amigos fuertes de Dios". Habla de su familia, de su actividad con los pobres de Guadix, de su ordenación sacerdotal, de la oposición que encontró, de su traslado a Madrid y de su elección  para como capitular en Covadonga. Desarrolla tres facetas de Poveda: su profundización espiritual, su identificación con el Santuario y los peregrinos, y, finalmente, la idea de crear una institución católica de enseñanza. El resto de su vida, hasta su martirio en 1936, fue un desarrollo coherente de estos gérmenes.

Muchos políticos se han interesado por Covadonga. Uno de ellos fue Juan Vázquez de Mella (1861-1928). Nacido en Cangas de Onís, afirmaba que la Santina "era lo primero que vieron mis ojos". Esta relación es estudiada por don Isidoro Cortina del Frade. Vázquez de Mella estudió en Valdediós y luego se licenció en Derecho en Santiago. Entró en la política y toda su vida militó en el tradicionalismo. Fue carlista hasta 1918, cuando lo abandonó y formó un Partido Tradicionalísta. Fue admirado por su gran elocuencia. Escribió una Filosofía de la Eucaristía. Su amor exaltado a Covadonga se compendia en una Invocación a la Virgen de Covadonga, que aquí viene copiada.

Los reyes de la monarquía asturiana deben tener presencia en Covadonga. Una colección de sus medallas, labrada por el escultor ovetense Juan Zaratiegui del Agua, se edita aquí con explicación de don Cayo González Guirérrez. La serie consta de doce piezas en bronce en 1985. En el anverso aparece en silueta la cabeza de cada uno. En el reverso viene una imagen relativa a los hechos de cada uno: Pelayo se acompaña con la iglesia de Abamia, donde fue enterrado; Favila aparece con un oso; Alfonso I el Católico es recordado por el río Duero; Fruela trae dos puñales; Aurelio asiste a una reunión de siervos sublevados; Silo es relacionado con Santianes de Pravia; Mauregato se acompaña de las Cien doncellas; Vermudo I el Diácono es relacionado con crismón dentro de una corona; Alfonso II el Casto es recordado con una ventana calada de San Julián de los Prados; Ramiro I viene con un relieve de Santa María del Naranco; Ordoño I presenta los trofeos de la batalla de Clavijo,

La última creación importante del Santuario es el Museo de Covadonga Inaugurado en el año 2001 con la grandiosa exposición sobre Covadonga, Iconografía de una devoción. El actual responsable de su custodia, don Javier Remis Fernández, escribe una detallada crónica de la colección artística de Covadonga. El crecimiento de las joyas y obras artísticas de Covadonga comienza a mediados del siglo XIX. Las visitas reales y donaciones de personas devotas añadieron ornamentos ricamente decorados y vasos sagrados de materiales preciosos. Momento clave fue el año 1918 con la Coronación Canónica de la Virgen y la confección de las coronas para la Madre y el Niño. Tras la agresión de la Guerra Civil, se restaura todo. Las exposiciones de 1962 y 1988 culminan en la del año 2001, cuando se crea el Museo, que desde entonces no cesa en su perfeccionamiento.

Una dimensión de Covadonga de la que no suelen hablar los libros es la económica. El historiador don Luis Aurelio González Prieto estudia este aspecto desde un punto de vista histórico y desde la situación presente. En tiempos pasados la economía de esta comarca de montaña era ante todo ganadera y agrícola. Desde mediados del siglo XIX la leche fue base de una pequeña industria transformadora de queso y manteca. Desde 1848 se explota en las alturas de la vega de Comeya el mineral de manganeso. Se construyó un teleférico para bajarlo hasta el Repelao. En 1908 se termina el tren de vapor para transportarlo hasta la estación de Arriendas, donde se embarcaba hacia Ribadesella. Esta actividad prosiguió hasta 1979. Actualmente la actividad económica más fructífera en el entorno de Covadonga es la turística. En el último cuarto del siglo XIX comienza la afluencia de visitantes. En 1878 se abre el Hostal del Peregrino y luego algunas fondas. La apertura del Hotel Pelayo fue un salto adelante. El año 1918 la Coronación de la Virgen y la creación del Parque Nacional crean un foco de interés. Luego, la facilidad creciente de las comunicaciones ha desembocado en el turismo masivo, atraído por el fervor religioso y también por la belleza natural del lugar.

Un breve artículo de don Alfredo García Álvarez, alcalde de Cangas de Onís, habla de los aspectos negativos de la masificación y de la necesaria planificación jurídica del Parque, que ahora pertenece a tres comunidades autónomas. Trata de la mejora y modernización de las infraestructuras y servicios, sobre todo, por el tráfico intenso que crea problemas de estacionamiento y contaminación.

El suceso más dramático sufrido por Covadonga durante el siglo XX fue la desaparición de la imagen de la Virgen durante la Guerra Civil. Silverio Cerra Suárez explica las fases de este proceso. En septiembre de 1936 la Cueva apareció vacía. En los meses posteriores circularon por España todas las hipótesis sobre su escondite o destrucción. La incógnita duró dos años y siete meses, hasta marzo de 1939, cuando fue encontrada en la embajada española de París. Los pasos seguidos por la imagen fueron estos: en septiembre de 1936 la guardaron en el ropero del Hotel Pelayo; en enero de 1937 fue conducida a Gijón, donde las autoridades la custodiaron con otras piezas de arte. En septiembre de 1937, ante la caída del frente del Norte, fue llevada hacia Francia y acabó en la embajada parisina. Al ser descubierta, al final de la Guerra, se creó una comisión diocesana para disponer su retorno. Tras un viaje triunfal desde Irún, fue entronizada en la Cueva el 6 de julio de 1939.

En Covadonga se establecieron en 1951 los dos primeros cursos del Seminario Menor de Oviedo en el Hostal Favila. En octubre de 1952 ingresaron 101 alumnos, que acabaron su carrera en 1964, junto con otros llegados en cursos siguientes. Un alumno de aquella promoción, don Evaristo Medina Alonso, traza un minucioso relato de la vida en aquel momento. Empieza con la descripción del edificio en todos sus pisos y departamentos. Habla luego de los superiores que dirigían y de las monjas de la Caridad de Santa Ana que cuidaban de la cocina y la limpieza. Repasa los horarios, las misas y ejercicios de piedad, las clases, las asignaturas y sus caracteres. Las sesiones de estudio que duraban cinco horas cada día. Los recreos y los paseos hasta el Repelao o la Riera. Hace un repaso sobre los compañeros y sus vicisitudes. En el colofón valora positivamente las vivencias de aquella etapa infantil.

En las páginas siguientes expone sus recuerdos don Severino Álvarez Zaragoza. No habla del curso, sino de su experiencia personal como monaguillo y escolano. Recuerda luego sus relaciones con clérigos de Covadonga o conocidos durante su vida profesional en Oviedo.

El médico allerano, Joaquín Fernández García, que estudió en Covadonga durante los años 1954-1955, escribe sus recuerdos vivos de aquellos años. Adopta forma epistolar. Sus 24 cartas, escritas con viveza y cordialidad, repasan las costumbres y los personajes del Seminario de Covadonga que acompañaron su paso por él.

Las noticias actuales del Santuario en los años 2004-2005 son relatadas por don Cecilio Díaz González, canónigo del Real Sitio. Pondera la importancia de la visita de Juan Pablo II en 1989. Cita diversos grupos específicos de visitantes. Explica cómo el antiguo Mesón se ha transformado en hospedería. Resalta el comienzo de las clases del Marianum, Instituto teológico fundado en el año 2004. Pondera la llegada al Museo de grandes donaciones artísticas y cree que se debe ampliar el espacio dedicado a lo nuevo que se espera.

Termina la revista con tres bellos poemas de don José Antonio Olivar. Don Luís Álvarez Fernández describe los pasos de la visita de papal de 1989. Cierra el texto una serie de textos sobre la Santa Cueva y una breve guía de su interior compuestos por don Cayo González Gutiérrez y don Javier Remis Fernández.

Sobre Covadonga no se ha escrito tanto como el tema merece. Sólo desde comienzos del siglo XX aparecen textos de diverso carácter. En general fueron novenas o libros de devoción. Se escribieron algunas guías, más bien comerciales, de poco valor cultural. También hubo algunos libros interesantes de reflexión e interpretación del Santuario. Es muy rico en datos el catálogo de la Exposición del año 2001. Deben recordarse las historias de Fermín Canella, Constantino Cabal o Luciano López y García-Jove. Como textos doctrinales destacan la Asamblea Mariana de 1926 y el Cuaderno de Estudios del Instituto Mariológico del año 2005. Entre todos ellos, creo que esta publicación del Foro Covadonga resalta por la variedad, la novedad y la profunda seriedad de los temas que ha presentado.

 

Oviedo, 15 de Marzo de 2010.

Silverio Cerra Suárez.

 

         J. R. Alonso Nieda

A continuación transcribimos los artículos con los que nos deleita Ramón Alonso Nieda, publicados la mayoría en "cartas al director" de la Nueva España. Aunque su contenido está ligado a hechos o acontecimientos del momento, por la agudeza valorativa y fina crítica merece la pena  incorporarlos a esta sección para disfrute del lector.  

 

 

 

 

 Los mocasines del pescador

 

Si el Papa vino a España a traer luz, en lo que me concierne me deja envuelto en una confusión inextricable. Había dicho el Papa en el avión que le traía que se estaban produciendo aquí brotes de un anticlericalismo radical, como en los años treinta. El diagnóstico papal cayó como el rayo en una santabárbara. Los anticlericales radicales esperaban que el Santo Padre vendría a ofrecer la otra mejilla como manda el Evangelio, y se encontraron con un papa respondón. Intolerable. Don Gregorio Peces Barba, el más posado de los siete padres de la Constitución, se arrimó al hombro de Gabilondo en la noche de La Cuatro para sentenciar muy solemne que las palabras del Papa eran “in-de-cen-tes”. El tono estaba dado; ya podía arrancar el orfeón.

 

¿No hay sin embargo en la algazara un reconocimiento implícito de que el de los años treinta fue un anticlericalismo radical? Por algo se empieza. Pero la versión oficial hoy en vigor enseña que aquellas persecuciones fueron una especie de correctivo que la Iglesia se había ganado a pulso; todavía se oyen a diario voces reclamando que pida perdón por lo de entonces; como si debiera mostrarse agradecida de que los matones no la hubiesen rematado. Ahora mismo el degüello de cristianos por decenas a mano de musulmanes no suscita emoción en una opinión pública progresistamente anestesiada, mientras pagamos entrada para llorar por Aspasia después de que el ministerio de Cultura le haya echado una mano a Amenábar para montar el velatorio.

.

Cuando el Arzobispo de Santiago se preguntaba dónde iba a meter a tanta gente cuando viniera el Papa, alguien le recomendó desde La Nueva España el ferial del ganado como el lugar más idóneo para aparcar al católico rebaño. Ningún periodista  se arriesgaría a tratar de esa manera a la afición del Sporting o del Real Oviedo; en cambio, hacer guasa de los creyentes, lejos de entrañar riesgo, pasa por mérito.

 

Los meritantes en La Nueva España del viernes (12.11.10) son dos plumas de postín. Matías Vallés concentra en su sección una antología del comedimiento: “El Papa insulta a los nativos”, “opinión delirante” “caro Papa”, “injerencia papal”, “Pontífice napoleónico”, “no tiene que combatir el anticlericalismo, sino la indiferencia”. “El cliente a veces tiene razón”, remata. Y en efecto, si en España, como en el Corte Inglés, el cliente tuviera siempre razón, ya le estarían devolviendo la parte alícuota de las facturas del viaje papal a un Sr.Vallés al parecer indiferente, pero ni pizca de anticlerical.

 

En la página 31 es Carmen Gómez Ojea la que, en una Mezclilla de vitriolo, le pone las peras al cuarto a este “Santo Padre de los papistas” que vino “a reñir a la ciudadanía de un estado aconfesional”. Pero qué se podía esperar de “el que calza no la sandalia de San Pedro, sino zapatos rojos de trescientos euros por pie”. 600 euros el par. No nos daría Carmen la cifra exacta si no la conociera de muy buena tinta, pues sabe muy bien que con las cosas de creer hay que andar con pies de plomo.  Conoce incluso el número que calza el Papa pero entiende con buen criterio que ese es un dato de la vida privada que no se deben mezclar ni en una Mezclilla.

 

El Papa debió de ver esos mocasines en un escaparate de la Via de la Conziliazione. Preciosos. Entró y preguntó el precio. Trescientos, Santidad. Cuando cayó en la cuenta de que eran 300 por cada pie, ya tenía el tique en la mano (los papas no son infalibles en estas cosas de andar por casa); demasiado tarde para volverse atrás. Y allá va el pobre Papa, ta-ca-tá, arrastrando trescientos de vellón en cada pie. El escándalo estaba servido porque en política y en pastoral son tan importantes las formas como los contenidos. De poco valdrá ya que la Santa Sede salga  diciendo que los mocasines salieron más baratos porque en el Vaticano no se paga IVA; o que el Papa los compró en unas rebajas; o que son un regalo de Musolini  de cuando el Tratado de Letrán.

 

Aunque tampoco faltará quien piense que imaginar al sucesor de Pedro en sandalias, con una mazo de llaves en la mano y entrando en burro en Barcelona, es tanto como confundir a  la Iglesia con un parque temático. Pero si en algo se equivoca el Papa (con perdón) es al equiparar el radicalismo de ahora con el de los años treinta, cuando a lo que más se parece es al anticlericalismo masónico y de casino del siglo XIX. Además de radical, es modernísima la anticlerecía nacional.

 

Ramón Alonso Nieda.

 

Volver al principio

 

mocedades

 

Es propio de los partidos hacerle la pelota a la juventud y cuanto más los partidos aspiran a ser “enteros” más coba le dan: la uniforman, la abanderan, le ponen megafonía, le dan instrucción paramilitar. Y los jóvenes marcan el paso, hacen guardia sobre los luceros, atizan fogatas y amagüestos; pegan carteles o le dan una paliza a algún opositor. Pioneros comunistas, Frente de Juventudes falangista, Giovinezza del Fascio. Pero  ningún partido se priva de esos somatenes juveniles; todos “conspiradores de calella” (como los define alguien  que conoce el paño), cainitas que se pisan la cabeza unos a otros, puesta la vista en las listas cerradas donde muchos son los llamados y pocos los elegidos. Hasta los del PP tienen sus Nuevas Generaciones por ver de animar un tanto el penoso París-Dakar de su travesía del desierto.

 

La prensa daba cuenta  de un muestrario de estas juventudes, aparcadas en orden de combate ante el teatro Jovellanos el domingo pasado: Conceyu de la Mocedá de Xixón, Conceyu de la Mocedá de Llaviana, Mocedá de IU, Estudiantes Progresistas y Juventudes Socialistas, perejil de casi todas las salsas. Es de agradecer lo de mocedades, pues quita hierro al perfil militante al evocar el ambiente amable de las romerías campestres, como en aquella famosa canción tan de aquí: “Mozos muy gayasperos que, a más de beber, cantaben, bailaben y anííímabense…”.

 

Pero no estaban para fiestas las mocedades astures, desafiando la lluvia y el ridículo ante el Jovellanos. Habían ido a protestar contra la visita del Papa bajo el lema “no con mis impuestos”. Faltaría más. Les secundaban en la protesta organizaciones más talluditas, como SUATEA, CCOO, FAPAS, COAPA, Bloque por Asturies. El tutti quanti de la progresía (aunque se notó la ausencia del Sindicatu de criadores de la Cabra Bermella  y de la Agrupación pal fomentu de la Oveya Xalda; sí estaban en cambio las de lapitapinta@.com).

 

Denunciaron en un manifiesto el pasado del Papa como kapo de las SS. Sí, sí; que hilan muy fino y no se les calienta la boca a pesar de ser tan mozos. Pena que Garzón no estuviera de guardia para meterlo en el trullo por crimen contra la humanidad, pero por lo menos consiguieron que se suprimiera la etapa de Gijón donde estaba previsto que el Papa asistiera de papo a una representación en la Laboral, con cena y copa incluidas. Pues lo que los protestantes del Jovellanos consideran inadmisible es “que el Estado gaste millones para pagar los viajes de ese señor”. Que no vengan ahora los urdidores de patrañas  recordando que el concierto de Paul McCartney le dejó al ayuntamiento de Gijón un pufo de 117 millones de pesetas, que entonces (2004) no eran tan antiguas.

 

Saben muy bien las mocedades progresistas que no solo de pan vive el pobre y que a veces alimenta más el alma una canción que una empanada (los progres, cuando salen del armario, salen con unas almas exquisitas y como nuevas por la falta de uso). Además para aquel concierto les regaló la Alcaldesa un mazo así de entradas y ahora para lo del Papa nadie contó con ellos. No vas a comparar al Papa con McCartney; ni con la Pantoja (-No hay color, el pobre). Lo de McCartney fue una inversión de futuro y la está amortizando el movimiento asociativo de Xixón a escote pericote (hasta la Sra. Alcaldesa, a juzgar por la pinta, ahorra en peluquería para ir tapando el descubierto).

 

Al final los tutti quanti no eran tanti: llegó un taxi y se subieron todos sin excesivas apreturas. Se fue el taxi en dirección de Cogersa (que hasta los prejuicios se pueden reciclar). Por cierto, ¿cuántos liberados habría entre aquellos protestantes? -Unos cuantos. ¿Y cuánto reciben en subvenciones  de ayuntamientos, del Principado y de los Ministerios? -“No con nuestros impuestos”. Pero va a ser que sí. ¿O es que no? El Cinismo es sin duda un rasgo definitorio del radicalismo autóctono, ¿pero no se pasan de listos cuando nos toman por tontos?

 

Ramón Alonso Nieda,

 

 

 Los ricos también rezan

o la impostura de Zapatero

 

“Los ricos también lloran” debió de ser el título de una serie de TV o radiofónica; no alcancé a verla o a oírla porque anduve muchos años fuera pero, por el contexto en que siempre se la cita, intuyo que el mensaje era que los ricos (lo que ahora se incluye en el epígrafe colectivo del “famoseo”) también tienen su corazoncito y eso les redime, en cierto modo, de los irritantes privilegios que disfrutan y que el resto de los mortales admiran y envidian. Me viene a la memoria al hilo de la fina glosa que, en “La cita del Deuteronomio” (LNE, 20.02.10), hace D. Javier G. Cuesta del Desayuno de Oración que tuvo al presidente Zapatero como invitado estrella (al menos visto de este lado el charco).

 

“De la intervención del Presidente se han manifestado diversos pareceres –reseña nuestro cronista- Todo es del color del cristal con que se mira”. Y como el cronista ya tenía sus gafas puestas, añade a renglón seguido: “Estuvo cortés, elegante. No fue una oración la suya porque un agnóstico-ateo no puede rezar” (fin de citación por el momento). Que el Presidente sea agnóstico-ateo me trae sin cuidado, pero si no puede rezar, ¿qué pintaba en un desayuno de oración? Si te invitan a una actividad en la que sabes que no puedes participar, ¿lo elegante no es declinar cortésmente la invitación? Eso haría, supongo, el propio D. Javier si le invitaran a incorporarse a una banda de gaitas o a un programa de La Noria, pongamos por caso. Si lo de Zapatero no pudo ser  oración, habrá que concluir con el cristal incoloro del Diccionario de la Real Academia que fue farsa (-“Enredo, tramoya para aparentar o engañar”), o impostura (-“Fingimiento o engaño con apariencia de verdad”).

 

-“¿A qué iba nuestro presidente?, ¿por qué aceptó la invitación?”, se pregunta retóricamente el señor G. Cuesta, que sabe como el resto de los españoles que si ZP recibiera de Obama recado de  que sería muy edificante que volviera a hacer la primera comunión, ahí tendríamos a nuestro presidente recibiendo muy devotamente por segunda vez la primera comunión, con su trajecito con canesú de marinero. Zapatero acudió al Desayuno de Oración porque la ocasión la pintan calva y esta era de oro para recargar las pilas al calor de Obama, que es con mucho el sol que más calienta. Ahora bien, la utilización política de la religión ¿no es una de las más abyectas imposturas? Eso pensábamos no pocos en los ominosos tiempos del nacional-catolicismo. ¿Tendremos que cambiar el chip, D. Javier, o bastará con que cambiemos de cristal?

                           

-“Me ha gustado la cita que ha elegido, del libro del Deuteronomio, libro por cierto muy citado por Jesús en el Nuevo Testamento”, declara D. Javier. Y uno se pregunta de dónde le vendrá ese fino instinto bíblico a este laicista radical. Tal vez de que el socialismo es, al parecer, la versión secular del profetismo judío. ¿No se dice y se repite que Jesús fue el primer socialista? (Y Judas, el segundo –si me lo permiten; algo así como el primer tesorero de la ejecutiva federal; un socialista creyente –que los hay; y con vergüenza –que los hubo; díganme si no por qué se suicidó). Pero no nos perdamos por las ramas; ese instinto le podría venir también de que entre los 700 asesores de la Moncloa no le faltarían 70 teólogos y escribas para orientarle en tan delicado y trascendente trance. Y algo ayudaría también el que como hijo de buen represaliado, tuvo que estudiar en un colegio de curas en vez de hacerlo en un vulgar instituto. O tal vez de la conjunción de todos esos elementos en el prisma analítico-sintético de G. Cuesta, que más que un cristal color de rosa está resultando un verdadero caleidoscopio.

 

-“Algunos de los invitados españoles, muy escepticones y descreídos ellos, quedaron conmovidos ante los impresionantes testimonios –especialmente el de Obama y, sobre todo, el de Hillary Clinton”. Especialmente el de Obama y el de la Sra. Clinton, ¡qué casualidad! Me viene a la memoria el testimonio también muy especial de Savater (otro talibán pionero del laicismo), cuando se declaraba en El País impresionantemente impresionado de haberle oído decir a Jesús Aguirre que la religión no era un consuelo. Y es que, ya se sabe, cualquier tópico de cura de pueblo se convierte en  audacia muy novedosa en la boca de un duque (aunque lo sea per accidens). Los sentimientos del Sr. Obama o de la Sra. Clinton merecen el mismo respeto que los de cualquier mortal; en contrapartida, tampoco valen más a la hora de aquilatar el valor espiritual de los actos. Es más, visto con el cristal del Evangelio, el misterio se revela a los pequeños antes que a los grandes de este mundo. Pero en España hay que ser duque o presidente de los EEUU o secretaria de Estado, para ser creyente sin afrontar el frío y solapado terrorismo del ridículo. Cuántos complejos. Y cómo le duele a D. Javier que el frente del rechazo, aquí, a todo lo cristiano venga precisamente de esa progresía tan cortejada por la clerecía de izquierda.

 

De acuerdo con que los Desayunos de Oración en Washington “no son una reunión de comerciantes calvinistas para hacer negocios”, pero tampoco nos podrá decir D. Javier que las “3.500 personas de las élites institucionales políticas, sociales, económicas y culturales”, reunidas para rezar en el salón del hotel Hilton, eran lo más parecido a una asamblea de la Iglesia de los pobres (sólo faltaba que se hubiera dejado caer por allí la señorita Paris, la heredera de los Hilton, para pasar la bandeja de la colecta). Las cosas son del color del cristal con que se miran, nos advierte Campoamor y nos recuerda G. Cuesta; pero también el tamaño de las cosas depende de cómo se enfoque el catalejo. Algo hay escrito en la Biblia (aunque no esté en el Deuteronomio, el libro preferido de Jesús y de José Luis), sobre ricos y camellos y la angostura del ojo de una aguja; si a D. Javier le parece el salón del Hilton poco menos que la antesala del cielo, ¿no será que está observando distraídamente a los camellos con el catalejo de revés?

 

Para terminar, una pregunta a D. Javier pasablemente impertinente: -¿Hubiese sido su valoración de los rezos, del desayuno y de la intervención presidencial tan estupefactamente positiva si el invitado, en lugar del “ufano progresista” Zapatero, hubiese sido por ejemplo un tal Aznar?(que ese sí puede rezar y, por lo que de él dicen, lo debe de necesitar sobremanera) La cuestión plantea un futurible (acto libre que se produciría de darse una determinada circunstancia que de hecho no se da), pero la exploración de futuribles es un ejercicio práctico muy saludable para verificar qué cristal estamos manejando. En la óptica de D. Javier y de los elegantes “invitados españoles” al famoso desayuno, diríase que Zapatero salió de Madrid “agnóstico tirando a ateo” y volvió de la paraliturgia de Washington poco menos que ordenado de diácono. Más cerca de aquí, en cambio, en la madrileña plaza de Colón tiene lugar cada otoño una celebración nada elitista que, curiosamente, no parece suscitar el entusiasmo de los curas progresistas. Mysterium fascinans, como escribe D. Javier.

                                                                                                                                                      Ramón Alonso Nieda

 

 

 

 

 

Sismógrafo eclesial hipersensible

29 de Septiembre del 2009 - Ramón Alonso Nieda (Arriondas)

 

    En la sección de cartas al director del Diario "La Nueva España" del día 30 de Septiembre de 2009 apareció una carta titulada "Sismógrafo eclesial hipersensibre". La transcribimos literalmente a continuación.

   en la salud como en la enfermedad, en la riqueza como la pobreza... Hasta junio de 1964. Nos mueven a ello dos razones. En primer lugar nos parece una pieza literaria de gran finura y acertada crítica. En segundo lugar, y este es el motivo principal, abrirle paso en esta web "Covadonga52" a la pluma ágil, docta y directa, como siempre, de aquel niño rubio, despierto y estilizado que conocimos en Covadonga hace 57 años. Ese encuentro se prolongaría en una convivencia de doce años, tanto

 

Don Alberto Torga y Llamedo a cierto tipo de exabruptos ya nos tiene acostumbrados; en la prensa nos regala con frecuencia su muy expedito verbo servido por una pluma un tanto expeditiva. Pero los que tenemos la suerte de tratarlo y de apreciarlo en la vida real (y le llamamos simplemente Alberto o Torga), sabemos que, en su caso, el león no es tan fiero como así mismo se pinta. Lo que ocurre es que tiene el sismógrafo eclesial hipersensible y, al más mínimo movimiento de curia, se le disparan las alarmas.

Ahora mismo lo tiene en un ¡ay! la provisión inminente de la sede de Oviedo y los platos rotos de esos amores que matan los pagan unos cuantos monseñores y el cardenal de Madrid, al que llama «enredador» (LNE del 12/09/09). Personalmente, ese cardenal me inspira simpatía sólo con ver el odio africano que le profesan almas tan «naturaliter chistianae» como la Maruja Torres, la Rosa Regás, la Almudena Grandes o Carmen Gómez Ojea, y otras nobles abadesas de la misma congregación. Algo bueno tiene que tener ese hombre cuando lo ponen a caldo esas chicas tan descaradas y lenguaraces.

Don Alberto apuesta para Oviedo por el obispo de Bilbao, monseñor Blázquez. Me imagino al obispo Blázquez poniéndose a dieta con la llingua, después del atracón con el eusquera, que a este piadoso prelado lo van a hacer políglota a base de traslados. En cambio «sería para echarse a temblar si nos mandaran al obispo de Jaca-Huesca, Jesús Sanz Montes», nos advierte don Alberto. Debo de ser de los pocos lectores de LA NUEVA ESPAÑA que nunca había oído hablar de este Jesús Sanz y, mucho menos, de que fuera obispo de Jaca, por no saber, no sabía siquiera que Jaca tuviera Catedral (Jaca me suena como un sitio antiguo donde se hacía la mili). Y de repente me entero de todas estas cosas a la vez y, sobre todo, de que ese Sanz Montes, obispo de Jaca, es un señor que mete miedo. Los que compartan conmigo esta supina ignorancia estarán de acuerdo en que no parece muy cristiano echar así a los pies de los caballos a un desconocido, pero el mero hecho de que sea obispo (o de que, siéndolo de Jaca, pueda llegar a serlo de Oviedo).

–«Lo que necesitamos en Asturias es un pastor que tenga como primera preocupación restañar la unidad y la fraternidad del presbiterio diocesano, valorando a todos los sacerdotes, respetando y acogiendo su diversidad». Ni bordado. Pero, ¿por qué no se toma don Alberto un pequeño trago de esta medicina que tan piadosamente receta a los demás? ¿Es qué la «diversidad» de los obispos no merece también un poco de respeto y de acogida? Si la Iglesia fuera todavía una sociedad, no digamos ya de derecho canónico, pero con unos simples estatutos o, por lo menos, con un libro de estilo, más de un coscorrón le iba a caer a este presbítero; que no creo yo que en algún protocolo esté previsto que a los purpurados se les pueda tratar de «enredadores».

Desde luego que este don Alberto es lo que se decía antes «un carácter» y seguro que ya «da piccolo eri proprio discolo» (como decía de si mismo aquel cardenal tan romano en «Roma», de Fellini). Pero tal vez «non decet» seguir haciendo «l’enfant terrible», cuando además de ser cura se empieza a ser también presbítero en sentido etimológico.

Ramón Alonso Nieda

 

 

 

 

        Angel Solís

 

 

   - Covadonga- 52

 

Covadonga, sí. Para los que gustan de la historia, arquitectura, paisaje, motivaciones e intereses turísticos  y, sobre todo, los que por medio de María se acercan a Dios. Trabajos, estudios, investigación, reuniones, liturgia: todo formidable.

Pero también está el – 52; para otros antes o después. Ahí estamos nosotros, vinculados a Covadonga, a donde llegamos en busca de una meta; cumplida o no, “un año más reunidos..., convencidos… de que estamos predestinados a permanecer unidos al recuerdo de un pasado”. Y tenemos la maravillosa oportunidad, en esta nuestra página, de reconocernos y apoyarnos, expresando nuestras experiencias y actividades, nuestros criterios y anhelos, satisfacciones y penalidades, limitaciones y críticas, proyectos y desilusiones. Es nuestra vida y la valoramos dejando constancia.

Como coronación de saludos afectuosos y con asombro de lo que somos o cómo estamos, celebramos la Eucaristía, en primer lugar como “acción de gracias”, naturalmente por lo mucho bueno recibido y espiritualmente por SU llegada, permanencia y transformación en nosotros; en segundo lugar como “comunión” con El, con los compañeros, con todo humano y lo humanizado.

El compañerismo solo tiene un rostro: el del pan compartido. No hay comunión, compartir el pan, sin implicarse activamente al lado del hambriento de pan, compañía, comprensión o ayuda. El “tomad y comed todos de él” nos remite a quienes lo trabajan y a los que carecen de él. Eucaristía significa y reactualiza el derecho al alimento, al pan de la tierra, que permite el derecho al del cielo.

Los necesitados, los sufrientes, partículas de la Eucaristía que reaniman permanentemente la pasión de Cristo, nos interpelan en la comprensión, práctica y participación en ese sacramento del Pan de vida. Es una ligereza nuestra Misa si no es una anamnesis del drama de vida que sufren algunos compañeros.

¿Conocemos alguno que necesite de ayuda, mientras nosotros hacemos gala de autosuficiencia? Cada uno ha de estar en tarea de vigilante observación y comunicación a nuestro centro de “intendencia”. Sabiendo a quién y contando con la solidaridad, consecuente con los principios recibidos desde el -52, que nos compromete a dar hasta lo que necesitamos, es fácil y satisfactoria la comunión.

                              Angel Solís.  2010.

 

 Volver al principio

 

                     

 

POR   LOS   SIGLOS

 

Cuando Simón el Mago pretende conseguir de Pedro el don del Espíritu, considerado por él como gran poder de prestigio y dinero, se iniciaba en los peldaños del aparato eclesial una resbaladiza carrera de ambición, soberbia, avaricia y traiciones, muy habitual en toda estructura de autoridad.

Al lado de las sinceras conciencias, trepan los humanos miserables que venden su alma al diablo por un plato de lentejas. Unos con la autosuficiencia académica de salvadores de la fe, otros con la pereza y placer del bien vivir y los más agudos, fríos y estrategas dominando el resplandor de las cumbres.

La apreciación surge de los hechos; hace poco unos ancianos se sentían confiadamente liberados al vomitar el mal gusto de su contacto con alguno de estos ejemplares: “recuerdo la torta que me solmenó por no saber la pregunta del catecismo”, “y yo el frío que recorría mis huesos cuando le encontraba”, “pues yo oí a uno blasfemar, estaba borracho”, “qué vergüenza ajena sentía yo al tintineo de las perronas acompasado del gori gori”, “me parece que si no cobrasen las misas, no dirían tantas”, “ pienso que tenían que ganarse el pan ejerciendo una profesión”, “de su paso por acá solo quedó desorganización y …., solo era un trepa”, “yo creo que no creen ellos en nada”.

Mientras ponía ecuanimidad en las apreciaciones y valoraba el bien que, por serlo, es humilde y no se ve, recordé que por algún lugar conservaba una reveladora copia de un pasaje de la novela ”La piel del tambor” de Pérez-Reverte, que decía: “Se santiguó mecánicamente ante el Cristo rodeado de polvorientos exvotos; Quart, hombre de la curia vaticana, nunca había sentido, al contrario que la mayoría de sus iguales, la certidumbre del parentesco divino del hombre, Jesús de Nazaret, cuya imagen tenía delante clamando al ”¡Abba!, ¿por qué me has abandonado?”. Supo guardarlo en secreto durante el “adiestramiento” en el Seminario. Lo importante en estos años fue el descubrimiento de una disciplina, unas normas según las que ordenar su vida, manteniendo a raya la certeza de un vacío….; igual habría podido ingresar en el ejército, en una secta, en una orden medieval de monjes soldados; le bastaban su propio orgullo, su autodisciplina y un reglamento. A menudo sentía nostalgia de aquella otra fe, o tan solo de la fe a secas de quienes, pobres y humildes, nombraban a Dios y se abrían camino hacia el Cielo y la vida eterna. También, por supuesto, rechazaba la religión de antes, la de siempre, la del sacerdote de sotana y latín, intermediario imprescindible entre el hombre y los grandes misterios; la iglesia del consuelo y la fe, cuando las catedrales, las vidrieras góticas, los retablos barrocos, las imágenes y las pinturas que mostraban la gloria de Dios cumplían la misión desempeñada ahora por las pantallas de los televisores: tranquilizar al hombre ante el horror de su propia soledad, de la muerte y del vacío”.

Con tristeza y con esperanza solo cabe: Conserva, Señor, tu Espíritu en esta Iglesia de pobres, y, a los que tú eliges como pastores, santifícalos en la verdad.

 

                                                                    Angel Solís A

 

 

       

 

OTRA  PEDAGOGÍA

 

Un frío, austero y semioscuro local al socaire de la iglesia; alrededor de una mesa dialogábamos amistosa y periódicamente Ceferino (electricista), Eduardo (metalúrgico), Ovidio (administrativo), Luis y Chema (mineros) y un servidor, sacerdote, novato e idealista que hacía esfuerzos por aterrizar en este mundo. Adultos y preocupados por algo más que su pan y su ocio, de lo que, en aquel entonces, no se andaba sobrados; superaban además el recelo de unos y la suspicacia de otros, aunque algo valía mi sombra.

El tema de conversación solía ser algo cercano, experimentado, sobre lo que había cierto control y posible compromiso, p.e.: mi compañero está accidentado o enfermo y el “montepío” no le alcanza; hay problemas en el transporte colectivo; o, me están exigiendo demasiadas horas extra. Solía estar documentado consultando pequeños libros monográficos de la editorial ZIX, o a través de nuestra suscripción a una puntual información jurídica socio-laboral y al periódico “Mundo Obrero”, además del siempre presente Nuevo Testamento. Cierto día me empeñé en tratar un tema más general: la Iglesia; eran reticentes porque ya no controlaban el contenido, se sentían divagando perdidos, no hacían pié en terreno seguro y no vislumbraban eficacia alguna; mejor hubiera sido ir por partes.

Comenzamos por VER cómo se presentaba la Iglesia, qué hace, cómo es aceptada o rechazada, fallos y beneficios, etc.; fue especial tarea contemplativa de ellos y ya veían una Iglesia más cercana; hubo materia abundante. El segundo paso fue JUZGAR esta realidad desde la mirada de Jesucristo; fue mi aportación descubrirles la sustancia evangélica de esta nuestra Iglesia. Por fín consideramos que en algo podríamos ACTUAR para testimoniar, corregir, fortalecer y sentir en nuestras conciencias, o sea, amar con esperanza. Dio el tema para varias reuniones y de las anotaciones sacamos lo siguiente en limpio:

 

VER:

  • Hablar de Iglesia y, de inmediato, la mirada se va a una lejana Jerarquía.
  • Los creyentes se ven como una masa silenciosa, obediente e individualista, con vistas solo al más allá.
  • El emblema original, el amor, se practica parcialmente, aunque existen gestos de oculto sacrificio heroico y santidad silenciosa.
  • Mucha palabra no comprendida, mucha Misa y poco testimonio, máxime de acercamiento a los pobres.
  • Pero reconocemos que es el único “lugar” donde encuentras acogida, servicio, ayuda, consuelo y orientación.
  • Se da un corteje con los poderes políticos y económicos; sin embargo se comienza a promocionar líderes y actividades a favor de los empobrecidos.
  • A pesar de persecuciones y fallos personales, la Iglesia mantuvo encendida la lámpara del sentido de Dios en la conciencia del pueblo.
  • No hace lo suficiente por la formación del pueblo y éste se queda en un ritualismo social; también está inmóvil ante las exigencias de un mundo en cambio, pero van conociéndose los planteamientos del Concilio Vaticano II.
  • En las celebraciones populares hay desviaciones, pero son signo de pertenencia a la Iglesia.
  • Hay poca atención personalizada; escasean grupos como el nuestro.

  

   JUZGAR:

  • La Iglesia es pueblo, comunidad abierta para todos, en primer lugar para los pobres y sufrientes.
  • No es un grupo de poder ni económico, ni político, ni siquiera un humanismo benefactor.
  • Es pueblo de Dios con la presencia de Cristo y animado por su Espíritu, que comunica a todas las personas, de todos los tiempos, la Buena Noticia de liberación integral del hombre.
  • La Iglesia reconoce con humildad sus errores y pecados que oscurecen el rostro de Dios en sus hijos.
  • Cristo es su fundador y único mediador entre Dios y los hombres; El Obispo y el Sacerdote es “ordenado” a ser signo visible y eficaz del mismo Cristo Maestro, Pastor y Pontífice. La transformación del mundo que nos propone no llega a su plenitud aquí, sino en la unión trinitaria consumada y glorificada.
  • El hombre solo es reconocido en su realidad íntima y dignidad personal en Cristo, el Hijo de Dios vivo que comparte con el hombre las alegrías, trabajos, y sufrimientos de esta vida y la herencia de la vida eterna; él restaura desde dentro su dignidad, que pone en práctica con su libertad, trabajo y sabiduría.
  • Cristo, motor de la historia e inspirador de un cambio social, no queda solo en el ámbito de la conciencia individual; es capaz de transformar nuestra realidad personal y social y de encaminarla hacia la libertad y la fraternidad.
  • Aceptar a Cristo exige aceptar a su Iglesia: “Quien a vosotros oye, a Mí me oye”. Ella es objeto de nuestra fe, amor y lealtad.
  • La Iglesia no destruye, sino que consolida valores, los renueva y los perfecciona por la presencia activa del Resucitado; también critica y purifica los antivalores erigidos en ídolos.
  •  

ACTUAR:

* Siendo así que “sin Mí no podéis hacer nada”, esta acción del Espíritu de Jesús la expresamos en la oración y al escuchar la palabra de Dios; se testimonia en la vida, se comunica en la educación y se comparte en el diálogo.

* Pedimos a los sacerdotes una apertura litúrgica adaptada a la cultura y un vocabulario inteligible para los asistentes.

* Que salgan de su sacristía y despacho, aunque no demasiado al bar, y estén más cercanos al mucho dolor físico, social y afectivo que hay en muchos hogares.

* Pensamos que los religiosos-as han de tener más contacto y servicio en las parroquias, fomentando la lectura de la Biblia, desde la cual se da una palabra de admiración, de consuelo, de corrección, de luz, de seguridad.

* Han de ser más independientes de los poderes de este mundo y promover un ambiente sano de vinculación y solidaridad entre las familias.

* Acompañar los esfuerzos y esperanzas especialmente de los más pobres y descubrirles el valor cristiano de su vida  y trabajo; que la parroquia sea centro de coordinación y animación de grupos y movimientos.

* Dejarse de tantas prohibiciones y confiar más en la fuerza de la verdad, en la educación para la libertad y en el amor como regla fundamental, demostrando su dimensión misionera al atender a marginados, emigrantes, alejados de la fe, etc.

* Unidos en los esfuerzos habrá mejor aprovechamiento de los medios de comunicación y nuestra colaboración de laicos no clericalizados en cualquier ministerio que no exija el “orden”.

* Tenemos el compromiso de testimonio e implicación en los problemas  sociales y familiares: servicio, defensa, correo de propuestas y esperanzas.

                                               ………………………………..

La “revisión de vida” y la “encuesta” son los recursos didácticos presentes en la “formación por la acción” que abrió campos de compromiso social y esperanza cristiana. Pedagogía añorada de la JOC (Juventud Obrera Católica) y de la HOAC (Hermanad Obrera de Acción Católica). ¿Acaso está trasnochada? ¿Hay puestos en marcha otros recursos  pastorales, alejados del pietismo y moralismo, para la atención y promoción de un laicado responsable, máxime entre la clase obrera? Más bien habrá que preguntar por qué seguimos con una versión un tanto ambigua de la Doctrina Social de la Iglesia, mientras a la gran masa no llega ni un rayo de LUZ.

 

                                                                          Angel Solís A.

 

           ¿TE MIRAS ?

 

 

Y acaso no te reconozcas; era tu imagen, pero la han prostituido. Tu eres de otro mundo; dicen el tercero o cuarto, el mayor, el de los 4.000 millones de hambrientos, la subespecie de los sobrantes, los excluidos.

Tú, que serías inmensamente feliz con el cariño de tu familia y el pan de cada día, cómo vas a imaginar la inmensidad del desorden que te está matando. Mira, un ejemplo: el patrimonio de las 360 personas con activos superiores a 1.000 millones de dólares, superan al ingreso anual de la mitad de la población mundial. Ni tu, ni yo somos capaces de digerir tales cálculos; solo sabemos que este desorden que llaman neocapitalismo no tiene corazón y disfruta de impunidad para la violencia más duradera.

Callas, no entiendes nada; te seguiré explicando: había una utopía llamada igualdad; por caminar hacia ella, muchos cayeron en el esfuerzo; aún hay algunos idealistas que siguen testimoniando una opción por los pobres. Pero una fría niebla, la cultura light de moda, trata de tapar y olvidar este signo de los tiempos, que es el pueblo crucificado; es el pecado de la gran ramera que Juan llamaba asesinato y mentira, Pablo, opresión de la verdad y arrogancia ante Dios, y yo, servir al dinero, aborrecer a Dios y poner cargas intolerables.

¿Sabes?: yo siempre fui pobre con los pobres y víctima con las víctimas, pero molestaba saberlo; el objeto de estudio de los teólogos se esclarecería si estuviesen más cerca de ti y de mí. Mejor dejaban de teorizar sobre la justificación, algo así como fiscalizar la misericordia divina, e insistir más en otra relación teologal: tú y yo somos uno. “No vivo yo, es Cristo quien vive en mí y pago en mi cuerpo lo que falta a su pasión”; qué bien lo entendía mi amigo Pablo. El Padre ama al pobre, al sufriente, por el solo hecho de serlo. Se despejaría nuestro rostro, se haría visible a los que viven en tinieblas y se abriría camino la tarea de bajar de esta cruz, mejor, de tu cruz, que es la mía, a los crucificados de la historia.

Es muy triste: nos quieren ignorar; a unos os envían a la fosa y a otros nos encubren con oro o con barato carmín. Pero, nos haremos ver, somos sacramento, presencia divina, luz y utopía, esfuerzo y esperanza, interpelación y exigencia, acogida y perdón. Vamos juntos, “te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

 

                                                          Angel Solís A.

 

 

 

 

 

 

POR UNA CULTURA DE LA VIDA

 

 

No es un empujón al pesimismo fatalista, sino una voz más en el desierto de la sinrazón y de la pirámide demográfica invertida. En este “primer mundo” de abundancia y crecimiento económico, aunque existan crisis recurrentes, es más generalizada la que se llama crisis de la cultura de la vida.

Siempre, por sentido natural, se ha defendido la vida como el bien supremo de tejas abajo; quedó plasmado en nuestra cultura por el principio antropológico de Hipócrates “Primun non nocere” (primero no dañar), y lo segundo “hacer de acuerdo con mi poder y discernimiento lo que será en beneficio de los enfermos y les apartaré del perjuicio y del terror”. Ética elemental, hoy pisada por el relativismo, según el cual no hay más certeza que la incertidumbre, como se escuchó entre los premiados “Príncipe de Asturias, 2010”.

Los resultados están a la vista y, despavoridos, los releemos: campañas difundiendo mentalidad antivida; anticoncepción y aborto; eutanasia; provocadores de muerte como alcohol, drogas, espectáculos degradantes; sexo desvinculado de su dimensión psicológica, social, ética y transcendente, sin más objetivo que el consumo egoísta, unido con frecuencia a prácticas antinaturales, pedofilia, prostitución, pansexualismo; falta de ayuda a los padres y hasta destrucción de la familia, nido de la vida. Esto y más en un marco de violencia provocada por el hambre, miseria, marginación, terrorismo, corrupción, guerras neocoloniales, inestabilidad política y económica. Una estructura global de indefensión de la vida.

Donde pervive la conciencia moral hay sentido de la vida, se descubren los sentimientos más nobles, se forman las actitudes y se vislumbra la transcendencia. Al deteriorarse, las razones de la fuerza sustituyen a la fuerza de la razón; al olvidarse del Creador se desprecia la criatura. Lo que priva y se promociona es el individualismo; cierta pseudociencia y técnica crean al superhombre que no debe rendir cuentas a nadie; los mas-media difunden la ideología del hombre superficial, light, consumista, con un pasatiempo fácil del presente. Los grupos de poder mundiales no encuentran freno en organizaciones fuertes que propugnen un compromiso social, prevaleciendo el interés de los poderosos. La Iglesia, bastión de la cultura de la vida, o ha perdido su influencia social o no pone toda la carne en el asador.

Toda vida es valor y la humana, toda, es digna, sagrada, don e imagen de Dios; con categoría suprema por su espíritu con facultades como la razón, el discernimiento del bien y del mal, la libre voluntad y la gracia. Lo religioso ilumina la verdad sobre la persona humana; la persona de Jesucristo expresa la dignidad humana, es camino de realización del hombre y la mujer que vencen al pecado y la muerte, por eso, cada instante de la vida humana tiene el sentido y el valor de la salvación.

Desde esta perspectiva somos críticos con la cultura de la muerte: no se puede llamar al crimen del aborto un derecho a la libertad, la sexualidad no es solo cuestión genital o mercancía desvinculada del amor, de la responsabilidad, de la realización de las personas en sociedad; el matrimonio no es un simple contrato comercial, sino un don que se comparte en pareja, varón-mujer, construir familia-comunidad de amor, con fidelidad y respeto mutuos, abierto a la acogida de hijos, donde se aprende a ser persona. Con el voto decimos NO a unos partidos que no tienen entre sus objetivos principales defender la vida.

Padres y educadores fomentan el sentido verdadero de la vida, con amor, respeto y fe. Los agentes pastorales, sociales, políticos, cristianos y personas de buena voluntad han de colaborar más a reafirmar la cultura de la vida.

                                                                                Angel  Solís  A.

Volver al principio

 

 

 

                                           SIN LACITOS

 

Ni rojos de la lucha esforzada, ni blancos de la inocencia…., ni negros del dolor y luto, ni verdes de la esperanza, ni amarillos de la indecisión y…riqueza.

La limitación personal busca el subterfugio y apoyo del grupo, de la multitud, del vocerío; el vacío interior se suple con el ropaje exterior y la dudosa identidad se llena con fariseísmo.

El íntegro laico cristiano va a la manifestación y a la huelga a cara descubierta, con la sola bandera de la justicia, de la libertad y dignidad humana; codo con codo de sus compañeros de buena voluntad, aunque estos lleven, porque lo necesitan o son empujados a ello, sus banderas, sus símbolos y sus slogans. Es iniciativa suya, porque tiene derecho a ello, porque su “misión” es el compromiso creativo y personal en la construcción de este mundo y porque tiene más sentido del ridículo por una asistencia clericalizada a la manifestación.

Si quiere, con uno u otro brazo en alto, pero siempre con la mano abierta de la acogida y solidaridad, del stop al desorden y de la orientación a la paz y el progreso. Mano blanca, si quieres, pero no la del puñito impoluto, sino la manchada para decir ¡basta! a la barbarie. Camisa roja, si quieres, pero no la impuesta por una ideología, sino manchada, según canta el minero:”traigo la camisa roja, tra, la, ra, de sangre de un compañero; mira, mira Maruxina, mira, mira cómo vengo yo”.

Mancharse, comprometerse, mojarse, participar, colaborar, defender, ayudar, com-padecer; esto es la identidad y el camino. Los símbolos pueden, según las circunstancias, interpretarse de forma muy contradictoria: no es lo mismo la imitadora cruz de madera de S. Francisco de Asís que el encubridor y refulgente pectoral; los símbolos más sagrados fueron interpretados como odiosos en los años de la guerra, anteriores y posteriores.

Una orientación de la Jerarquía Eclesiástica es vista como una opción de la Iglesia; una equivocación, como una sentencia condenatoria a la misma. Los que quisieran ver a la Iglesia como un partido, o aliada con otro, ¡cómo gozarían verla morir en esa lid política! Qué pena que por un lacito “se pierdan algunos”.

                              

                                                                Angel Solís

        

 

 

POLÍTICA   SAGRADA

 

Aún se escucha: “Yo no entiendo, ni quiero saber nada de política”.

Que está equivocado, es obvio y lamentable; todo lo humano discurre por la correa de transmisión llamada política. Más explicaciones, en la Escuela de Primaria.

Otro paso es quién y cómo hacer política. La puerta de entrada a esos grandes edificios, centros de poder, se da por supuesto que es la capacidad para (no de”mentir con elegancia”) y la voluntad de (no de aprovecharse) sino  servir al bien común.

Tenemos un orden político, el menos desordenado, llamado democracia. Por él todos podemos y debemos participar en la solución de los problemas de la sociedad, que también son de cada uno, así como su libertad y orientación. Implicarse, o al menos conocer y decidir votando, es vocación de todos. Es cierto que todo puede mejorar y no estaría de más un plus de autogestión. El cristiano, con más razón que nadie, debe estar presente, aunque en la práctica “los hijos de las tinieblas suelen ser más espabilados que los hijos de la luz”. El está llamado a transformar las siempre vigentes estructuras de pecado  y ofrecer con su esfuerzo un holocausto de mundo humanizado, donde toda persona sea reconocida “imagen de Dios”.

En este mundo, en que todo está en relación con todo, ignorar la dimensión política es una irresponsabilidad. Incluso esta Iglesia de hombres tiene que ver con la política y también la teología en cuanto es un quehacer humano, histórico y social. Los sucesos de la “Historia Sagrada” que nos relataban de niños no son antiguas mitologías, ni tampoco estrictos hechos políticos o sociales, sino formas de contar acontecimientos salvíficos centrales en un contexto político. Recuerda el Éxodo: no se trata de una simple huída liberadora por el desierto sino de la expresión anticipada de la deliberada liberación definitiva, de la salvación en todos los aspectos; así lo proclamó Israel en la alabanza divina y en el culto. O el mensaje y acción de Jesús de Nazaret, que no se exhibe como guerrillero, sino que propone una revolución escatológica, un Reino de Dios y no al estilo de este mundo, la libertad última del hombre, libertad del pecado en este mundo y de la muerte en el otro.

Esta salvación integral del hombre incluye el plano histórico, social y político. La liberación de Israel también fue política: “los opresores y explotadores fueron derrotados”, “los extranjeros se aceptan como hermanos, porque también vosotros fuisteis emigrantes”, “de las armas se hicieron azadas” y “los racimos cubrieron las montañas”. Jesús, en su praxis y teoría, se movió en esta línea de choque contra toda clase de opresores, según aprendió de la oración de su Madre, María: “Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su corazón; derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes; a los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada” (Lc.1, 51-53).

Es ajusticiado como “rey de los judíos”, pero la comunidad cristiana lo asumió como perdón y promesa de Paraíso. Él mismo está seguro que resucitará en cuerpo y alma y que “vuelve al Padre”, “a la Ciudad de Dios”, a “la Nueva Jerusalén”, no identificable con comunidad política alguna, pero estando siempre esta en perspectiva de aquella, en búsqueda activa y creadora de un orden político en libertad y justicia. No politicemos la cruz, pero no olvidemos que también fue un acontecimiento político; ella es luz salvadora incluso sobre el espacio político, máxime a la hora de “pasar por la puerta estrecha” y la solidaridad.

                                                                        Angel  Solís

Volver al principio

 

QUEDA UN RESTO

 

Es una promesa. Es una necesidad. Está probada. Primero El, luego nosotros, las personas y cuanto hemos humanizado.

De lo mucho que hemos experimentado y estudiado queda poca cosa, un poso, una «madre» con vocación de vida, de permanencia. Y otro tanto de lo mismo: los ciclos inconmesurables del universo discurrieron, las eras millonarias de la Tierra se fueron, las etapas de la humanidad pasaron,  pueblos y naciones emergieron y se acabaron. De todo este providencial camino, ¿queda algo? Parece necio negarlo; este es nuestro mundo, para nosotros hermoso, aunque para los más aún es muy penoso.

Ya  para los antiguos profetas el tema era acuciante y la Palabra de la Verdad da una pista: «de este pueblo, Israel, exiliado y con su Ciudad Santa destruida, quedará un resto». Son los pobres de Yahvé; y de entre estos:»Señor, y si solo queda uno que sea justo, ¿no los perdonarás a todos? Sí, por uno solo, habrá perdón para todos».

Nacieron prohombres y grandes mujeres, influyentes en el reír y llorar de generaciones; unos construyeron, otros destruyeron. Todos despojaron a la puerta del cementerio su «vida con sus sueños»; «sic transit gloria mundi».

Por dignidad de «ser», por el absurdo de la «nada», porque es obligado, humano y razonable «un principio para», también es esperanzadora una meta equiparable.

Un resto, una diferencia. Ya no hay todo lo que estaba destinado por constitución a disminuir; ya lo ha sustraído la condición humana y el signo de la muerte siempre le acompaña. Es diferente; aunque conserve algo de lo mismo, tiene cualidad de otro; es un resto ya supervalorado, ya limpio, ya justificado, ya permanente.

Y, ¿en qué consiste? Misterio de «vida eterna» solo asumible para los sencillos de corazón; aquellos «hombres de Dios que, guiados por su Palabra, están equipados para toda clase de obras buenas». - ¿Sabes que murió fulanito? Qué vamos hacer, ley de vida; era una buena persona»-. Eso es lo que queda, pero no en el recuerdo que pronto se desvanece; queda en sus manos: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu».

Sí, nuestro cuerpo animal, nuestra alma por la que el cuerpo ejerce sus funciones vitales y nuestro espíritu que nos hace personas, porque no basta este cuerpo neuronal, como si por evolución y fruto del azar generara la vida espiritual. Hace falta apreciar en la persona un espíritu creado que haga coincidir en el alma la espiritualidad y la vida sensible. «Y Dios espiró en el rostro de Adán un aliento espiritual que le hizo ser parecido a El»; es lo más íntimo participativo de la Divinidad y, por eso, inmortal: «se siembra un cuerpo corruptible (porque se agota la fuerza que lo anima) y resucita un cuerpo espiritual», o sea, permanece este que, por regalo amoroso, participa del «espíritu vivificante», se deja guiar por el Espíritu, incluso espiritualizando las obras sobre la materia, muy especialmente «aquellos que anudaste a mi querer». Es la persona que, con su libertad bien orientada, supera al individuo condicionado por la materia y es capaz de relacionarse con Dios y entrar en comunión con otras personas. Es una realidad que los cálculos científicos no constatan.

«Si el primer Adán llegó a ser alma viviente, el último, Cristo, ha llegado a ser espíritu vivificante». Cuando «el Verbo se hizo carne», todo lo natural, todo hombre, fue asumido por ese espíritu vivificante, capaz de obras espirituales, aquellas que son recreadas por el amor, único generador de vida, obras configuradas como valor, positivas, que permanecen. Es «el único Justo» quien nos justifica y en su glorificación participamos como un resto elegido que peregrina a la «Nueva Jerusalén».

El documentado y agudo S. Agustín lo resumió así: «Lo que hayas amado quedará, solo cenizas el resto».

                         Día de «todos los santos difuntos», del 2.010.

                                                                              Angel Solís A.

 

 

                                   

 AMOR ADULTO: UN GRAN AMOR TRANSFERIDO

 

“Nunca es tarde, si la dicha es buena”

 

Generalmente llega tras la experiencia de un amor juvenil que, aunque embarazado de ilusiones, se queda en la casi estéril práctica del egoísmo más o menos disimulado y con él un vacío, una  continuada insatisfacción, la agonía de un fastidio; por supuesto, siempre hay excepciones y momentos de generosidad, hasta heroicos; pero como “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, no es de extrañar que alguna vez surja la flor más olorosa en el estercolero más pestilente, aunque para el común de los mortales nos baste poner sentido común a una vida un tanto ligera y desordenada. Suele llegar este amor transformado tras amargas experiencias de dolor y soledad; si providencialmente hubo en aquel momento una tabla de salvación, acaso se personificará también en un amor nuevo encendido en desprendimiento y cercanía al que sufre. Será abonado por motivación religiosa o simplemente filantrópica, pero sí, seguro, de una gran dosis de humanidad.

Ciertamente el momento es peligroso, cuando no trágico; muchos se hunden en su desesperanza; sus compañeros de viaje van a lo suyo; quien se rió contigo es acaso tu acusador. Entonces la violencia te supera, la oscuridad te anonada, solo te acompañan fetiches y recuerdos de lo que pudo ser y no fue; un supuesto vampiro ronda de continuo tus sueños y aterroriza tu amor con paranoias mortales; te sentirás dominado para que el otro se realice, solo a cambio acaso de pequeñas satisfacciones; un dolor punzante en el corazón, en el estómago, en...., un respirar con hondos suspiros, un deambular sin oriente alguno. Cuanto se había construido con esfuerzo propio y de muchos que bien te querían, se derribaba con la ligereza de un castillo de naipes, y se considera “la muerte como la única posibilidad de liberarse, la única esperanza con la que se vive después de alcanzar el conocimiento del bien y del mal”. Y, ¿los más cercanos?: con sus desazones que abruman, sus precauciones por el dinero, sus neurosis por tu futuro inseguro que socava los cimientos del suyo. Puede haber obsesión por una inmadurez comprobada y por una incapacidad conocida, peor, íntimamente no reconocida y la vida se vuelve una farsa para obtener el amor y proteger el honor. Ya nada es, y se encierra  en su caparazón; su pensamiento está obcecadamente enquistado porque lo que se piensa puede ser cierto si se desea mientras no se diga y el único camino posible es el suicidio lento e inexorable. Cuerpo y alma en una realidad obsesionante, en una lucha encarnizada, y se desconoce el camino de la libertad, o mejor, no hay voluntad para conseguirla; vislumbras que si das, recibes, pero no te decides hasta que te llega la hora de dar o de morir, y de morir con odio a todos, despreciando por abyecta su compañía. Buscaste la creatividad en el pensamiento del otro, como suma de dos energías que potenciarían la acción, pero la energía se dilapidó en direcciones no utilizables para la creación, y al final serás obediente a la locura que más le satisfaga. Caerás en las mayores humillaciones, dolores y soledades; los servicios públicos suplirán tus necesidades aunque sea con la más gélida atención; y, si no, la caridad religiosa aliviará la extrema pobreza corporal o psíquica, mientras el corazón se  adentra en el vacío y en la nada. Se pierde la fe en las pruebas del amor y el horror de una impotencia estampa el sello de una infinita incomunicación.

Todo te está prohibido ya, también la vida y cada reproche es una puñalada, aunque, oh gracia, una chispa de esperanza sigue porfiando que la vida está muy cerca. Y recapacitando comprendiste qué fútil era aquella imagen de contemplarse siempre a través de los ojos ajenos; cuán necesaria era una limpieza y acercarse cariñoso a aquellos de quienes estuviste frío y lejano y .... pedir perdón; no demasiado deprisa para no cerrar la herida en falso. Qué equivocado: nunca supusiste que eras tan importante para ellos; que eras su guía y seguridad; en el fondo te sentías tan pobre que buscabas llenarte sin darte cuenta que era el hambre de los otros lo que te hartaría. Culpable, sí, pero una última serenidad te puede inundar; no, no quieras justificarte viendo la bondad o maldad de los demás; tampoco por la ausencia de Dios, que parece no dirigir el mundo como tu incapacidad quisiera ver. Sí, acéptalo: has pecado, de acción y omisión y has sancionado una vida inútil que no significó nada para nadie. Solo ese quemor insufrible purifica, pacifica, libera; cuando el dolor te rebosa te sentirás congraciado contigo mismo, desendeudado y aceptado tu duelo. Alguien que te sobrepasa te ofrecerá su absolución y te impondrá su penitencia. Ya te sientes dispuesto a encararte con lo que el futuro te depare y lo que hasta ahora había sido tu vida, lo percibes como una auténtica muerte, aunque te dolía admitir que la muerte es parte de la vida y que nada, por muy trágico que fuera, te autorizaba a compadecerte ni a llorar sobre ti mismo. Al principio no se comprende, no se quiere comprender. Pero llega el momento de ver claro que no sirves de florero para nadie, que el tiempo se va y te despoja de los regalos juveniles y aunque sea solo por egoísmo o autoestima aspiras a aprovechar lo mejor posible la vida que te queda. Y llegó el momento de provocar en tu jardín un aparente desorden, aunque lo que pusiste fue el verdadero orden, porque lo contrario de un río no son las riadas ni los estiajes sino las presas y pantanos que el hombre construye en su provecho y lo detienen, lo trasvasan, lo mutilan.

Como en retornada primavera todas las flores de tu jardín se abren, a la vez que la puerta del mismo, para admiración de propios y extraños. Ábrete, perfuma, sal; aún te queda un cuenquito de sabiduría, un recio cáliz bordeado de apreciable corola con el que iniciar otra vida, otra primavera después de tanto falso verano, de tan desalentador invierno. Una vida que has de hacer más rica, más generosa, más imprevisible, más esperanzada; una vida resucitada con lo mejor que con ella había muerto. Intentarás aprender algo nuevo cada día, también a prender o desprenderte de algo que parecía te importaba mucho, y verás que no pasa nada, que sobran aspavientos, porque lo malo, ahora lo sabes, no es tanto el perder como el temor a perder. Repito: sal, atrévete, ve más allá de tu jardín; entra en la aventura; sal de tus pensamientos, tus tristezas, tus culpabilidades y verás que las bendiciones llegan a raudales. Respira hondo, observa cuanto no veías hacía tiempo: el júbilo y la aflicción de los humanos; agradecerás sentirte tu mismo mientras evocas a cuantos se esclavizan, trepan, corren tras fantasmas, carcajean para insonorizar su tristeza, y hasta a los amantes que, sumidos uno en el otro, no advierten la abrumadora presencia del mundo. Eres adulto y entre la juventud que solo ansía y la vejez que envidia casi todo, te verás con la posibilidad de tender tus manos a un lado y al otro. Verás las cosas con otra perspectiva insólita, como si estuvieras lejos de ellas, con un desprendimiento que te empuja a transmitirlo a manos llenas. Tu físico ya no importa tanto; tus intereses son interiores, de honda misericordia, y tu actividad acoge a cuantos están desprovistos de todo, hasta de cierto orden en sus vidas; comienza a amar con ternura, pero sin añoranzas de amores, ni temor de pérdida alguna. No se huye, solo se busca un absoluto: una vida entera, inmortal, sin complicaciones accesorias, obediente a cualquier circunstancia significativa. Te sentirás siempre acompañado, más libre cuanto más ofreces tu libertad y sin más apremio que la eficacia.

La ocasión, el camino, te vienen dados; eran cercanos a tu vida, pero ahora los admiras como enviados y los adivinas como solución; solo tienes que seguir sus pasos y ofrecer lo que tienes. ¿Claudicarás? Habrá momentos de duda y desánimo; nunca faltará un ángel consolador, acompañante, que con su pobreza enriquece tu anonadamiento; brotará fuerza cada mañana, aún sin saber de dónde; te parecerá oír: Yo estoy siempre contigo. Tu edad, tu pequeña o gran  capacidad de hacer tiene sentido; tu vida: ese es el sentido y el valor en sí misma. Y si caemos, fracasamos, desertamos y hasta maldecimos por nuestra desgracia, sería bueno recordar aquel dicho: si Dios no nos hubiese querido trasquilados, no nos hubiera hecho corderos. No esperes contabilizar los resultados de tus trabajos; Otro los valorará y en todo caso uno es el que siembra, otro riega y otro recogerá el fruto. Además los compañeros de viaje, los amigos, los íntimos ya no serán coartada de intereses bastardos, ni cortapisas de generosidad, sino fuerza, empuje, compenetración, amor que no busca el conocimiento en ninguno de los sentidos, sino que se satisface con la posesión de las miradas mudas, los claros y puros gestos de la convivencia, el sentimiento del consentimiento, el descanso para cada día, para cada batalla y ver en cada encuentro, cada saludo, cada persona, en cada lugar no un simple establo, una mula y un buey, un viejo y una mujer vulgar con un recién nacido sino, como los Reyes Magos, a Dios.

Tu vida disfrutará de una extraña alegría, antes no sospechada; no será una alegría racional, ni medida, ni placentera de las que suelen ir seguidas de resaca; no será una alegría burguesa, apoyada en un pedestal de bienes materiales; ni siquiera la alegría fundada en vagos sueños; es la alegría del sembrador de un mundo nuevo, que no se ve empañada por las grandes tristezas de los otros, aunque más que nunca las sufras en ti mismo. Todo lo humano, el dolor y el amor, florece como una nueva primavera en tu vida, donde no caben los secretos, las dudas ni los celos porque todo ha de ser limpio y transformado. ¡Änimo, sal de tu jardín!.

 

Rollo sugerido y, en parte, tomado de la novela “Más allá del jardín” de Antonio Gala.

 

                                                              Angel Solís

 

 

 

 

 MISA CENTENARIO EN COVADONGA.

 

Después de escuchar el vídeo en diferido que emitió la RTPA el día 25 de diciembre hacia las 13 horas con la llamada Misa-Centenario de Covadonga, me quedé tranquilo el comprobar que se trataba de una retransmisión en forma de concierto y no de celebración litúrgica, o sea, no de misa cantada con oficiantes. De haber sido así, el acto se parecería más a un despropósito litúrgico que a otra cosa. Lo digo porque los cantos llamados 'del común' (Kyries, Gloria, Sanctus, Benedictus y Agnus) estaban en latín y los textos ¡del propio’ (Entrada, Ofertorio, Comunión y Despedida), fueron en castellano y versificados por José Antonio Olivar, el periodista y poeta llastrín que tiene muy buena mano para estos menesteres. La música se escribió para que no cantase nada la asamblea, el pueblo fiel, sólo “especialistas” musicales. O sea, una “Misa Concierto”, algo que el Directorio Litúrgico-Pastoral del Concilio Vaticano II intentó e intenta siempre evitar. El elenco musical restante era diverso. La solista Tina Gutiérrez, el coro de Escolanos del Santuario (cuya vocalización no facilitaba el entendimiento del texto cantado), una mini orquesta de cuerda dirigida por el ruso muy afincado en Asturias, Yuri Nashuskin y al órgano portátil, el compositor de la partitura general, Guillermo Martínez. A medida que avanzaban los números y se iban pasando páginas, mi interés musical decaía de forma inevitable. La principal razón estaba en directa relación con el tipo de música que iba surgiendo y que mostraba un parecido mayor a un musical Disney formado de líneas melódicas convencionales sin una clara identidad autóctona. Sí se echó mano del tópico melódico ("La Virgen de Covadonga") en la intervención de una violinista en un sólo llamado ‘de Consagración’ y cuyas glosas sonoras dejaban bastante que desear en cuanto a inventiva creativa. Hubo una nueva alusión al tópico musical al llegar al texto final de despedida de la misa. Se trató de los primeros acordes del Himno oficial de Busca y Sagastizábal, que se fueron diluyendo para coger nuevos derroteros musicales e intentar concluir con un cierto "arreón" de la orquesta de cuerda que presagiaba el cierre final. En fin, yo esperaba mucho más, pues esta efeméride única planificada para el próximo año, bien merecía otro tipo de tratamiento en este terreno tan cercano al corazón como es el de la música. Me sorprendió bastante un escrito en prensa del Sr Arzobispo titulado ‘Tarde de concierto en Covadonga’. En él habla de “una puesta de largo memorable, llena de belleza, de unción, de hondura…” (¿?) Ahora yo me hago estas ingenuas preguntas: La iniciativa de esta idea musical ¿se origina en el propio Santuario o fuera del mismo? ¿Es esta muestra sonora ya la definitiva? ¿Se supone que el próximo año sonara urbi et orbi en los días de la solemne celebración? ¿Se trata con esto más bien de un ensayo, de una prueba aunque ya esté grabado el disco, editado y disponible a la venta? Los asesores musicales y litúrgicos del arzobispado ovetense ¿han dado su placet al invento o están a la espera de decisiones? No vendría mal alguna respuesta al respecto.

 

Fernando Menéndez Viejo

Foro COVADONGA  |  cefeab@telefonica.net; cayogonzalezgutierrez@gmail.com